“Las marchas propias son como el ajuar de las imágenes”


'La música, patrimonio inmaterial de nuestra cofradía', es el título de la primera conferencia del ciclo organizado por el Grupo Joven de la hermandad del Caído

La música, patrimonio inmaterial de nuestra cofradía, fue el título de la primera conferencia del ciclo organizado por el Grupo Joven de la hermandad del Caído, pronunciada en la capilla de la corporación de San Cayetano por Rafael Wals Dantas sobre las marchas dedicadas a sus titulares.

Rafael Wals, en un momento de su conferencia. marchas
Rafael Wals, en un momento de su conferencia./Foto: LVC

Bajo la presidencia de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, que ocupa de forma excepcional el camarín de Jesús Caído mientras éste es restaurado, el compositor reivindicó la importancia de las composiciones propias como elemento fundamental en la identidad de la cofradía. Como patrimonio inmaterial que necesita valorarse, y que debe conjugar con el resto de la hermandad, del mismo modo que los bordados hacen juego entre sí.
Para ello, quien primero debe valorarlas es la propia hermandad, e interpretarlas, no de forma exclusiva, porque eso empobrecería el repertorio, pero sí con mayor frecuencia y en los lugares más emblemáticos del recorrido, “Sobre todo si son composiciones de gran calidad, como las que tiene nuestra hermandad”, añadió. Recordó además cómo, en la salida extraordinaria por el CCL aniversario, a todos había emocionado ver por primera vez a la imagen de Jesús Caído caminando con su marcha, y que no había razón para no repetir ese momento cada año.
Tras definir la marcha como género y desglosar sus características de tempo y estructura, Rafael Wals analizó las principales composiciones dedicadas a la hermandad: Jesús Caído, de Enrique Báez, a la que definió como “una de las marchas más completas de Córdoba”. Paz Eterna, de María Teresa Teixidor, -asumida como propia por la cofradía aunque dedicada al que fuera su hermano mayor, Manolete-, de la que dijo que era “Solemne, pero no fúnebre”, y “Tras comenzar con un lamento, terminaba en la Luz”. Y finalmente Soledad en Jueves Santo, de Francisco Conde Marugán, de la que defendió su calidad, “en un tiempo difícil para la buena composición”.
A lo largo de la amena conferencia, Wals dialogó con el joven público presente, y acompañó sus explicaciones tocando al piano fragmentos de varias composiciones. A modo de despedida, para finalizar interpretó íntegramente Paz Eterna.

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