"Una sociedad sin madres es una sociedad que ha perdido el corazón"


La homilía del Santo Padre, con motivo de la celebración de María, Madre de la Iglesia, realiza un recorrido por el sentido de pertenencia y la identidad como pueblo de Dios que otorga la Virgen

“No somos mercancía intercambiable”. Esta afirmación del Papa, en la homilía con motivo de la celebración litúrgica en la basílica de San Pedro en la festividad de María, Madre de la Iglesia, ha servido para culminar un recorrido en el que ha abordado el sentido de pertenencia y la identidad que, con respecto a la persona hacia sí misma y como parte del pueblo de Dios, otorga la Virgen. Y es que el Sumo Pontífice ha subrayado que “somos un pueblo con una Madre, no somos huérfanos”. Para determinar, en consecuencia que “una sociedad sin madres no solo sería una sociedad fría, sino una sociedad que ha perdido el corazón”.

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El Papa Francisco durante la homilía en la basílica de San Pedro./Foto: LVC

“En María el Verbo aprendió a reconocer la ternura maternal”, con estas hermosas palabras se ha expresado Francisco para asegurar que, “en María, Dios nos dio el calor materno que permite que nada ni nadie apague en el seno de la Iglesia la ternura que nos dio su Hijo”. Asimismo ha puesto en valor las virtudes de la Virgen, entre las que destacan su humildad y su ternura que, lejos de ser un sítoma de debilidad, Su Santidad las ha definido como “la virtud de los fuertes”. Y, por medio de éstas, “el pueblo fiel la ha reconocido y saludado como la Santa Madre de Dios”.
Las características que denotan a cualquier madre han sido ponderadas por el Papa Francisco que ha explicado como ha aprendido “mucho de esas madres que han tenido a sus hijos presos, enfermos o en la esclavitud de las drogas y no se han dado por vencidas”. Así, el Santo Padre ha puesto el ejemplo de las que se hallan en campos de refugiados o en mitad de la barbarie de la guerra y sostienen con valentía a sus hijos. Por ello, el Pontífice ha expresado con rotundidad que “donde está la madre hay unidad y sentido de pertenencia”. Perder este último lleva consigo una sería de implicaciones radicalmente negativas para el ser humano.
“La orfandad espiritual que vive en el alma aparece cuando nos olvidamos que la vida ha sido un regalo y se la debemos a otros”, ha señalado Francisco que ha definido la misma como el cáncer del alma. La falta de sentido de pertenencia nos lleva a degradar la tierra porque no nos pertenece, a los otros porque no son parte de nosotros, a Dios puesto que no le pertenecemos y a nosotros mismos”. Todo esto conduce al mismo final que llevó a Caín a actuar contra su hermano, del que no se sentía responsable. Por tanto, Su Santidad ha concluido afirmando que “celebrar la fiesta de la Santa Madre de Dios nos recuerda que somos hijos, familia y pueblo de Dios. No somos mercancía intercambiable”.

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