El mayor milagro de Fátima no es la danza del sol


La Virgen peregrina continúa visitando la Diócesis, mientras al comienzo del Año Jubilar el obispo de Leiria-Fátima explica que "el milagro más importante de Fátima es la conversión de tanta gente"

El mayor milagro de Fátima no fue la danza del sol. Esta afirmación del obispo de Leiria-Fátima Antonio Marto se explica en numerosos detalles que tienen repercusión a nivel mundial, desde la aparición de la Virgen en Portugal hace casi un siglo. La muestra de la vigencia del mensaje transmitido, se suceden durante este curso en la Diócesis cordobesa, donde la Virgen peregrina visita diferentes localidades de los arziprestazgos.

Personas congregadas para contemplar una de las apariciones de 1917./Foto: LVC (milagro)
Personas congregadas para contemplar una de las apariciones de 1917./Foto: LVC

La misión diocesana que se lleva a cabo con motivo del centenario de las apariciones de Cova de Iría sigue su curso. Así, durante el mes de noviembre ha desarrollado su recorrido por distintos puntos de la vicaría de la sierra y ha concluido su trayecto en el arciprestazgo de Peñarroya Pueblonuevo–Fuente Obejuna. Un itinerario que ha guiado a la Virgen de Fátima a Peñarroya, donde fue acogida en la parroquia de Santa Bárbara, así como en la de San Miguel y ha visitado, además, el colegio de la Presentación de María, la residencia de ancianos Santa Bárbara y ha sido venerada en la iglesia del Salvador. Posteriormente, la imagen era trasladada hasta Valsequillo y Belmez. En esta peregrinación la Virgen ha llegado hasta las localidades de Ojuelos Altos, Fuente Obejuna, Villanueva del Rey, Espiel y Villaviciosa.
Este trayecto espiritual de Nuestra Señora da cuenta de la llamada a la conversión a que conmueve. Afirmación que enlaza con la intervención realizada por Antonio Marto en la misa inaugural por el Año Jubilar del Centenario de las apariciones. Éste señalaba que “la Virgen María vino a traer y confirmar esta esperanza firme de paz”, afirmando que “el milagro más importante de Fátima no es propiamente la danza del sol, sino la conversión del corazón y de vida de tanta gente que sucede aquí sin que se vea, y que también podemos llamar la ‘danza de conversión’, al ritmo de la música de Dios que resuena en el Magnificat de la Virgen y llena de alegría”. Asimismo, el prelado subrayó que la Virgen sigue invitando más que nunca a “la oración y a luchar por la paz”, así como a “la defensa de la dignidad de los oprimidos y de los inocentes, víctimas de guerras y genocidios sin precedentes en la historia”.
El verdadero milagro de Fátima se observa más que nunca en estos días, en que la Iglesia universal celebra los cien años de un mensaje destinado a cambiar el mundo.

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