Un amor taponado se corrompe, se enfría, se pierde


La carta semanal del obispo repasa el momento actual por el que atraviesa la familia y hace referencia al magisterio de los sumos pontífices, desde Pablo VI hasta Francisco

“Un amor taponado se corrompe, se enfría, se pierde”. Esta afirmación del obispo en su carta semanal ahonda en el momento actual por el que atraviesa la familia, en muchos casos, donde asegura que “un hijo tiene derecho a nacer del abrazo amoroso de sus padres”. Para explicar la riqueza e importancia de la familia, el prelado comienza su misiva con un recordatorio del magisterio de los distintos pontífices, desde Pablo VI. De éste, destaca la encíclica Humanae Vitae en la que Giovanni Battista Montini ofrece “una visión positiva del amor humano y de su recta administración en el matrimonio, con la generosa apertura a la vida, en el contexto de una paternidad responsable”.

Encarnación de Dios. Amor
El obispo durante el pontifical de la Natividad./Foto: LVC

Esta parte del mensaje semanal de Demetrio Fernández contiene aspectos de gran interés, como la referencia a San Juan Pablo II, de quien pone en valor su comprensión de que “amor humano es algo bueno, inventado por Dios, y tiene su expresión carnal en la sexualidad del varón y la mujer, iguales en dignidad y distintos para ser complementarios y fecundos”. Mientras que, de Benedicto XVI, indica que “nos ofrece un análisis agudo y delicado sobre el amor de eros y de ágape”; para llegar al Papa Francisco, quien “nos propone la alegría del amor con esa tónica positiva de ofrecer a todos el proyecto de Dios y acompañar a tantos hombres y mujeres que a veces cojean en algún aspecto de esta experiencia vital”.
Ante la celebración de la Sagrada Familia, el obispo hace una exposición del “panorama en el que vivimos insertos”, del que subraya que “no es fácil”, ya que “el deseo de compartir todo durante toda la vida se ve truncado cuando llega la infidelidad de alguno de los esposos”. Sin embargo, ello se contrapone al hecho de que “el amor de Dios y su perdón son capaces de restaurar esas heridas, recuperando el respeto mutuo de quienes se habían prometido fidelidad para siempre”. En consecuencia, el prelado expone que “la apertura generosa a la vida no pasa por sus mejores momentos”, puesto que “vivimos inmersos en un ambiente antinatalista, donde la anticoncepción se ha generalizado y donde ha crecido el número de abortos”. Así, tampoco deja de lado que “la ciencia tecnológica permite conseguir un hijo en la pipeta del laboratorio, dejando como “material sobrante” los embriones que no se utilizan. Un hijo tiene derecho a nacer del abrazo amoroso de sus padres”.
La parte final de su misiva hace referencia a la correcta preparación del matrimonio para que éste perviva, en referencia a lo expresado por el Papa Francisco em Amoris Laetitia. Por ello, el obispo concluye señalando que “la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret nos invita a reforzar las verdaderas motivaciones del matrimonio. Si es un invento de Dios, tiene que ser bueno, tiene que ser posible, tiene que ser fácil. Las cosas de Dios están a nuestro alcance si confiamos en él, si invocamos cada día humildemente su gracia, si reconocemos nuestra debilidad y acudimos a quien puede fortalecernos”.
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