¡Viva Cristo Rey! Un grito de perdón a los verdugos


La festividad del último domingo del año litúrgico y las reflexiones sobre los beneficios obtenidos por el Jubileo de la Misericordia centran la carta semanal del obispo

“¡Viva Cristo Rey! Es un grito de confesión de fe, es un grito de perdón a los verdugos, es una plegaria desgarradora para que venga a nosotros su Reino”. Estas reflexiones sobre el último domingo del año litúrgico y el reconocimiento de los beneficios obtenidos por el Jubileo de la Misericordia, donde “los pobres han ocupado el centro de atención”, suponen el núcleo de la carta semanal del obispo.

Cristo Rey
El obispo durante la misa de clausura del Año de la Misericordia./Foto: LVC

En la primera parte de la misiva, el prelado pone el foco de atención en análisis de lo que ha supuesto el Año de la Misericordia, que alcanza “su plenitud en el Corazón de Cristo, que nos ama hasta el extremo”. Asimsmo, explica que “tampoco se clausuran las obras de misericordia, sino que este Año nos ha impulsado a practicarlas continuamente como seña de identidad del cristiano, ya que “muchas las pobrezas que padece el hombre de hoy: falta de amor, desprecio y marginación, adicciones múltiples, prófugos y refugiados, víctimas de la trata y de la explotación sexual”. La valoración de Demetrio Fernández, en este sentido, es clara al expresar que esta celebración ha servido pa comprender “mejor que sólo el amor transforma el mundo, nunca el odio ni el enfrentamiento”. Es por ello que el obispo anima a ponerse “manos a la obra, a la obra del amor que brota del Corazón de Cristo y quiere llegar a todos los corazones, y no nos dejemos seducir por propuestas rápidas y engañosas”.
La parte final de la carta se centra en la celebración de Cristo Rey, que tendrá lugar este domingo. Para ello, el obispo utiliza el ejemplo del recién canonizado José Sánchez del Río y explica lo acontecido en la plaza de San Pedro en el momento en que el Papa lo proclamó santo. “Miles y miles de personas con la respiración contenida ante las palabras solemnes del Papa cuando los proclamaba santos. Y al terminar la fórmula latina, aquel silencio de la plaza fue roto por un grito: “¡Viva Cristo Rey!”, que me estremeció profundamente”, narra Demetrio Fernández. Éste concluye su mensaje proclamndo ese grito que ha sido el mismo con el que tantos “mártires han proclamado su amor a Cristo en el momento supremo del martirio en tantos lugares de la tierra. Es un grito de confesión de fe, es un grito de perdón a los verdugos, es una plegaria desgarradora para que venga a nosotros su Reino”.
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