La extraña Fase 0 de la Judería


En la calle Torrijos se advierte algo más de animación, si por animación se admite una pareja que sube y otra que baja hasta Amador de los Ríos

Mezquita Catedral
Mezquita Catedral. /Foto: JC

Los bares y las tiendas han abierto, los horarios se han relajado y ya hasta es posible hacer visitas. El paso a la Fase 1 en Córdoba se ha notado bastante desde el lunes y el ambiente en las calles ya no es el mismo al que había hace sólo unos días. Pero como si fuera una burbuja, el entorno de la Mezquita-Catedral sigue desértico, sin pulso, como si el cambio de fase no hubiera llegado. La Judería sin turistas no tiene vida.

La mañana lluviosa añade un plus de soledad a la calle Velázquez Bosco y a la calleja de las Flores. En Cardenal Herrero una mujer con paraguas pasea un perro de mediano formato, pero en un abrir y cerrar de ojos abre la puerta de su casa, bajo la misma torre de la Catedral, y desaparece. Los adoquines mojados resaltan la importancia del pavimento en las ciudades, un elemento que no se cuida lo necesario. En este caso, la belleza de la retícula bicolor brilla en una mañana gris y triste sobre la que cruza un chico en bicicleta.

El ruido de una pequeña furgoneta rompe el denso silencio de una zona que a esa zona estaría compactada por los turistas que suben por la calle Torrijos y los que desembocan desde Deanes. En el cruce de ambos flujos sufrirían el tormento de la ramita de romero. Ea, algo de lo que nos hemos librado en estos días.

De la furgoneta se baja un joven con mascarilla y capucha. De la parte trasera saca una carretilla que carga con un par de cajas y se pierde por la calle Judería. Desde luego es una estampa insólita en medio de tanta soledad, de tanto silencio. Su destino es Casa Pepe de la Judería, el único establecimiento de hostelería abierto -con las debidas precauciones, eso sí- en varios cientos de metros a la redonda. El Caballo Rojo, El Bandolero, Bodegas Mezquita, están cerrados.

Casi todas las tiendas, casi todos los negocios, tienen en sus puertas unos carteles que al cabo de dos meses de cierre y varios días de lluvia han envejecido considerablemente. Informan del cierre “por responsabilidad social” a causa de la pandemia del coronavirus y ni las puertas de la Mezquita-Catedral se libran de estos avisos.

En la calle Torrijos se advierte algo más de animación, si por animación se admite una pareja que sube y otra que baja hasta Amador de los Ríos. Dicen que se ha reanudado la obra del Palacio de Congresos. Desde fuera no se nota. Las puertas del Obispado sí están abiertas desde el pasado lunes, pero el silencio de su patio no es ahora mayor que el de la calle. 

El pavimento en la plaza del Triunfo brilla a todo lo que da. Un equipo de Canal Sur Televisión entrevista a María Amo y a su madre, María Escudero, junto al presidente de Comercio Córdoba, Rafael Bados. El periodista Fidel del Campo, que sostiene el micrófono con una pértiga por eso de la distancia interpersonal, se interesa por cómo soporta la situación una tienda de recuerdos, que vive de unos turistas que ni se les ve y que aún tardarán mucho en volver. Las respuestas sobrecogen el alma.

Subir por la calle Magistral González Francés da la oportunidad de deleitarse en las portadas de la Mezquita que poco a poco va restaurando el Cabildo Catedral. Al llegar a la puerta de Santa Catalina, un vigilante de seguridad la controla entreabierta, ya que sí está permitido el acceso para la misa de 12:00.

Los medios de comunicación hablaban ayer del cambio que había experimentado Córdoba con su paso a la Fase 1 después de casi dos meses de encierro domiciliario. La vida ha vuelto a las calles, si, en toda la ciudad, menos en la Judería.

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