"La verdad del mundo del costal está debajo del paso"


En la siguiente entrevista, el capataz de la Santa Faz recuerda aquellos primeros años de la cofradía, repasa su actualidad y ofrece su visión sobre la evolución de la comunidad parroquial

“La verdad del mundo del costal está debajo del paso”. El actual capataz de la cuadrilla de la Santa Faz, Antonio Cano, guarda una relación muy estrecha con la comunidad parroquial de la Trinidad. De hecho, Cano llega a la corporación en sus inicios, es el hermano número 28, por medio del antiguo colegio de la Trinidad. El pasado sábado, los costaleros se reunían en las dependencias que la corporación posee en el centro Carmen Márquez Criado, sede del museo, de la casa de hermandad y cuyas instalaciones fueron un día el centro educativo donde Cano vio en un recreo “un cartel donde se anunciaba que se estaba creando una hermandad y me hice hermano inmediatamente”.
En la siguiente entrevista, recuerda aquellos primeros años de la cofradía, repasa su actualidad y ofrece su visión sobre la evolución de la comunidad parroquial.
-¿Cómo llega a la parroquia de la Trinidad y a la hermandad de la Santa Faz?
-Estudié en el antiguo colegio de la Trinidad, donde ahora están tanto el Museo Carmen Márquez Criado como la casa de hermandad de mi cofradía. En un recreo, creo que era el año 1986, vi un cartel donde se anunciaba que se estaba creando una hermandad. Me hice hermano inmediatamente y, de hecho, tengo el número 28 en la Santa Faz. Tenía 12 años y a raíz de ahí fui evolucionando en la cofradía. Salí de nazareno tres años. Intenté por todos los medios conseguir mi incorporación a la cuadrilla del Señor, pero no me dejaban. Con 15 años comencé como costalero, algo que no debe hacerse ahora y que no permito en mi cuadrilla. Estuve muchos años y viví momentos muy bonitos tanto debajo del Señor como en la hermandad. Además, formé parte de la junta de gobierno enseguida, en la época de Antonio Salto como hermano mayor. He ocupado diversos cargos de responsabilidad y he participado siempre de forma, más o menos activa, en función del tiempo. Por circunstancias, después de 26 años de costalero nos encargaron la responsabilidad de guiar al Señor.
-Fue alumno del colegio y es miembro de la comunidad parroquial de la Trinidad ¿Cómo valora la evolución de la misma?
-El recuerdo de aquellos años me produce nostalgia. Vivía don Antonio Gómez, que fue el fundador y creó una obra preciosa. Había una unión muy fuerte y teníamos un claustro de profesores magnífico, con algunos de ellos mantengo todavía una gran relación. La parroquia sigue igual y cuando estoy allí me sigo sintiendo en mi casa. Están nuestros titulares y el Cristo de la Providencia, por el que siento un gran cariño y devoción. De hecho soy miembro de su fraternidad porque, al final, era el titular que siempre estaba presente en nuestro colegio. En definitiva siempre he estado vinculado a la parroquia que realiza una labor excelente.
-Desde aquella primera vez en que se puso el costal a día de hoy, qué cambios ha percibido.
-Aunque siempre debería ser lo mismo ya que llevas a tu titular y el significado siempre es parecido, no deja de ser cierto que se han producido muchos cambios porque, prácticamente, han pasado 30 años. En aquellos momentos la cuadrilla era muy escasa y los dos primeros años no llegábamos a completar las trabajaderas. Era una proeza salir y llegar, independientemente, del aspecto técnico que quedaba un poco al margen. Fueron momentos duros, pero muy bonitos. Aún recuerdo a muchos costaleros de aquellos años. Los cambios han sido numerosos. Hay más costaleros, se ha puesto un poco de moda. Se puede decir que el espíritu de sacrificio es menor, pero no lo achaco al carácter de los costaleros jóvenes. Simplemente, ahora saben que van a estar debajo del paso media hora y eso te condiciona. Se ha ganado en técnica y apertura al aprendizaje. Lo que nunca se debe perder es el auténtico significado.
-De aquella época ¿Qué recuperaría y que desecharía?
-Recuperaría a tantas personas que formamos parte de aquellas primeras cuadrillas que, pese a los años sin vernos, se crearon vínculos muy fuertes. Entono el mea culpa por salir tan joven. Tampoco me quedaría con algunas deficiencias técnicas que, en aquel momento se dejaban de lado y son muy importantes.
-¿Cómo afronta el paso de salir desde la cuadrilla para convertirse en capataz?

