Una tradición que pasa de abuelas a nietos


El montaje de los nacimientos en los hogares cordobeses aún pervive y, más allá de la riqueza material de las figuras que lo componen, es la huella de una tradición sostenida por muchas generaciones

“Pasan por Piquín, hay mucho jaral, si no viene el guarda, traerán un buen jornal. La Cuesta del Reventón, la suben cantando para hacer picón…” Este villancico tradicional cordobés del que se hacía eco el conocido cofrade Rafael Cuevas, acompañado de una fotografía que muestra un detalle del belén napolitano que Pinsapo regala a la ciudad durante los últimos años, atestigua que el montaje de los nacimientos en los hogares cordobeses sigue en auge. Desde los que atesoran una indudable calidad artística hasta los más humildes, todos dan cuenta de la huella de una tradición sostenida por cientos de generaciones.

tradición
Detalle del nacimiento de la familia León-Escribano./Foto: LVC

En el caso del napolitano que Rafael Cuevas y Luis Nevado construyen cada año en la ermita de la Candelaria, éste toma el testigo de un tipo de nacimiento que alcanzó su máximo esplendor con el de la duquesa de Cardona. Con figuras de una sobresaliente calidad artística, la peculiar geografía escultórica del sur de Italia ha sabido ser captada a la perfección por el polifacético imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado. El escultor, además, tiene su taller muy cerca del enclave donde los integrantes de Pinsapo exponen su obra, en el espacio de tiempo que transita entre la Inmaculada y la Candelaria, lo que propicia un plus en cuanto la forma de adaptar este concepto importado a la geografía urbana de la ciudad. En la tradición de la cual se ha basado, a su vez, Cuevas para dar forma a la exposición recientemente inaugurada en el museo de la Trinidad. Así, el florista e historiador del Arte ha querido dotar a la alegoría que la preside con la mejor tradición de belenes dispuestos por los artistas cordobeses del siglo pasado, entre los que se hallan Pablo García Baena, Miguel Arjona o Miguel del Moral. Estos colmaban de ofrendas sus nacimientos para mantener viva la tradición del nacimiento que huele a jara y a musgo, recogido a las faldas de Sierra Morena.
“En las familias, en ocasiones, se guardan pequeños tesoros de poco valor económico pero ricos en cariño, recuerdos y sentimientos”. Esta reflexión compartida por el hermano mayor del Santo Sepulcro, Enrique León, viene a ofrecer la otra parte del rostro de la tradición que pasa de abuelas a nietos. Como el propio León confiesa en su mensaje, las humildes figuras que componen el misterio son parte de un hondo patrimonio familiar puesto que las mismas conforman la memoria de su infancia. Cabe recordar que esos primeros pasos serían decisivos de cara a su futuro, ya que en la década de los 2000, el propio León fue uno de los artífices del diorama que se montaba en la iglesia de la Compañía y que obtuvo, durante varios años, un sobresaliente reconocimiento en el concurso oficial de belenes.
Estos testimonios son el fruto de un legado “guardado como oro en paño” de la historia de una ciudad que pervive en los detalles que, como en los casos expuestos, es la huella de una tradición sostenida por decenas de generaciones.

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