Un nuevo altar para Santa María de Todos los Santos


La imagen que comparte nombre con la parroquia de la Trinidad preside el altar mayor con la peana de la hermandad de la Vera Cruz de Cabra

Santa María de Todos los Santos ya preside el altar mayor de la parroquia de la Trinidad. La nueva disposición que se ha habilitado para esta Dolorosa, en actitud orante, cuenta con diversos puntos de interés, como las reliquias de San Juan de Ávila y Santa Rafaela María que se sitúan a los pies de la peana, cedida por la hermandad de la Vera Cruz de Cabra.

Santa María de Todos los Santos en su altar./Foto: Jesús Caparrós
Santa María de Todos los Santos en su altar./Foto: Jesús Caparrós

Córdoba atesora su rico patrimonio en muchos aspectos. Algunos de los mismos pasan, en ocasiones, desapercibidos para el gran público, pero atestiguan la cultura de una sociedad que, en este caso, incide en su vertiente devocional. Ese patrimonio se materializa en imágenes tan sugerentes como la de Santa María de Todos los Santos. La Dolorosa de la Trinidad, que tanto evoca a grandes devociones de la ciudad, con su rostrillo, su actitud orante o su tez pálida, da la medida de un tiempo en que la fe se contenía en las plegarias anónimas que dejaron su recuerdo en Omnium Sanctorum y San Juan de los Caballeros. El camino de, prácticamente, nueve siglos de religiosidad recuperada.
El patrimonio conservado también se aprecia en esta Virgen que restaurara Enrique Ortega y a la que devolviera el aspecto con que fue concebida. La imagen que cuenta en su mirada centenares de otras tantas y el recuerdo de las manos de Miguel Arjona, cuya labor durante la segunda mitad del siglo XX posibilitó un nuevo auge en la conservación del acervo religioso. Las imágenes narran historias tan particulares, que solo cada devoto comprende. Y la de Santa María de Todos los Santos, ahora abre un capítulo más en el altar mayor de la Trinidad.
Flanqueada, en sus capillas, por el Cristo de la Providencia, María Santísima de Trinidad, la Santa Mujer Verónica o el Cristo de la Salud, entre otras piezas; la Dolorosa presidente un altar doselado, con un nutrido número de puntos de luz y a cuyos pies, atestiguando la historia, las reliquias de un sacerdote mártir cordobés de la Guerra Civil, Francisco Solís, así como las de Santa Rafaela María y San Juan de Ávila. La base mística de un altar que se alza a través de una interesante peana para elevar a la imagen que llama a cada feligrés durante el Triduo que la conmemora en torno a su celebración. Y que alza sus puntos de luz sobre la base de los carceleros de la Esperanza y la cera cedida por la hermandad del Perdón, mientras se conjugan con la flor, propia de la fecha, exornada con mimo por Pinsapo. El recuerdo a los difuntos se deja caer en las aristas de su manto que juega con la saya, en un conjunto blanco, propio de la festividad de los Santos y alejado del luto, para mantener la esperanza en la vida eterna.