Antonio Cano junto a la cuadrilla y responsables de la Santa Faz./Foto: LVC
Antonio Cano junto a la cuadrilla y responsables de la Santa Faz./Foto: LVC

-Con mucha responsabilidad. Es mi titular. Coordinar a 70 u 80 personas para mí supuso un paso importantísimo. Y, además, en las circunstancias que se produjo, al principio de la Cuaresma. Hemos trazado un proyecto que implica, por encima de todo, crear un grupo en el que se priman las relaciones personales. Fuera, la responsabilidad es muy grande y tengo la suerte de que somos un equipo que nos compenetramos a la perfección, ya que hemos sido costaleros los cuatro y sentimos lo mismo. Pero siempre digo que la verdad del mundo del costal está debajo del paso. Fuera tienes muchas responsabilidades y no tienes la intimidad, el recogimiento de tantos instantes en soledad y que tanto me ha aportado durante estos años.
-Un grupo en el que priman las relaciones personales, ¿en el seno de la hermandad?
-Sin duda. La cuadrilla siempre ha tenido la idiosincrasia de ser “interna, muy del titular. Es cierto que llegan chavales que salen en otras cofradías y no lo veo mal porque aportan eso que se llama oficio. Pero es cierto que somos una cuadrilla de hermandad, que estamos muy vinculados a ella, a la participación en sus cultos y tantas actividades.
-Explicaba antes que la parroquia ha seguido una misma línea. Respecto a la hermandad de la Santa Faz, en qué ha cambiado.
-Recuerdo que cuando se hablaba de la Santa Faz se la calificaba como una hermandad joven y es cierto que ya tenemos 40 o 50 años. Había una ilusión grandísima. Dividiría el proceso, como todo en la vida, en etapas. Aquellos primeros tiempos, hasta la salida de la Virgen en el año 1995, de muchísimo trabajo. Posteriormente, una etapa de estabilidad en que se fue enriqueciendo el patrimonio, el guion procesional y la vida de hermandad. Actualmente, nos encontramos en el inicio de un periodo ilusionante en el que está presente el trabajo sobre el nuevo proyecto de palio.
-Este proyecto está pensado a medio plazo ¿Cómo lo valora?
-Es un proyecto muy serio, de envergadura. El primero fue precioso porque lo hicimos los hermanos, con nuestras propias manos ya que gran parte de los bordados se realizaron en el taller de la cofradía. De la misma manera que aquél salió de una manera muy digna, éste queremos que sea igual y, aunque es de mucho calado, pueda salir completo.
-¿Cómo se ve, dentro de 10 o 15 años, en la hermandad de la Santa Faz?
-No lo sé. Solo le pido al Señor y a la Virgen estar con ellos, sea con un cirio o debajo. Son parte de mi vida y de la de mi familia. Solamente, poder continuar ahí.
-Entiendo que cuando no sea capataz o costalero, saldría de nazareno.
-Sí. O en cualquier parte del cortejo donde me necesite la hermandad. No concibo un Martes Santo sin estar con mis hermanos. Hace muchos años vestí la túnica y, por suerte y ley de vida, volveré a hacerlo.
-¿Qué es la hermandad de la Santa Faz?
-Es una cofradía que está en permanente trabajo e ilusión por hacer las cosas bien. Se cuida mucho el hecho de poner el cortejo en la calle y hacer protestación de fe, de la manera más seria y responsable posible. Es una hermandad que quiere seguir creciendo e intentando que se rece por las calles. En cada Martes Santo y cada uno de los actos que realizamos a lo largo del año.

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