María, sin pecado concebida


Numerosas imágenes de la capital han estado expuestas en besamanos con motivo de la festividad de la Inmaculada, donde ha destacado el exquisito gusto de la puesta en escena de los mismos

María, sin pecado concebida, ha vuelto a rememorar la chispa del voto concepcionista del que Córdoba fue origen. Numerosas imágenes de la capital han estado expuestas en besamanos con motivo de la festividad de la Inmaculada, donde ha destacado el exquisito gusto de la puesta en escena de los mismos. Concepción, Dulce Nombre, Encarnación, Salud o Palma han dado cuenta de un 8 de diciembre que ya es parte de la memoria devocional de la ciudad.

María Santísima de la Esperanza del Valle./Foto: Jesús Caparrós
María Santísima de la Esperanza del Valle./Foto: Jesús Caparrós

En Santiago, María Santísima de la Concepción refulgía sin oropeles, entre el brillo de la cera parecía alejarse del Adviento y acercarse al otro tiempo litúrgico que ya no anuncia la venida del Salvador, sino la culminación de la historia de la Salvación que comenzó en Israel. Del acontecimiento Éxodo, donde el pueblo toma conciencia de sí mismo insuflado por la Gracia, hasta un presente donde el hombre sigue caminando para postrarse ante ella y comprender el sentido de su existencia. Un abrazo en la oscuridad del templo que la Virgen de Juan Ventura rompía con su pureza virginal. La misma a la que los fieles de abrazan y encuentran la eternidad a través de la verdadera Cruz. Con su color verde que llama a la vida y muestra la Esperanza del Valle, la que llegará en unos días, la que se derrama en la caída de su manto y que habla del Amor de Dios en el centro del regazo que dibuja su nueva saya. Un cariño y perfección hallado en las manos que colocan su tul, las del vestidor Manuel Jiménez.
En cada diócesis, en cada ciudad, en cada pueblo y en cada barrio, en este caso el del Naranjo, María, sine labe concepta, es glorificada en el besamanos de Nuestra Señora de la Salud, que gracias al esmero de Francisco Mira se presenta aún más pura ante sus fieles. Y Córdoba se reconoce por barriadas y los nombres de la misma mujer que los definen, como el del Dulce Nombre en el Campo de la Verdad, con el broche que la saluda y define, Ave María Reina, sobresaliendo de su encaje, dispuesto por las expertas manos de Ángel Aguilar. Y en la mujer trabajadora del Sector Sur que habrá de cruzar una vez más el puente el 9 de abril, la Virgen de la Encarnación.
En otro barrio, tan castizo y cofrade como el de San Lorenzo, el itinerario va completando la jornada en la mirada de la Palma, donde cada pliegue, al igual que los de la Concepción, Gracia y Amparo o la Reina de los Ángeles, habla de la virtud de otro vestidor como Antonio Villar. Mientras, en el histórico convento de San José, Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad presidía San Cayetano, a la espera del regreso de Jesús Caído. Expresiones de cariño y esmero en María Santísima de la Trinidad que se sirve de las manos de Eduardo Heredia para anunciarse ante sus devotos, de la misma forma que acontece con la Virgen de la Alegría porque Córdoba ha celebrado a María, siempre Virgen, sin pecado concebida.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here