Tres históricas devociones cordobesas, en un mismo templo


La Inmaculada, Villaviciosa y la Reina de los Ángeles coinciden en el convento del Císter, con motivo del regreso de la titular mariana de la hermandad de la Sangre a su primitiva sede

Tres devociones, la inmaculista, la profesada a la Virgen de Villaviciosa y la que se aglutina en torno a la titular mariana de la hermandad de la Sangre han coincidido, durante tres días, en un mismo templo. Y es que el monasterio de la Inmaculada Concepción de las monjas cistercienses acogía, con motivo de los cultos a la Reina de los Ángeles celebrados en el mismo, a las tres advocaciones que han marcado parte de la historia de la piedad popular de Córdoba.

Nuestra Señora Reina de los Ángeles./ Foto: Hermandad de Villaviciosa
Nuestra Señora Reina de los Ángeles./ Foto: Hermandad de Villaviciosa

El singular hecho se producía con motivo del regreso de la Virgen de Luis Álvarez Duarte, a la que fuera su primitiva sede, la misma que está consagrada a la Purísima. De hecho, la defensa de la ausencia de pecado original en la Santísima Virgen tuvo en Córdoba uno de sus gérmenes, durantes las centurias renacentista y barroca. Siglos a partir de los que proliferaron intensas devociones que han llegado hasta nuestros días, como es el caso de la Virgen de Villaviciosa. De hecho, su advocación se halla representada en la conventual cisterciense desde finales del siglo XVII.
La imagen fue entregada por el rector de Santa Marina, Fernando Dávila, quien le otorgó el titulo de Nuestra Señora de Villaviciosa, al recién fundado monasterio del Cister. Según narra la leyenda recogida por Ramírez de Arellano, el 9 de octubre de 1680, padeció la provincia un notable terremoto. A la hora del movimiento sísmico se encontraba en la sierra al pie del cerro de las ermitas, también llamado de la cárcel, un muchacho de siete años, Bartolomé Pedrosa. A éste le salió al encuentro una horrible culebra y huyendo se subió a un peñasco. Al girarse para comprobar si le seguía el reptil, vio una pequeña imagen de la Santísima Virgen, que llevó a casa del antedicho Dávila. Una vez que éste entrega la Virgen al monasterio permanece en su altar hasta 1976, cuando la imagen es trasladada a la clausura del convento.
El lugar de Nuestra Señora lo va a ocupar la primitiva imagen de la naciente hermandad del Císter, hasta que en 1997 se cierra el monasterio por unas obras, que ya no van a ver el regreso de la corporación radicada ahora en Capuchinos. Al término de los trabajos, la Virgen de Villaviciosa va a ocupar de nuevo su histórico emplazamiento, el mismo en que durante tres jornadas ha compartido con la Reina de los Ángeles, en una estampa que ha rememorado parte de la mejor historia de la ciudad, a través de tres devociones.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here