Antonio del Castillo y la ubicación original del Señor de la Caridad


Una de las piezas expuestas en la Sala Barroca del Museo de Bellas Artes, recrea el espacio donde el crucificado, radicado actualmente en la iglesia de San Francisco, tuvo su primer enclave

La historia de Córdoba está representada, durante estos meses, en la Sala Barroca del Museo de Bellas Artes. Ello se debe a que esta sede de la exposición dedicada a Antonio del Castillo alberga una representación del aspecto original que presentaba la capilla que presidía el Señor de la Caridad. El imponente crucificado, como puede apreciarse en la imagen, estaba flanqueado por dos lienzos salidos de la mano del artista, que representaban a San Pedro y San Pablo.

Recración del emplazamiento original del Señor de la Caridad./Foto: LVC
Recración del emplazamiento original del Señor de la Caridad./Foto: LVC

La Semana Santa de Córdoba alberga tesoros que transitan entre muy diversos ámbitos. Religiosidad, disciplinas artísticas y un intenso espíritu cultural se subliman en torno a imágenes que atesoran una devoción de siglos. La que radica alrededor del Señor de la Caridad es una de ellas y Antonio del Castillo del Castillo supo apreciarla realizando dos obras de un incalculable valor que, ahora, la muestra que lo homenajea recupera, de la misma forma que Pablo García Baena lo hiciera hace décadas cuando dedicara uno de sus poemas más celebrados al pintor que marcó la centuria dieciochesca.
Para el visitante, oriundo o foráneo, el recorrido por la Sala Barroca del antiguo Hospital de la Caridad supone un viaje en el tiempo. Un paseo feliz por el acervo cultural de una ciudad que siempre lo supo expresar a través del arte. Una riqueza que se aprecia en la forma de acercar al devoto a Dios, a través de imágenes que conjugan toda su potencia para transformar al espectador en devoto. Las disciplinas se aúnan y, así, el corte renacentista del Cristo, ahora en San Francisco, se contrapone con los claroscuros del barroco que ofreció del Castillo y que supusieron una alegoría, casi arqueológica, de la evolución de la urbe a través de su propia esencia.
La recreación nos trae una parte de la historia que vio llegar a la corporación del Jueves Santo hasta su configuración actual, a través del emplazamiento original su titular. Hoy en día, antes y después de que la exposición concluya, ese espacio lo ocupa el gran cuadro que se situaba en la subida de escalera del majestuoso convento de San Pablo, una pintura en la que se representa la fundación del convento dominico por parte de San Fernando en 1236. Con sus lienzos, Antonio del Castillo narró la historia de una Córdoba que, por medio de esta retrospectiva, vuelve a reencontrarse consigo misma.

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