El sufrimiento abrazado con amor nos hace participar de la Cruz


“El sufrimiento abrazado con amor nos hace participar de la Cruz redentora de Cristo y convierte nuestra pobreza en riqueza de amor”. Esta afirmación del obispo en su carta semanal invita a la preparación del Adviento como venida del Salvador y muestra como Dios se ha acercado a nuestro mundo y ha entrado de lleno en él, haciéndose hombre “uno de nosotros”.

Cruz alegría Evangelio
Imagen del encuentro entre el Papa Francisco y el obispo,/ Foto. Osservatore Romano

La misiva del prelado desarrolla, partiendo de la preparación que supone este tiempo litúrgico que “de gozo y esperanza, como la vida cristiana misma”, la incidencia decisiva de la cercanía de Dios. Por ello, Demetrio Fernández se interroga sobre “¿Cómo puede existir un Dios, que permite estas cosas?” La respuesta es doble puesto que, tal y como explica “muchos ser rebotan contra Dios al experimentar tanto sufrimiento propio o ajeno, y concluyen: Dios no existe”. Sin embargo, el obispo no duda en poner en valor a quienes, por el contrario, “acuden a ese Dios bueno para pedirle que nos salve”.
La salvación se halla en esa segunda forma de afrontar la realidad humana, que cobra la plenitud de su sentido en la encarnación de Jesús. “Por haberse hecho hombre como nosotros, ilumina el misterio del hombre al propio hombre y le muestra la grandeza de su vocación, que somos hijos de Dios. Jesucristo ha venido a decirnos el inmenso amor de Dios al hombre, y nos lo ha dicho hasta el extremo, hasta morir en la Cruz por nosotros”. Un mensaje cargado de esperanza, tan propio del Adviento, que cobra toda su significación al comprender que “los males que nuestra humanidad está soportando tienen un sentido, tienen un valor y contribuyen a la redención del mundo. Jesucristo nos ha enseñado a estar de parte de los que sufren por cualquier causa, siempre de parte de las víctimas”, subraya el prelado.
En consecuencia, Demetrio Fernández concluye su carta semanal aludiendo al Papa Francisco y a la alegría del Evangelio, que “llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del asilamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.
Carta semanal del obispo (texto íntegro)

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