El palio de la Virgen es un joyero que guarda el mejor tesoro


El exaltador de Nuestra Señora del Carmen, Rafael Barón, regala un pregón lleno de detalles, en el que señala que la Virgen "es reflejo de nietos viendo rezar a sus abuelas"

“El palio de la Virgen es un joyero que guarda el mejor tesoro”. Con estas hermosas palabras se ha referido a Nuestra Señora del Carmen Coronada el conocido cofrade, Rafael Barón. El piadoso acto comenzaba con una emotiva presentación, a cargo del prior del Santo Ángel de Sevilla, Francisco Jaén. El padre carmelita ha articulado la misma en torno al patio del colegio como centro de su vida.

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Rafael Barón durante la exaltación a la Virgen del Carmen

Al comenzar la exaltación a la Reina del Carmelo, la iglesia conventual de San José ya se había imbuido de recuerdos, de juegos, canciones a la Virgen y las enseñanzas propias que se disciernen en plenitud con el paso de los años. Y esta profundidad que otorga la experiencia es la que ha sabido transmitir en su exaltación Rafael Barón. El dorador, miembro de la asociación de patios cordobeses y, sobre todo, cofrade devoto de la Virgen del Carmen ha agradecido a su presentador que fuera él quien le enseñase a quererla cada vez más. “No me puedo contener ante la hermosura del Carmelo”, ha afirmado para continuar explicando que su pretensión no era otra que la de “revivir las imágenes que tenemos en la memoria de novenas y procesiones”, a través de sus sentimientos. Así, ha narrado los “escalofríos” que siente al subir la cuesta, “al entrar en una iglesia repleta, al verla tan cerca, al perderme en los ojos de la Virgen”. Una emoción que resume al subrayar que pasa “del calor al frío al estar en esta casa”.
Rafael Barón ha comenzado, en ese momento, el recorrido por una salida procesional de 16 de julio, cuando “reina la Virgen del Carmen”. Y en el mismo, ella “es reflejo de nietos viendo rezar a sus abuelas, de lamparillas encendidas en vísperas de los Santos”. Las palabras del pregonero han confluido en la certeza de que Nuestra Señora es sinónimo de alegría. “Alegría de los niños del colegio, alegría de sus frailes”, la misma que cuando él enciende la candelería de su palio y le habla para pedirle que “si hay algún torcido, no lo tengas en cuenta, Madre, que será del cansancio de los niños de la Virgen”. El exaltador ha desgranado el itinerario de la procesión y no ha dudado en afirmar que el “palio de la Virgen es un joyero que guarda el mejor tesoro”. Se detiene al paso de Capuchinos, donde Dolores y Carmen, “las dos con corona dorada, penitencia y gloria, se funden en un abrazo”.
El pregón ha finalizado con el recorrido de una noche de 16 de julio. Antes se ha detenido al llegar a Santa Marina, donde ha tenido un recuerdo para Carmeluchi, repitiendo los ¡viva! que ella le dedicaba a la Virgen. Lírica, emoción y recuerdos aunados en una oración para la Reina del Carmelo, que ha hecho extensiva a los presentes y que ya se guarda en el escapulario de la memoria que “es reflejo de nietos viendo rezar a sus abuelas”.

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