El baldaquino que inspira al de la Virgen de las Tristezas


El baldaquino que inspira al que realizan Miguel del Moral y Miguel Arjona para la Virgen de las Tristezas se encuentra en la iglesia de San Pablo, en la capilla del mismo nombre que el de la Virgen del Rosario de Gloria. La misma que ha estado expuesta a los pies de los fieles, delante de un altar con numerosas y flor rosa, ha estado ataviada con una saya blanca y manto negro, en clara alusión a la orden de los dominicos. Además, ha lucido rosarios y joyas que recuerdan al estilo con que se engalana a las vírgenes cordobesas.

Baldaquino de la Virgen del Rosario de Gloria./ Foto: Eva Pavón
Baldaquino de la Virgen del Rosario de Gloria./ Foto: Eva Pavón

La hermandad de la Expiración, hace algunos años, recuperaba esta devoción que en el siglo XVIII gozó de gran esplendor. Una imagen, a su vez, por la que la corporación del Viernes Santo muestra un gran respeto y a la que se encomienda un besamanos y una función. De hecho, esta Virgen tuvo mucho que ver en la coronación de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos, puesto que uno de los aspectos que, el entonces obispo de Córdoba, José Antonio Infantes, premia para la misma es la devoción al rosario en San Pablo a lo largo de los siglos y, la advocación letífica, tiene bastante que ver con la misma.
Esta imagen se relaciona, cronológica y artísticamente, con otras devociones dieciochescas de Córdoba que tuvieron un gran auge y que siguen conservándolo, como la Virgen de los Remedios de San Lorenzo o Nuestra Señora del Socorro Coronada. Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes y que, normalmente, pasan más desapercibidos, en relación con la Virgen del Rosario de Gloria, se sitúa en su capilla. En la misma se conserva aún un baldaquino que, siglos atrás, fue parte del paso con que, esta entrañable imagen, procesionó por las calles de Córdoba. En la comparativa que se establece entre ambas piezas, puede apreciarse como éstas guardan algunas similitudes, que obedecen al profundo conocimiento que Arjona y del Moral poseían sobre el patrimonio cordobés, así como una claro concepto artístico, capaz de buscar la esencia misma de la pieza.

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