Los dos azulejos del Señor del Silencio


En la semana en que se cumplen 25 años de la llegada de la talla de Ortega Bru a Córdoba se recuerdan dos piezas que hablan del origen y el destino final de la misma

La imagen de Nuestro Padre Jesús del Silencio posee dos retablos cerámicos, uno en Córdoba y otro en Cádiz, realizados por el mismo autor, Antonio Linares, que narran la particular de la talla que, en el caso cordobés son los hechos acontecidos el Domingo de Ramos de 1992, cuando la Imagen hubo de refugiarse en la iglesia de San Francisco.

Retablo cerámico del Señor del Silencio en Cádiz./Foto: Jesús Caparrós
Retablo cerámico del Señor del Silencio en Cádiz./Foto: Jesús Caparrós

El 25 de septiembre de 1991 la imagen de Nuestro Padre Jesús del Silencio en el Desprecio de Herodes llegaba a Córdoba. Concretamente, la talla que gubiara Luis Ortega Bru se custodiaba en la calle Isaac Peral, sede de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, a la espera de que se cumplieran los trámites para que el Señor esculpido por el imaginero sanroqueño llegara a Jesús Divino Obrero. En tal fecha tan señalada para la Córdoba cofrade, y en especial para la Hermandad del Amor, que ya está inmersa en los actos conmemorativos del 25 aniversario de la llegada del Señor del Silencio, dos retablos cerámicos, uno en el cordobés Compás de San Francisco y el otro en la fachada de la Residencia de las Hermanas de la Cruz en la gaditana calle Zaragoza, esquina con Benjumea, dejan constancia de una historia que, aun hoy, une a las dos capitales andaluzas a través de una intensa devoción.
El destino de las dos piezas quiso que las mismas salieran del mismo taller, el de Antonio Linares, en la localidad gaditana de Villamartín. Realizado en 1990 y con unas dimensiones que oscilan entre los 1.35 por 1.95 metros, el azulejo de la calle Zaragoza conmemora la etapa en que la imagen fue venerada en Cádiz y que, durante parte de la década de 1980, presidió el ejercicio del Vía Crucis por su feligresía en la jornada del Viernes de Dolores. El mismo está marcado por un estilo netamente barroco.
Linares Rodríguez elaboraba tres años más tarde, en 1993, una pieza de características similares que, en esta ocasión, se destinaba a conmemorar los hechos acontecidos el Domingo de Ramos de 1992, cuando la imagen se refugió en la iglesia de San Francisco con motivo de un percance sobrevenido a la misma. En el retablo cordobés se expresa la gratitud, transcrita en la leyenda de la cartela inferior, tanto a la parroquia como a las cofradías del Huerto y de la Caridad, y posee unas dimensiones aproximadas de 1.20 por 1.65 metros, algo más reducidas que su homóloga gaditana. Un cuarto de siglo nos separa de unos acontecimientos que ya son parte de la historia de una devoción que trascendió de Cádiz a Córdoba y que se atestigua en dos notables piezas que han dejado constancia de aquellos acontecimientos.

1 Comentario

  1. Por que no cuenta la verdad de toda esta historia un poco enredosa todos los problemas que tuvieron los Sr de Cadiz con el obispo de cadiz la problematica con algunos hermanos mayores de cordoba hay para escribir un libro no hes oro lo que reluce pregunte al cura por el dosier de cadiz veraz como no le interesa hablar

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