El Amparo, más de una década de procesiones


La Virgen de Navarro Arteaga recorre las calles de la Axerquía y deja la impronta de la elegancia que actúa como denominador común en todos los actos que organiza la hermandad del Huerto

Nuestra Señora del Amparo ha superado, en su salida procesional de esta tarde, más de una década recorriendo las calles de la Axerquía. Tras la misa conmemorativa de la festividad de Todos los Santos en la iglesia de San Francisco, a las 18:00, la Virgen de Navarro Arteaga ha dejado la impronta de la elegancia que actúa como denominador común en todos los actos que organiza la hermandad del Huerto.

Nuestra Señora del Amparo en su salida procesional./Foto: Eva M. Pavón
Nuestra Señora del Amparo en su salida procesional./Foto: Eva M. Pavon

La estampa del primero de noviembre por el Compás de San Francisco, la plaza del Potro, Armas, la de las Cañas, la “Plaza Grande”, Tundidores, Maese Luis o el Huerto de San Pedro el Real; han dejado un anochecer lánguido en la ciudad que se ensimisma con la última procesión del año. La Virgen del Amparo ha puesto el broche a meses de devoción diversa que camina desde la Semana Santa hasta las procesiones letíficas o extraordinarias. Sin embargo, guarda la particularidad de que, en su primera salida, el 15 de enero de 2006, abrió el año al resto de corporaciones. Una década más tarde, la noche languidece ante su mirada serena que recuerda a la antigua imagen gloriosa del Huerto, Nuestra Señora de los Dolores Gozosos, antigua talla datada en el siglo XVII.

Los detalles se suceden al paso de la titular letífica por la Axerquía. El blanco roto de los faldones, que se relaciona con el color litúrgico de la jornada; la flor, dispuesta con precisión, que mañana, día de los difuntos, desaparecerá de los altares; o la música, que adormece los sentidos a través de un estudiado repertorio clásico; conducen la última salida del año. La misma que se refleja en cada arruga en la frente del capataz, Luis Miguel Carrión, como muescas del camino recorrido en esta década prodigiosa en que la cofradía ha seguido su crecimiento y ha consolidado su propia historia en el Señor Amarrado a la Columna o en la misma Virgen. El Compás de San Francisco ha escuchado el penúltimo salmo, convertido en marcha, que ha susurrado al paso de Nuestra Señora del Amparo, durante más de una década de procesiones.

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