Juan José Aguirre siente que los cordobeses lo ven como algo suyo


En la entrevista, el obispo de Bangassou habla de la realidad, marcada por la violencia extrema, que sufre su Diócesis, donde " la muerte está muy barata" e intenta ofrecer a las personas esperanza

El obispo de Bangassou, Juan José Aguirre, siente que los cordobeses lo ven como algo suyo. En esta entrevista, el prelado nacido en Córdoba reflexiona sobre la realidad, marcada por la violencia extrema, que sufre su Diócesis, donde ” la muerte está muy barata” e intenta  desdramatizar y ofrecer a las personas esperanza. La integración de la mujer en la sociedad, la formación o las ayudas que reciben, tanto del Cabildo Catedralicio como de personas anónimas, son algunas de las cuestiones que centran su reflexión.
-¿Cómo es la situación actualmente en Bangassou?
-Es una situación complicada porque tenemos grupos rebeldes muy violentos que nos están atacando. Entonces, la vida se hace más pesada, la muerte está muy barata. Vivir se hace a pedazos. Estamos animando a la gente para que, no obstante de las bombas, sigan adelante. Intentamos desdramatizar y darles esperanza. Ése es nuestro trabajo allí y no se pueden hacer muchas más cosas. Es dar esperanza a la gente que está casi hundida por el peso de las bombas.
-¿Cómo se mantiene la esperanza a esas personas que, fruto de dicha violencia, pierden lo único que tienen, e incluso, son secuestradas y les obligan a realizar actos que les arrebatan su propia dignidad? ¿Cómo recuperar la esperanza?

Juan José Aguirre en el Patio de los Naranjos./Foto: Jose I. Aguilera
Juan José Aguirre, en el Patio de los Naranjos./Foto: Jose I. Aguilera

-Nos están pegando por todos sitios. Por poner un ejemplo, es como un burro al que le están pegando palos y los aguantamos, soportando robos, secuestros, saqueos. Nosotros intentamos dar impresión de normalidad, aunque no sea al cien por cien. Recuerdo una vez que habían asolado completamente Bangassou, habían violado a cantidad de chicas jóvenes que se habían refugiado después en la catedral. Los militares estaban imponiendo, con mano de hierro, su poder y su presencia en la capital. Realizamos un encuentro con los pastores protestantes y los islamistas moderados y acordamos ir a ver al comandante yihadista, que era muy violento, para decirle que queríamos abrir la escuela. Él se quedó muy extrañado, pero al final accedió firmando con el pulgar, porque no sabía escribir. Y los niños comenzaron a venir. Primero pocos, pero a las dos semanas ya teníamos un nutrido grupo que pasaban su mañana con su cabeza ocupada en la escuela. A este militar le chafamos la vida porque quería crear el desconcierto y nosotros, presionando, conseguimos dar algo de normalidad.
-Desde la misión se fomentan, también, otros proyectos como la integración de la mujer o dar un modo de vida a muchas familias.
-Nos preocupa muchísimo la integración de las mujeres que vienen de la guerrilla. Mujeres jóvenes a las que han secuestrado los rebeldes, las han llevado a la selva y han vivido dos o tres años lejos de sus familias en un ambiente de violencia enorme, en el que han visto matar y morir a mucha gente, han vido el hambre y han ido utilizadas como una cosa de usar y tirar. Cuando escapan con 14, 15 o 16 años vuelven embarazadas de alguien que la ha sometido como una esclava sexual. Integrar a esa mujer es muy difícil porque viene completamente noqueada y a la sociedad le da miedo. Muchas veces sus propias familias les piden que aborten porque es fruto de una violación y pueden estar contaminadas por el sida. Cuando vienen embarazadas les digo que piensen que, de toda la violencia que han vivido, el que menos culpa tiene es el bebé que llevan dentro. El bebé no tiene ninguna culpa. Cómo se lo vas a hacer pagar al bebé. Si no lo quieres, tenlo y nos lo dejas en el orfanato, que lo vamos a cuidar como si fuera la niña de los ojos y, cuando quieras recuperarlo, te lo doy. Y la mayor parte de las veces lo tienen.
-Es un signo de esperanza.
-Lo es. Para más inri, cuando tengo confianza con ellas y el niño ha crecido un poco, les puedo preguntar discretamente a quién se parece. Y me dicen “tiene la cara del comandante, pero no te preocupes monseñor, es sangre de mi sangre”.
-¿Cuál es, en síntesis, la labor que se está haciendo en la formación sacerdotal y de la pastoral vocacional?
-Es sembrar para recoger en el futuro. Estamos trabajando con un seminario menor, allí en Bangassou, que muy actual, donde los niños reciben una formación que les permita llegar a la universidad o al seminario mayo, a la teología y la filosofía. Nos cuesta mucho dinero educar a todos esos niños y muchos de ellos, incluso si no llegan a ser sacerdotes, van a la administración y son buenos funcionarios a los que han formado en el seminario, como pasaba en España hace 50 o 60 años. Formamos a buenos sacerdotes que sirvan a los católicos, que allí son alrededor del 35 por ciento, y llenen de dinamismo y alegría a sus parroquias. Los domingos están a rebosar y la mitad son jóvenes, que son quienes organizan la misa, el sacerdote se deja llevar. Quiero decir que la experiencia cristiana es muy viva. Por eso, en la buena formación de los sacerdotes invertimos una parte importante de la economía de la Diócesis porque, algún día, los misioneros nos iremos o moriremos y ellos tomarán el testigo. Debo hacer un inciso porque, en Bangassou hay 300 capillas que para las que no hay suficientes religiosos que las atiendan, pero hay grupos de laicos estupendamente formados que realizan esta labor. La fuerza del clero es mucha, pero la fuerza de los laicos es muchísima.
-En esa tarea es donde el Cabildo de la Catedral de Córdoba colabora de un modo especial con la diócesis de Bangassou.
-El Cabildo nos está ayudando desde hace mucho tiempo a la formación de seminaristas, en total 75. Solo puedo dar las gracias al Cabildo porque no se han olvidado de la diócesis de Bangassou, desde hace muchísimos años.
-¿Cómo está Córdoba en Bangassou?
-Tenemos una cantidad de cordobeses, inmensamente grande, ayudando tanto en la capital como en la provincia. Mucha gente que se ha identificado con Bangassou, incluso, ayuntamientos que el 0,7 por ciento de su entrada de impuestos lo gastan para proyectos allí. Esta iglesia cordobesa es muy generosa y hay personas que ayudan y prefieren estar en el anonimato, entregando cantidades tremendamente generosas. Solo puedo dar gracias a Dios porque él es quien nos acompaña, nos ayuda, nos anima y él es nuestra fuerza, nuestro escudo, sin él no seriamos nada y es el que insufla en los cordobeses ese deseo de que Bangassou sea también de ellos. Soy de Córdoba, de la parroquia de Cristo Rey, y me siento enviado; soy las manos de la diócesis de Córdoba y siento que los cordobeses me ven como algo suyo y me llena de satisfacción.

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