La hermandad del Caído espera que la restauración de sus titulares sea duradera en el tiempo


La imagen de Jesús Caído recuperará la policromía original en una restauración, a expensas de la aprobación del cabildo de la hermandad, que ganaría en brillo como sucedió con las Angustias

Hace unos días la hermandad de Jesús Caído hacía público el informe que la corporación presentará para la aprobación de su cabildo de hermanos, emitido por Enrique Ortega de cara a la restauración de Nuestro Padre Jesús Caído como de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad. Es un estudio pormenorizado sobre el que el vicehermano mayor de la cofradía del Jueves Santo, Rafael Roldan, detalla algunos aspectos interesantes del mismo y del que, como conclusiones esenciales, se deduce que las imágenes apenas han sufrido intervenciones de relevancia a lo largo de varios siglos de existencia.
Respecto al paso dado por los responsables de la corporación penitencial, sus antecedentes se hallan en el hecho de que se habían venido detectando ciertas grietas o pequeños desperfectos tanto en la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor como en Jesús Caído. Se trata de un aspecto sobre el que se ha prestado atención durante los últimos años; incluso siendo el propio Rafael Roldán hermano mayor se consultó a Miguel Arjona sobre el estado de conservación de Jesús Caído y este restó importancia al mismo, poniendo sólo de relieve la existencia de unas pequeñas grietas en la encarnadura de la imagen.
No obstante, como describe el propio Roldán, se decidió realizar un estudio más profundo y, hace unos meses, los titulares de la cofradía fueron trasladados al taller de Regespa, “ya que Enrique Ortega nos ofrecía todas las garantías”, subraya Roldán. Previamente, el restaurador contempló, en primera persona y en la iglesia, a las imágenes para hacer un análisis preliminar, a expensas del que se hizo en el taller con pruebas específicas, como la fotografía ultravioleta, correspondencia de policromías o estudio estratigráfico. Estas dos últimas pruebas combinan elementos químicos, así como un estudio radiográfico. El informe que se presentó esta semana es el resultado, por tanto, de las mismas. Se trata de un estudio de más de 200 páginas, con un carácter eminentemente técnico que establece, a grandes rasgos, que el estado de ambas imágenes, para la antigüedad que tienen y el tiempo transcurrido desde la última restauración, es bastante aceptable. Pero no deja de ser cierto que, como indica Rafael Roldán, sería conveniente realizar una intervención a las imágenes.

Jesús Caído./Foto: Eva Pavón
Jesús Caído./Foto: Eva Pavón

Jesús Caído
Los trabajos que se realizarán sobre la imagen del siglo XVII consistirán en una limpieza de las policromías anteriores. A principios de la década de 1980, Miguel Arjona llevó a cabo una intervención que, en caso de ser aprobada la restauración por el cabildo de hermanos, sería uno de los estratos que serían suprimidos ya que, según se desprende del informe, no ofrecería mayor dificultad, así como se eliminaría algún leve repinte anterior a la intervención de Arjona. En consecuencia, una vez concluido el proceso el rostro de Jesús Caído recuperaría casi su aspecto original. Manos y pies, como indica Rafael Roldán, requieren de un proceso más complejo y difícilmente recuperable porque han sufrido un mayor desgaste, que obedece fundamentalmente al contacto de los devotos con la imagen en besapiés y besamanos que ponen en relación a la imagen con la fricción del contacto orgánico. Aun así, se ejecutarán labores de limpieza, se aplicará algún tipo de colas, pero no requiere ningún trabajo importante.
El proceso se prolongaría durante cinco meses porque se trata de una labor pormenoriada que requiere de etapas bien delimitadas de tiempo. Por tanto, como asevera el vice hermano mayor de la corporación de San Cayetano, “la idea es que, si los hermanos lo aprueban en el cabildo del jueves 22, Jesús Caído comience a ser restaurado a finales de septiembre, para que en Cuaresma esté de vuelta”. Este regreso devolvería al Señor un aspecto que, si bien no ofrecerá diferencias llamativas con el actual, ganaría en brillo, de forma análoga a la que presentó Nuestra Señora de las Angustias, tras su última restauración.
Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad./Foto: Eva Pavón
Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad./Foto: Eva Pavón

Mayor Dolor en su Soledad
La imagen de la titular mariana de la corporación del Jueves Santo, apenas recibirá tratamiento para la recuperación de la policromía puesto que no ofrece, a la luz del resultado de las pruebas a que ha sido sometida, las garantías necesarias para abordar dicho trabajo. Las labores que se le van a acometer consisten, fundamentalmente, en la recuperación de la estructura interna, por medio de reparación de grietas o algún arañazo, pero no afecta a las manos y rostro de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, salvo una leve intervención detrás de una de las orejas.
La duración, en consecuencia, de los trabajos restauradores de la Virgen ocuparían menos tiempo en los talleres de Regespa, tres meses. No obstante, como señala Rafael Roldán, la Virgen no partiría de San Cayetano hasta, aproximadamente, el verano de 2017 puesto que los cultos de la imagen se celebran en el mes de diciembre y no se ajustaría a un plazo suficiente. En este punto, también incide en el hecho de que, debido a la minuciosidad con que se llevan a cabo estas labores, las dos imágenes no podrían ser intervenidas simultáneamente por Enrique Ortega.
Perspectivas de la junta de gobierno
Así las cosas, el siguiente y necesario paso que se ha de dar, a continuación, consiste en la aprobación de los hermanos, reunidos en cabildo, del proceso restaurador. A este respecto, Rafael Roldán manifiesta la ilusión que tienen depositada en este proyecto que está planteado con vistas a que, durante mucho tiempo, “no haya que realizar más labores de este calado a las imágenes. Como nos ha dicho Enrique, no son imágenes que hayan sufrido muchas intervenciones a lo largo de los siglos”. De hecho, sólo hay documentadas dos restauraciones de Jesús Caído y de la Virgen una o, tal vez, dos. En este sentido, Roldán recuerda que existe una leyenda que afirma que a Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad se le quemó la mascarilla y, aunque no se sabe a ciencia cierta, “puede ser que la misma se refiera a la única restauración que se le hizo a la Virgen hace un par de siglos”.

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