Cuando en las Cruces de Mayo no había barras


La fiesta tiene un origen eminentemente popular, en las casa de vecinos, como una celebración casi íntima

Cruz de mayo
Cruz de Mayo en 1925. /Foto: LVC

De no ser por el estado de alarma, el casco urbano de la ciudad estaría ahora plagado de Cruces de Mayo, con grupos de gente yendo de unas a otras, y con altavoces y una barra en sus inmediaciones. Este año, por mor del coronavirus, esta fiesta de ha despojado precisamente de estos dos elementos que, precisamente, han sido los últimos en llegar y se ha vuelto a los orígenes, a la Cruz de Mayo compartida entre los vecinos, ya sea desde un balcón, o en medio de una plaza, sin más aditamentos, como ha hecho Pinsapo en San Nicolás.

Cruz de mayo
Cruz de Mayo en 1925. /Foto: LVC

Las noticias más remotas sobre las Cruces de Mayo llegan al siglo XIX y nos hablan de una celebración casi familiar, principalmente en casas de vecinos, en donde todos colaboraban en un montaje en el que todo servía para la decoración. Se arrimaban las macetas más cuidadas, se colgaban las colchas y los mantones, y se sacaba brillo a los cacharros de cobre. 

Estas cruces, que también se montaban en torno al 3 de mayo, el día de la Invención de la Cruz, proliferaban en los barrios más populares de Córdoba. Había quien las visitaba, pero el acto central solía ser una noche en la que se juntaban todos los vecinos de la casa, y lo celebraban con comida y bebida sin que faltara el buen cante si alguien se arrancaba.

Esta forma de celebrar las Cruces de Mayo se mantuvo con ciertos altibajos hasta que a mediados del siglo XX se comenzaron a montar en la vía pública. Salían a la calle y eran principalmente los vecinos quienes seguían siendo los responsables de su montaje. En esta época se comenzó a poner algo de música, a un volumen que permitía la conversación y la consumición en los bares cercanos, si los había.

El nivel de exigencia, estimulado por el concurso, hizo que los gastos de montaje fuera cada vez mayor y había que rentabilizarlo. Así comenzaron a aparecer las barras, como un medio de financiación que acabó siendo más que rentable. Ahí entran en juego las hermandades, que ven una nueva vía de ingresos que pueden atender perfectamente gracias al trabajo voluntario de sus miembros.

Es el propio concurso el que en las últimas décadas ha marcado el ritmo de esta fiesta con la que arranca el mayo festivo. De este modo ha subido considerablemente el nivel de los montajes, de las flores escogidas, de la decoración del entorno. Esto ha hecho que las Cruces de Mayo, que nacieron como algo íntimo, en el interior de las casas, haya trascendido hasta convertirse en un potente atractivo turístico de Córdoba en toda España.