"Si Leonardo o Velázquez hubieran tenido un ordenador lo habrían aceptado"


“Si Leonardo o Velázquez hubieran tenido un ordenador lo habrían entendido como una herramienta para mejorar”. Con estas y otras afirmaciones, en la siguiente entrevista, el diseñador Rafael de Rueda reflexiona sobre el uso de las tecnologías como herramienta para mejorar la velocidad y calidad de los trabajos para las hermandades. Además, recuerda sus comienzos, el tiempo en que se mantuvo al margen del ámbito cofrade, así como desvela algún proyecto que le quedó por hacer.
-¿En que está trabajando ahora?
-Aunque no puedo desvelarlos, se trata de dos trabajos para Córdoba muy interesantes y complejos y que supongo que tendrán bastante repercusión.
-Su trayectoria camina entre el ámbito gráfico y el diseño cofrade ¿Qué aporta un terreno al otro?
-Las herramientas. Te dan una mayor rapidez y puedes ofrecer más posibilidades a quien te pide un diseño. Solo te aporta velocidad. El gran error es pensar que el ordenador hace algo. Dibujar hay que dibujar a lápiz todo y luego escanearlo. Pero el coloreado, la simetría, solo haces una mitad de la pieza, es lo que te aporta la tecnología. Ésta te da la oportunidad de entregar, si manejas herramientas de diseño gráfico, un manto en 15 días, e incluso, se pueden realizar cambios en un tiempo prudencial. Realizarlo a mano, en ese plazo, es imposible. En definitiva lo que aporta es poder ofrecer más cosas en menos tiempo, no deja de ser una herramienta, igual que un destornillador, que solo encima de la mesa no hace nada y el que piense que el ordenador hace algo por sí mismo tiene un total desconocimiento de causa.
-¿Y se acepta esto en las cofradías?

El diseñador cordobés Rafael de Rueda./Foto: Jesús Caparrós
El diseñador cordobés Rafael de Rueda./Foto: Jesús Caparrós

-Hay dos sectores. El innovador, que acepta las tecnologías y más, por eso se realizan copias en 3D de las imágenes o se utilizan las radiografías para las restauraciones. Y hay otro que, para el mundo del diseño, prefiere el método artesanal. No hay que olvidar que se trata de un trabajo con una parte artística. Nadie vive de proyectos enmarcados en su casa de hermandad. La gente, el cofrade necesita un paso o un palio terminado y ahí entra la tecnología. El ejemplo para quienes piensan así es preguntarles ¿Por qué, entonces, no les quitan las técnicas de sacado de puntos a los tallistas? Si Leonardo o Velázquez hubieran tenido un ordenador lo habrían entendido como una herramienta para mejorar.
-¿La tecnología es la única innovación de los últimos siglos, dentro de su ámbito?
-Es que los cofrades siempre se han adaptado bastante bien a los cambios, aunque parezca que no. Por ejemplo, la adaptación de las cofradías a las redes sociales no ha sido traumática. O en la colocación d la cera de un paso.
-¿Recuerda su primer dibujo?
-El primero fue un cartel de cultos del Buen Suceso con un rotring del 0.2, a tamaño real. El segundo el de la hermandad del Prendimiento, que reeditaron hace poco tiempo.
-Desde entonces hasta ahora, cómo ha cambiado su trabajo.
-Salvo cuatro privilegiados, Miguel Ángel o Picasso por ejemplo, el arte mejora con la madurez. No es lo mismo dibujar a los 20 años que a los 50. La experiencia y el aprendizaje son constantes. Para el artista esto último es fundamental porque aplicas lo que aprendes. La madurez es vital, ya que la serenidad que te dan los años se nota en la calidad del trabajo. Hubo un dibujante japonés, Okusai que vivió alrededor de 100 años, que en su lecho de muerte se quejaba de que, ahora que estaba llegando a dónde quería artísticamente, no le daba tiempo a hacerlo. La madurez se consigue con el tiempo, a base de pulir y quitar capas.
-¿Se ve dibujando una saya con 80 años?
-En el arte, como en todo, hay que saber cuándo tienes que retirarte. Lo lógico es que pierdas pulso, velocidad. Dibujar sí, pero hay que aceptar que llega un momento en que no estás al mismo nivel.
-¿Entiende que haya quien no quiera retirarse?
-Depende de los valores con que te hayan educado y los que hayas aprendido en la vida y las circunstancias personales. Para mí la felicidad pasa por dibujar todos los días, pero no porque te lo reconozcan. De hecho, a mí al principio no me conocía nadie, me daba pánico. Lo divertido de esto es el proceso creativo, no el protagonismo.
-En la actualidad trabaja para casi todas las provincias andaluzas ¿Se imaginaba llegar hasta aquí?
-Nunca pensé que llegara a ser algo más que una afición. Sencillamente, solo quería dibujar las cosas de la hermandad de mi barrio. Es más hubo un tiempo en que me retiré y fue la insistencia de la hermandad de la Expiración la que me hizo, en certa medida, regresar.
-Hablamos de hace unos 15 años ¿Cómo recuerda aquellos momentos?
-Soy un apasionado de mi trabajo. Realizo con el mismo interés el logotipo de una empresa que el manto de una Virgen. En aquella época, los boletines eran el compendio de todo lo que te gustaba, en un solo trabajo. Lo pasé muy bien.
-Ahora, el papel se ha convertido en un elemento de culto.
-Exacto. Obsoleto no, de culto. Ahora es un elemento a conservar como algo muy preciado. Recuerdo que cuando salieron las tabletas de lectura la gente decía que el papel había muerto. No fue así porque hay una parte que pocos entienden y es que necesitamos el contacto físico. El hecho de pasar las páginas de una novela no es comparable a poner el dedo en una pantalla.
-En su blog aparecen diseños que realizó y no llegaron a materializarse ¿Le queda la espinita de alguno?
-No, porque esto no deja de ser un trabajo. Oferta y demanda. Además tiene una parte artística, por lo que puede que no guste y no te puedes enfadar, ya que el gusto es subjetivo. Los dibujos que no salieron se deben a muchas circunstancias. Y luego hay alguno, como el que me pidió un amigo y, en el proceso de creación lo pasé muy bien porque es un gran manto y cumplió las expectativas de ese amigo que me lo había encargado. No hubo una hermandad que me lo encargara y por eso no me puedo sentir decepcionado. Que me hubiera gustado verlo, sí.
-¿Hay algo que no haya hecho de lo que se arrepienta?
-No haber estudiado Bellas Artes. No por el hecho de tener una nómina o algo similar. No me arrepiento de nada más porque mi escala de valores es muy básica. Si por la mañana hace un día bonito, me tomo un café aquí mismo, paso el día dibujando y estoy con mi familia; con eso ya me es suficiente.

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