La llegada del Señor del Silencio contada en cuatro testimonios


El hermano mayor y el presidente de la Agrupación de Cofradías de aquel momento, junto a los dos artífices de su llegada explican cómo vivieron aquel traslado de la imagen

Este domingo 25 de septiembre, la hermandad del Amor se ha trasladado a Cádiz para celebrar, en la iglesia de San Antonio, una misa conmemorativa del 25 aniversario de la llegada a Córdoba, desde la tacita de plata, de Nuestro Padre Jesús del Silencio. La misma estará presidida por el gran impulsor de que la imagen llegase a la capital cordobesa, fray Ricardo. Junto a él, el por entonces hermano mayor del Amor, Joaquín Santiago Fenoy; el presidente de la Agrupación de Cofradías, Juan Villalba; así como el representante del grupo de devotos gaditanos del Silencio y, durante algunos años, capataz de su cuadrilla, Silverio Sotomayor; desgranan los diferentes testimonios de lo que para ellos supuso aquel mes de septiembre de 1991.

Nuestro Padre Jesús del Silencio./Foto: Jesús Caparrós (llegada)
Nuestro Padre Jesús del Silencio./Foto: Jesús Caparrós

El fraile capuchino, en la actualidad destinado en Jerez de la Frontera, narra cómo al terminar una predicación a la Virgen de Regla en Cádiz, un grupo de personas lo abordó para explicarle la problemática que tenían en torno a la imagen. La misma radicaba en la imposibilidad de darle culto externo, a consecuencia de un decreto del Obispado de de Cádiz-Ceuta, en este sentido. Así, como él mismo explica, se puso rápidamente en marcha y confiesa que el primer destino que pensó para la talla de Luis Ortega Bru no era otro que la ciudad donde ahora reside y que cuenta con una arraigada Semana Santa. La cercanía con la capital gaditana hizo que desechara esta posibilidad y decidió que Córdoba era el lugar idóneo para que se pudiera rendir culto al Señor del Silencio. Su buena relación con el hermano mayor del Amor y, a su juicio, la perfecta adecuación que supondría la incorporación de la efigie al seno de la corporación del Domingo de Ramos propiciaron que fray Ricardo realizará el ofrecimiento.
Joaquín Santiago Fenoy
“Cuando me llama Ricardo y me lo cuenta no podía creerlo ¿Cómo nos iban a donar una talla de estas características y, además, de Luis Ortega Bru?”, recuerda el entonces hermano mayor del Amor. Él mismo hace memoria de la primera toma de contacto con el grupo de Cádiz en la antigua cafetería América de Sevilla y al contemplar unas fotografías del Señor se percata de la grandiosidad de la misma y de lo que, de obtener el beneplácito de la autoridad eclesiástica, se avecinaba para la corporación de Jesús Divino Obrero. Sin olvidar que se trató de una apuesta valiente y arriesgada, que en parte atribuye a la juventud, ya que se trataba de una hermandad sencilla, incardinada en un barrio humilde y que, además, sería la primera en Córdoba que desfilara con tres pasos.
La emoción fluye en sus palabras, al recordar aquellos días de septiembre de 1991. Y confiesa que, cuando está ante el Señor del Silencio le da las “gracias por todo lo vivido junto a él”. Tampoco olvida Joaquín Santiago la labor de otras personas que aportaron su esfuerzo, como el antiguo párroco del Cerro, Antonio Prieto, del que subraya que no puso reparos a la llegada de la imagen; a su junta de gobierno, de la que manifiesta haber sentido en todo momento su respaldo y apoyo; a Silverio Sotomayor y a todo el grupo de devotos del Señor del Silencio que se desprendieron de él para entregarlo a la hermandad; y a Juan Villalba que supo ponerse siempre al servicio de la cofradía.
Juan Villalba
El expresidente de la Agrupación de Cofradías explica cómo Joaquín Santiago le trasladó su deseo e interés por que hiciese las gestiones oportunas ante la autoridad eclesiástica para hacer posible la donación y subraya que puso todo su esfuerzo e interés para que la misma llegara a buen término. Villalba indica que guarda recuerdos imborrables de cada uno de los días en los que la imagen estuvo en la sede de Isaac Peral, prácticamente dos meses, aunque fue especialmente emotivo el momento de la llegada y, por su relevancia mediatica, la salida en Vía Crucis a su actual sede. Mientras que sobre el traslado a Jesús Divino Obrero destaca que resultó emocionante por dos motivos contrapuestos. Por un lado ver con satisfacción la alegría de los hermanos del Amor acogiendo a su nueva imagen. Por otro, no menos conmovedor le resultó el sentimiento de pena, pero a la vez de alivio, de los devotos de Cádiz que veían al fin, que su querido Señor tenía las bendiciones eclesiales y estaría expuesto al culto. Pasados los años, el expresidente duda en describir sus sensaciones cuando contempla a la imagen, que le provoca “una sensación de bienestar y satisfacción comprobando que pude aportar un grano de arena para que una talla, de tanta categoría artística, pueda pasear por las calles de nuestra ciudad y se haya ganado la devoción y admiración de tantos cordobeses”.
Silverio Sotomayor
La figura de este gaditano es también imprescindible, no solo para entender la llegada del Señor del Silencio a Córdoba, sino para comprender la figura de su hacedor, Luis Ortega Bru. Silverio Sotomayor recuerda que el Señor llego a la sede de la calle Benjumea un 1 de noviembre y como, en marzo del año siguiente, el imaginero sanroqueño acudió a la bendición del Cristo del Perdón y fue invitado a ver a la imagen. “Pienso que él creía que la teníamos en una especie de almacen y se sorprendió al ver como teníamos dispuesto al Señor”. Describe cómo habían acondicionado la estancia con cortinas, cirios, incienso y lampadarios para que la talla estuviera de la forma más digna posible. La emoción del recuerdo de aquellos años se aprecia en cada palabra del que fuera capataz de la cuadrilla de su venerada imagen. A día de doy, la primitiva sede de Nuestro Padre Jesús del Silencio, recuperada por sus devotos años después de que el Señor partiera a Córdoba, guarda la memoria de aquella década de 1980 con cuadros y fotografías que verifican una historia, atestiguada en cuatro nombres, fray Ricardo, Joaquín Santiago Fenoy, Juan Villalba y el propio Silverio Sotomayor.

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