La Iglesia acompaña a una humanidad extenuada y abandonada


El lema del Domund de este año es una llamada a la Iglesia a salir de la conciencia aislada , para salir al encuentro del necesitado, para ser una “Iglesia en salida”

La Iglesia acompaña a una humanidad extenuada y abandonada. Bajo esta frase extractada de su carta semanal, el obispo realiza un profunda y necesaria reflexión obre la celebración del Domund y las connotaciones que tiene con respecto a la misericordia y la misión. Así, asegura que “el lema de este año es una llamada a la Iglesia a salir de la conciencia aislada, para salir al encuentro del necesitado, para ser una Iglesia en salida”.

Misionera en Zambia.
Misionera en Zambia. /Foto: LVC

El prelado desarrolla, en la primera parte de la misiva el relevante papel que posee la Iglesia “en medio de la humanidad”, para destacar cuál es su misión en torno a la celebración del Domingo de las Misiones. Un ámbito que, relacionado con el lema escogido para este año, Sal de tu tierra”, engarza con el final del Jubileo de la Misericordia. Es por ello que segura que “la Iglesia se siente enviada a que todos se salven y experimenten el amor de Dios. Su misión es ser «testigo de la misericordia» de Dios”.
El paradigma de la misión, íntimamente ligada a la misericordia y sus obras, supone el núcleo central del mensaje semanal del obispo, que no duda en afirmar que “la auténtica solicitud misionera de la Iglesia se encuentra unida a la fidelidad a la misericordia divina, de ahí toma fuerza la disponibilidad para realizar obras de promoción humana y espiritual, que testimonian que la misericordia es y sigue siendo la fuerza de la misión”. Este hecho viene a poner de relieve la importancia sustancial d la misericordia que, a la postre “es el único criterio según el cual todo debe ha-cerse y no hacerse, cambiarse o no; es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender”.
En el apartado final de la carta, Demetrio Fernández retoma el pulso de Domund para exhortar a que “nos involucremos en la construcción de un mundo nuevo donde reine el amor; don-de la grandeza se muestre en la capacidad de hacerse pequeño, último y servidor de los demás”. Y tiene palabras para la misión de Picota, en Perú, donde está muy presente la diócesis de Córdoba y subraya que “los que han ido desean volver, quedan enganchados”.
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