Antonio Llamas: “El mejor tesoro que tenemos es la Palabra de Dios”


En la siguiente entrevista, el sacerdote, director del Centro Bíblico, profesor y canónigo de la Catedral de Córdoba Antonio Llamas reflexiona sobre su "lectio divina" de Adviento

Las últimas décadas han experimentado una profundización en el estudio y divulgación de la Palabra de Dios. Ello se debe, en buena medida, a la labor del Centro Bíblico y su Escuela de Oración que dirige el canónigo de la Catedral de Córdoba, Antonio Llamas Vela. Biblista de reconocido prestigio, profesor, escritor y sacerdote, sus conocimientos sobre el libro sagrado van más allá del mero estudio, que completa con una labor de exposición, hacia los demás, encomiable.
Sus lectio divina llegan a numerosos rincones del mundo, como la mayor parte de la geografía española, Latinoamérica o Estados Unidos. Ello, unido a una admirable capacidad expositiva, supone una valiosa aportación para la transmisión continua del mensaje evangélico. En la siguiente entrevista da buena muestra de ello.
¿Cómo fue la primera lectio divina?
La primera que escribí comenzaba “la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. La lectio consiste en leerlo, meditarlo, explicarlo y orarlo. Con ese método he escrito seis o siete libros y, no sé cuántas he escrito, pero creo que superan las 500.
¿Qué repercusión tiene?

Palabra
Antonio Llamas, durante un momento de la entrevista./Foto: José I. Aguilera

En Córdoba se editan varios miles de ejemplares por parte del Centro Bíblico. Prácticamente, eso es una financiación, que nosotros asumimos. Se envía a numerosos lugares de España y al extranjero. Un testimonio interesante, en este sentido, lo da el representante del Papa ante la FAO, Monseñor Fernando Arellano, me pide ejemplares de la lectio. Se queda con un par de ejemplares cada vez y el resto los envía, entre otros, a religiosas que se encuentran en embajadas de la Santa Sede, algunas de ellas, en las antípodas y entre ellas siempre le piden que las ponga “en contacto con este sacerdote, pues queremos hablar con él cuando vayamos a España”. Además llega a todas partes de Italia, Latinoamérica y Estados Unidos. Hace poco me enteré que se traducen al inglés. Es una alegría porque solo pretendo propagar y servir a la Palabra de Dios.
¿Tan importante es la Biblia ?
Es el mayor tesoro que tiene la Iglesia. Con todo lo que significa para el patrimonio universal de ésta, como catedrales, templos, bibliotecas o pinacotecas de las que todos gozamos, no deja de ser cierto que el mejor tesoro que tenemos es la Palabra de Dios.
¿En qué consiste la lectio divina?
Aprendí este método de mi maestro Carlo María Martini, quien me dio clases sólo un trimestre en el Bíblico de Roma porque lo nombraron arzobispo de Milán y, enseguida, Cardenal. Recuerdo que íbamos, algunos que ahora son obispos y un servidor, de Roma a Milán a escuchar a Martini en su Catedral. Mandó construir grandes alfombras que cubrían toda la Catedral y los jóvenes nos sentábamos en el suelo y él se sentaba en el centro, debajo del presbiterio y desde allí hablaba. Ahí aprendí cómo hacer una lectio divina. Nos reuníamos alrededor de 5.000 o 6.000 personas para escucharlo. Nosotros viajábamos toda la noche para llegar y hacíamos transbordo en Bolonia. No teníamos donde parar y una vez nos sorprendieron tres monjas, aseándonos en una fuente pública de Milán. Les contamos el motivo que nos llevaba allí y, a partir de ese momento, nos ofrecieron su casa, cada vez que fuésemos a escuchar al Cardenal Martini. Lo único que nos pedían a cambio era que les explicáramos lo que había dicho el cardenal.
¿Qué aprende del Cardenal Carlo María Martini?
Él la llamaba Escuela de Oración y he continuado con ese nombre. Tiene tres partes. La lectura, que tiene que se sosegada, pacífica, pero atenta, así como cómplice con Dios y con el Espíritu, porque no estamos leyendo a un autor literario. Es Dios quien, a través del Paráclito, hace que hombres y mujeres pongan por escrito su palabra. Digo mujeres porque en la Biblia hay realidades que las han escrito ellas. Hay cosas bellísimas que no capta la sensibilidad de un hombre. A la lectura, sigue la meditación, ya que una vez que he leído la Palabra de Dios, quiero gustar a Dios. Decía San Ambrosio de Milán que la Palabra es para saborearla, paladearla. Es como cuando la abeja realiza miel en el panal. Y eso es lo que debe hacer el creyente, volver sobre sus pasos para gustarla. Y la meditación nos conduce a la oración para tener un diálogo sereno con el Señor. A veces, desde el silencio más normal que podamos tener. El silencio aparece en la Biblia en numerosas ocasiones. En el libro de Job, éste le pide a Dios que le hable y el hombre no es quién para decirle al Señor cuando ha de hablar o por qué tiene que hablar. Dios se manifiesta a Job al final de la obra (Jb 38-42). El capítulo octavo del último libro de la Biblia se dice que “se hizo un silencio de media hora en el cielo” (Ap 8, 1). Los judíos entienden el cielo como la habitabilidad de Dios y San Juan se lo explica a los cristianos de esa hora porque la Biblia contiene un mensaje universal.
En la Palabra está el centro de la vida cristiana.
El Concilio Vaticano II, en la Dei Verbum, dice que la Iglesia siempre ha venerado con la misma piedad y el mismo afecto, el pan de la eucaristía y el pan de la Palabra de Dios. Como dijo el arzobispo titular de Edesa, Néophitos Edelby, en la sala conciliar: “Venerables hermanos quisiera que hiciéramos una lectura de la Biblia en el espíritu en que fue escrita”. Por eso, el Vaticano II establece que la Biblia debe ser leída e interpretada en esa línea. En consecuencia, la lectura de la Palabra de Dios debe ser epicléptica. Es decir, la palabra griega epiclepsis significa invocación al Espíritu Santo para que venga sobre el pan y sobre el vino y se conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Todo ello en virtud de que la Palabra ya ha sido inspirada por Éste. La palabra es el sacramento de Dios con el hombre, a través del Hijo y bajo las realidades humanas de María Virgen que es la que da a luz al Verbo de la vida, a la Palabra hecha carne.
¿Qué supone para Antonio Llamas escribir la lectio divina?
Es una exigencia propia de mi misma fe y amor. La razón de mi vida es la Palabra de Dios, que es el Verbo de la vida. Estoy enamorado del Dios de la palabra que es Jesucristo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here