Antonio Morales: "Debajo de un paso no se entiende de clases"

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En la siguiente entrevista, el capataz de la Virgen de la Paz narra la experiencia y trayectoria que le han llevado a ser elegido como pregonero del costalero, Ciudad de Córdoba

Durante los últimos 30 años, el actual capataz de María Santísima de la Paz y Esperanza, Antonio Morales, ha venido desarrollando una intensa labor como costalero. Como él mismo explica, ha vivido tres generaciones que le han permitido disfrutar y aprender de los maestros, así como le han enseñado a vivir momentos tan difíciles como la muerte de un compañero. Concepción, Desamparados, Reina de los Mártires, Esperanza, Buena Muerte y Paz son algunas de las imágenes que Morales ha portado y que, a la postre, le han llevado a ser designado como pregonero del costalero, Ciudad de Córdoba. En la siguiente entrevista reflexiona sobre la evolución del mundo del costal en los últimos 30 años.
-¿Cómo definiría su trayectoria como costalero y capataz?
-He estado a caballo entre tres generaciones tanto de costaleros como de capataces. Comencé muy pronto, con 14 años, y me desenvolvía con gente más mayor, de 18 y 20. Eso y la salud me han permitido llevar más de tres décadas en este mundo. Se percibe la evolución, que también afecta a uno mismo. Empecé en una época en que todavía las cuadrillas olían a profesional, aunque salías en tu hermandad, prestabas tus servicios en otros sitios por necesidad. Hoy en día, las cosas han cambiado, pero la esencia hay todavía quien la mantiene, capataces que la mantienen y algunos románticos que, habiendo adquirido capacidad técnica, guardamos aquella filosofía.
-De estas tres generaciones, con qué y con quién se queda de cada una.

Antonio Morales./Foto: Archivo particular de A. Morales un
Antonio Morales./Foto: Archivo particular de A. Morales

-De la década de 1980 me quedo con dos maestros a los que he querido y he aprendido mucho de ellos, Ignacio Torronteras y Rafael Muñoz Serrano. Me enseñaron a llevar los pasos con el corazón. También el concepto de entrega debajo de un paso. De la segunda generación me quedo con la mejora técnica, que me permitió participar en más cofradías. En esa etapa destacaría mi relación con Juan Berrocal y Rafael Muñoz Cruz, con quien permanecí muchos años a su cargo. En la última década subrayaría el trabajo con Luis Miguel Carrión, Curro, y David Arce, a los que me une una gran amistad. Se ha experimentado una mejora sobresaliente en la técnica. Ahora se sacan los pasos con la cabeza y disfrutando, y antes más con el corazón.
-Para quien no haya sido costalero, ¿puede llegar a ser comprensible?
-Es asimilable a cualquier otro tipo de relación humana que tengas a nivel de grupo, siempre que sea directa y sincera. Además, debe tener la connotación de que, a nivel físico, sea extrema. El duende que tiene el mundo del costal consiste en que en esos momentos sale lo mejor o lo peor de cada uno. Siempre que se tenga claro el significado que tiene porque estamos dando vida a la devoción de mucha gente. Es un trabajo de fe y, una vez que entiendes eso, tiene además una técnica y un trabajo precioso. Pero sin perder el norte.
-¿Qué valores aporta el mundo del costal a la sociedad?
-El espíritu de compañerismo, la solidaridad y la igualdad. Debajo de un paso conviven estudiantes, parados o médicos y no se entiende de clases. En lo negativo, aprecio muchos tintes de exhibicionismo. En algunas ocasiones se convierten en un grupo de fuerza dentro de las hermandades.
-¿Qué momento destacaría de su trayectoria?
-Ha habido muchos, muy bonitos, pero también muy duros. Quizá, me quedaría con uno muy reciente y no sabría explicar muy bien por qué. Fue en la salida extraordinaria de la Paz, ya de vuelta en el giro de entrada a la plaza. Sonaba una marcha prácticamente nueva, como es Mi Amargura, pero cuando la capacidad de sorpresa parece perdida, se produjo un momento mágico para toda la cuadrilla.
-¿Cómo recibe la noticia de que lo han elegido pregonero?
-Con sorpresa. Son cosas que uno no se imagina porque se está aprendiendo siempre y conozco a muchas personas que seguro que se lo merecen más que yo. El día del rosario de la Virgen de la Paz me llamó Pachi Giraldo y no supe qué decirle y le pedí unos días para pensarlo porque no sabía si realmente lo merecía. Tras consultarlo con mi familia y con Javier Juárez, el pregonero del año pasado, quien me explicó que para él fue una gran experiencia y decidí aceptar.
-¿Qué va a aportar en su pregón?
-No lo sé porque vivencias tengo muchísimas, para aburrir. Me apetece mucho contar la esencia del costalero, alabar las virtudes de este oficio y expresar en lo que creo que se está desviando. No se puede ser, a día de hoy, solo un costalero de fe, pero tampoco un costalero de afición. Lo primero es el norte que nos debe guiar, pero es también un oficio que requiere de una técnica. Me gustaría expresar qué somos, de dónde venimos y hacia donde creo que debemos ir.

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