El Rocío de Córdoba, de los Reyes a la Candelaria


La filial cordobesa protagoniza un intenso calendario de actos que culminará en la Aldea de Almonte el 5 de febrero, fecha en la que celebran el aniversario de la refundación

En el año 1978, en la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz en San Basilio, la hermandad del Rocío de Córdoba celebraba su misa fundacional y la primera imposición de medallas. 38 años más tarde, los integrantes de la corporación letífica culminarán en la Aldea de Almonte un intenso mes, que se inicia este viernes 6 de enero con la visita de Sus Majestades de Oriente a la casa de hermandad de la cofradía de la capital.

Peregrinos de la Hermandad del Rocío de Córdoba. /Foto: LVC los
Peregrinos de la Hermandad del Rocío de Córdoba. /Foto: LVC

El primero de los actos, que tendrá lugar el 6 de enero a partir de las 18:00, posee varios puntos de interés. El más llamativo es la llegada a la sede social de la hermandad de Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes repartirán ilusión entra los niños. De esta manera, quienes quieran que su pequeño reciba un regalito se lo podrá llevar a Sus Majestades y ellos se encargarán de entregarlo al niño. Asimismo, el acto contará con una vertiente solidaria y es por ello que lo que la cofradía ha solicitado la colaboración de sus hermanos. La misma consiste en el sencillo gesto de aportar un detalle para aquellos que, desgraciadamente, no tendrán Reyes este año y que más necesitan de este tipo de detalles.
De la misma forma, las actividades se prolongan durante enero, ya que el 28 de este mes tendrá lugar la sabatina y besamanos de la Virgen de Rocío que la corporación rociera tiene en su capilla. Mientras que el fin de semana del 4 y 5 de febrero, la filial acudirá de forma corporativa a la Aldea para participar en la tradicional celebración de la Candelaria. Se trata de una celebración que consta de especial importancia para la hermandad, ya que en la misma se celebra el aniversario de la refundación. Ésta se produjo en 1978, si bien el germen de la cofradía se halla en la década de 1930 y se debió, en buena medida, al rejoneador Antonio Cañero, quien encargara a Julio Romero la pintura del primitivo Simpecado. Cebe recordar que esta pieza ha sido recuperada, en fechas recientes, por la hermandad.

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