El Papa hace un regalo de Reyes muy especial


Personas sin techo y refugiados distribuyen entre los fieles congregados el libro de bolsillo del Sumo Pontífice, "Iconos de la Misericordia", a cambio del cual solo pide la oración de los presentes

La celebración de la Epifanía del Señor ha dejado un gesto del Papa Francisco muy especial. Éste ha tenido lugar en la plaza de San Pedro y ha sido repartido entre los fieles por voluntarios, religiosos y, en especial, por personas sin techo y refugiados. La sorpresa de Su Santidad solo ha tenido una petición, que “por favor no se olviden de hacerme el regalo de vuestra oración”, ha solicitado el obispo de Roma.

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Belén de Pedro Abad./Foto: Jesús Venzalá

La entrega de este presente ha estado precedida de la misa con motivo de la Epifanía. Durante la homilía de la misma, Francisco ha advertido sobre el peligro que suponen los “pequeños ídolos a los que le rendimos culto: el culto al poder, a la apariencia y a la superioridad. Ídolos que solo prometen tristeza, esclavitud y miedo”. Por ello, ha recordado el ejemplo de Herodes, quien decidió adorarse a sí mismo en lugar de a Jesús, como muestra de esos personalismos que invaden al hombre. En contraposición, el Pontífice ha subrayado la apertura de corazón de los Magos. Y así, “la nostalgia de Dios es la actitud que rompe aburridos conformismos e impulsa a comprometernos por ese cambio que anhelamos y necesitamos”, ya que, ese tipo de creyente “va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Señor”.
El testimonio de Su Santidad ha proseguido, posteriormente, durante el rezo del Ángelus. En éste ha puesto el ejemplo del seguimiento de la estrella, de la luz que guió a los Magos. De tal manera que estos ” invitan a seguir una luz estable, una luz gentil, que no se apaga, porque no es de este mundo: viene del cielo y resplandece ¿Dónde? En el corazón”. En consecuencia, el Papa ha animado a huir de “las habladurías superficiales y mundanas, que frenan el paso; los caprichos paralizantes del egoísmo; los agujeros del pesimismo, que envuelven a la esperanza”. Así el Pontífice ha concluido, animando a los presentes a seguir ese ejemplo y a ponerse “en camino, revistámonos de luz siguiendo la estrella de Jesús, y adoremos al Señor con todo nuestro ser”.

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