La Catedral acoge la música del entierro de Mozart

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En una misa, presidida por el obispo, y marcada por el sentido de la vida eterna y alusiones a la biografía de Mozart, la Orquesta de Córdoba y el Coro de Ópera CajaSur emocionan a un auditorio lleno

La Catedral ha acogido la música del entierro de Mozart. El reconocido Réquiem, la Orquesta de Córdoba y el Coro de Ópera CajaSur han emocionado a un auditorio repleto para celebrar la misa, presidida por el obispo, y marcada por el sentido de la vida eterna y alusiones a la biografía de Mozart.

La Orquesta de Córdoba y el Coro de Ópera de CajaSur, durante la interpretación del Réquiem./Foto: Cabildo Catedral (entierro)
La Orquesta de Córdoba y el Coro de Ópera de CajaSur, durante la interpretación del Réquiem./Foto: Cabildo Catedral

En la festividad de Todos los Santos de 2013, el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart resonaba en el Conjunto Monumental Mezquita-Catedral de Córdoba. Uno de los creadores más reconocidos de la historia de la música que, pese al paso de los siglos, no ha perdido vigencia, actualidad y capacidad de emoción. Los hechos así lo demuestran y la celebración de este martes 1 de noviembre, en el primer templode la Diócesis, así lo demuestra. En su cuarta edición consecutiva, la solemne celebración litúrgica volvió a ratificar tanto el aspecto devocional como el artístico que atesora el conjunto monumental.
La Orquesta de Córdoba y el Coro de Ópera de CajaSur mostraron una conjunción perfecta, a través de una interpretación sobrecogedora que elevó, más si cabe, el aspecto espiritual para el que los fieles fueron convocados. Y estos acudieron por dos millares. Este hecho daba la razón a las declaraciones precedentes del director de la Fundación CajaSur, Ángel Cañadillas, cuando señalaba que el acto “tiene toda la fuerza de los eventos que se convierten en tradiciones y permanecen”. Así como al propio presidente del Cabildo, Manuel Pérez Moya, quien señalaba que la conmemoración de los difuntos supone “crucial para los creyentes, pues nos coloca frente a la certeza del más allá, ante la convicción de la continuidad de la vida”.
Al igual que en la celebración matinal en el cementerio de San Rafael el prelado aludía a que “la muerte es un trago amargo y doloroso, pero no es el final”; en el templo catedralicio sus disquisiciones abundaron en este sentido, centrado en la vida eterna. Además, Demetrio Fernández subrayó la religiosidad que inundaba al compositor austriaco e hizo alusión a una curiosidad a los momentos posteriores a su entierro, cuando el 10 de diciembre de 1791, cuando tuvo lugar una ceremonia en memoria de Mozart en la iglesia de San Miguel de Viena, donde se interpretaron fragmentos del Réquiem.

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