"Si no existiera la música, creo que no podría trabajar la escultura"


El imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado explica cómo Ferrán Adriá ha influido en su proceso creativo

El imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado confiesa que si no existiese la música, no podría trabajar la escultura. En la siguiente entrevista, más allá de ahondar en una nutrida producción de obras para numerosas hermandades y particulares, el artista explica las claves del proceso creativo, de la emoción ante la obra, d las diversas disciplinas que lo inspiran o sobre las diferentes etapas que mueven la personalidad del artista frente a su labor.
-¿En qué está trabajando?
-En dos piezas complicadas, una maternidad y una Virgen con San José, para las parroquias de San Nicolás y Cristo Rey. En una semana comienzo a realizar un Amarrado a la Columna y, también en breve, un San Juan para un particular y algún otro proyecto interesante hay en perspectiva.
-¿Antepone una gran producción de trabajo a la calidad del mismo?
-Por supuesto. Llevo varios años siguiendo esa política, ya que lo que de verdad merece la pena es hacer una obra de auténtica calidad. Intento seleccionar los trabajos muy bien y realizarlos con auténtica conciencia de artista. Además, en esto ha influido la madurez por la que atravieso, y es que siempre me pregunté qué era la madurez artística y me di cuenta cuando me llegó. Tengo que aprovechar tanto la capacidad como la responsabilidad que te da la edad.
-Esa capacidad o técnica, ¿es incompatible con la inspiración?
-Cada etapa (artística) tiene sus características. Cuando empiezas todo es más fresco y sustituyes esa falta de recursos técnicos por el romanticismo y la ilusión. Si tienes nivel, a pesar de los defectos, sale. Ahí tenemos a prueba del Gran Poder, que es una obra con innumerables deficiencias técnicas, pero esas mismas son la que lo hacen grande porque tiene la esencia de lo que es Juan de Mesa, a pesar de todo. Eso ocurre en los comienzos y, si tienes inteligencia y sabes rebuscarte, evolucionarás y ofrecerás al cliente lo mejor de ti. Si no lo haces, tendrás obras de joven que no has conseguido de mayor. Puedes tener la madurez artística, la técnica y la inspiración, pero no es fácil.
-Habla de imperfección ¿Se puede entender que es una nota característica de muchas grandes obras?
-El Cachorro es una muestra de obra perfecta, técnica y emocionalmente. Para mí es el paradigma de la fusión entre inspiración y capacidad técnica por originalidad, concepto y otros muchos elementos. En las personas pasa igual. Por ejemplo, ¿Julia Roberts es guapa? Indudablemente ¿Es atractiva? Indudablemente ¿Tiene la boca grande? Indudablemente. Pero, en qué te fijas, en el tamaño de su boca o en cómo sonríe. ¿Qué definimos como defecto? No es fácil. Creo que si la obra transmite y emociona, es perfecta.
-Hablaba antes de las etapas artísticas ¿Siente que en algún momento de su trayectoria ha dejado de evolucionar?

Miguel A. González Jurado en su taller./ Foto: Jesús Caparrós
Miguel A. González Jurado en su taller./ Foto: Jesús Caparrós

-Nunca he tenido esa sensación, pero creo que es por una cuestión de personalidad. Soy una persona muy curiosa y me pregunto e indago. Eso también se debe a que paso muchas horas trabajando en soledad y me gusta escudriñar y enriquecerme con todo. Me sumerjo en todo lo que me pueda aportar, como la música, el deporte o la cocina. Cuando tienes ese esquema en tu cabeza es muy difícil que pases baches porque tienes tantas cosas positivas que siempre, alguna de ellas, va a tirar de ti. Si te digo que a mí Ferrán Adriá me ha ayudado, con su esquema creativo, habrá quien piense qué dice este tío, pero es así porque todos los procesos creativos tienen muchos puntos en común.
-Entiendo que su imaginería se enriquece de otras artes, en este caso contemporáneas.
-Absolutamente. No puedo ser impermeable al mundo en el que vivo. También sé en el ámbito que trabajo y yo mismo me limito porque me debo al encargo. Dentro de esa idea dejo fluir mi imaginación hasta donde sé que el cliente me va a aceptar. No puedo perder de vista que trabajo para cofradías.
-Encargo e imaginación en una misma respuesta ¿Cuánto hay de imaginación en la imaginería actual?
-Bien poco. Hay mucho de personalidad. En imaginería hay mucho de nuestra forma de ser, de subjetividad, en el sentido de cómo observamos la realidad, cómo nos hemos criado, cuáles son nuestras inquietudes y hasta la propia forma de ver los colores. Eso se refleja en el trabajo. La base de la imaginación es la libertad, en los circuitos de galerías de arte tú propones y el cliente te lo acepta, te lo compra, o no. En las cofradías el encargo te viene preestablecido. Creo que no tengo que decir más.
-Descartes es el primer filósofo en cuestionar la realidad ¿Cuándo alguien observa una imagen, tan delimitada en un ámbito concreto como el de las cofradías, cree que la puede ver desde otra perspectiva?
-Decía otro clásico que el fin último del arte es buscar la esencia de las cosas, no su apariencia. Estoy muy de acuerdo con eso. La esencia del arte contemporáneo es la libertad, no la belleza. El arte está vivo cuando te emociona y se produce porque transforma la realidad y la tuya propia cuando contemplas la obra.
-Hablaba de emoción ¿Con que perspectiva observa sus imágenes?
-No niego que hay algunas obras, siempre cito a la Magdalena de Doña Mencía, que me emocionan muchísimo. Pero no es fácil que me emocione una obra mía porque la perspectiva crítica de tu propio trabajo te impide disfrutarlo. Decía Josep Carreras que no iba a la ópera, como espectador, porque solo estaba atento a los aspectos técnicos y no disfrutaba de la representación. A mí, en cierto modo me ocurre igual, ya que no soy capaz de ver una obra propia sin someterla al escrutinio de la crítica. En cambio, no hay una sola obra con la que no me haya emocionado, no una sola vez, sino muchas, durante el proceso de ejecución. Hay infinidad de momentos mágicos cuando estoy solo ante la obra.
-El proceso es más importante que el resultado.
-Puede que el proceso lo disfrute más porque estoy ante mí mismo. Luego, compartirlo con los demás es bonito, pero quizá el proceso lo considere más importante.
-¿La soledad es parte indisociable de ese proceso?
-Es muy importante para el proceso, en ese diálogo tan íntimo con el arte. Aunque, en verdad, nunca trabajo solo porque siempre tengo la radio puesta. Si no existiera la música, creo que no podría trabajar la escultura.

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