La casa de la Reina de los Ángeles


La hermandad seráfica, de capataces y costaleros de la Santa Cruz, sacramental, de la Conversión, del Señor de la Sangre, de la Reina de los Ángeles dolorosos y gozosos, de San Juan y, en definitiva, del Císter, ha regresado a su origen. La Virgen ya está en su casa y, hasta este domingo 11 de diciembre, la corporación del Martes Santo retomará su origen en el convento de la Inmaculada Concepción, donde hace 40 años la cofradía comenzara su andadura.

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La reina de los Ángeles, entrando en el convento del Císter./Foto: LVC

La mañana apenas levantaba su azul purísima en el cielo, cuando las campanas del convento comenzaron a doblar. Un tañido fuerte, decidido como el saludo alegre que con que se recibe a una madre, tras mucho tiempo sin verse. En el eco de los recientes días de triduo, la voz de fray Ricardo resonaba aún en los tímpanos para recordar aquellos rosarios con megáfono donde el ejercicio de la fe inundaba cada rincón. Las puertas del monasterio de Cardenal Toledo se abrían para Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Dolorosos, mientras la imagen era portada decididamente por sus cofrades hacia el umbral de su propia historia.
“Todo lo luces tú, Reina dolorosa de los Ángeles que te hemos visto en el Evangelio, silente, transida y madre de San Juan Evangelista, que somos todos nosotros. Madre de la Iglesia que nos ha engendrado para la vida eterna por el bautismo”. Éstas palabras de fray Ricardo ante la titular mariana de la hermandad del Císter en el segundo día sus cultos describen parte de esas sensaciones, del regreso a su casa de la Virgen y parten de la propia esencia de la cofradía, de la que el predicador franciscano es parte indisociable. Y, por ello, esa homilía ante la Virgen de los Ángeles se adentraba en las raíces de la historia de la salvación y acudía al doctor montillano, a la predicación de San Juan de Ávila en Santa Clara. María, al convertirse en la madre del evangelista, el mismo que la acompaña en su paso, se convierte en Madre de la Iglesia y, hasta el domingo entrega su abrazo cálido en el monasterio de la Inmaculada Concepción, la que siempre será su casa.

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