“En un florista nunca debe primar el trabajo sobre la imagen”


El historiador del Arte Rafael Cuevas recorre la historia Semana Santa de Córdoba a través de la flor, en la segunda conferencia del ciclo que organiza el grupo joven de la hermandad del Caído

El historiador del Arte y reconocido cofrade, Rafael Cuevas, ha recorrido la historia Semana Santa de Córdoba a través del uso de la flor desde el siglo XIX. En la segunda conferencia del ciclo que organiza el grupo joven de la hermandad de Jesús Caído, Cuevas ha subrayado que “en un florista nunca debe primar el trabajo sobre la imagen”.

Palio de Nuestra Señora del Rosario, en imagen de archivo./Foto: LVC
Palio de Nuestra Señora del Rosario, en imagen de archivo./Foto: LVC

La ponencia realizada por Cuevas ha contado con una amplia exposición audiovisual en la que, las fotografías mostradas, han dado buena cuenta del progreso que, durante décadas, ha experimentado el arte de exornar los pasos. Así, el reconocido florista ha comenzado su intervención con el recuerdo de imágenes tan emblemáticas como las de Jesús Caído, Dolores o Angustias, cuyos pasos ha definido como altares. “Y como altares que eran, así se decoraban”, ha señalado para descubrir que, para los mismos se utilizaban las variedades propias de la época, que se hallaban en los compases, en los jardines de la ciudad o en las huertas.
Con la llegada del siglo XX, Rafael Cuevas ha ido desgranando, década por década, las características del exorno floral. De la primera mitad de la centuria ha explicado que se tiene un leve cuidado por el aspecto que presentan los pasos, para señalar que “se realizaba con un marcado carácter devocional y monjil”. En este punto, al llegar a la segunda mitad del siglo pasado, el historiador del arte pone el foco de atención en “la primera gran figura con que evoluciona este ámbito de las cofradías, la de Juan Martínez Cerrillo”. Y resalta como el polifacético imaginero asume los conceptos que se trabajan en Sevilla, que ya estaba definido en la década de 1920, y los importa a la capital cordobesa en la de 1960 a “sus vírgenes como la Paz y Esperanza, la Alegría o la Esperanza.
En ese momento de la exposición, expone el historiador del Arte y florista que, aun los pasos de Cristo se decoraban con formas livianas. Y llega a la década de esplendor de 970, donde resalta la figura de Plácido Pérez y “comienzan a marcarse estilos y llega la uniformidad y una profesionalización. Las décadas de 1980 y 1990 vienen determinadas por el uso del gladiolo y “el excesivo de la flor que esconde estructuras del propio paso, peanas o esquinas”. Otra nota característica de esta etapa es que, quienes se dedican estas labores, “son devotos con cierta destreza”, en dicho plano. Para confluir en los años 2000 con la llegada de empresas profesionales en el sector, que otorgan una nueva perspectiva dentro del ámbto de la flor.
La parte final de la conferencia de Rafael Cuevas ha estado dedicada “al poder de las imágenes”, donde Jesús Caído ha gozado de un imprescindible protagonismo y, parafraseando a Carlos Colón, ha señalado que todo lo que existe alrededor de la imagen “es la cáscara que envuelve lo auténtico”.

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