Carlos Gustavo Ruiz, un ejemplo en Decathlon


Tiene 41 años y hace más de tres que trabaja en la gran superficie dedicada a la venta de material deportivo, donde recaló tras pasar con soltura por diversos empleos y donde quiere llegar a ser jefe

Carlos Gustavo Ruiz en la puerta de la asociación Down Córdoba. / Foto: JP
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Carlos Gustavo Ruiz, en la puerta de la asociación Down Córdoba. / Foto: JP

Carlos Gustavo Ruiz es un cordobés de 41 años, del barrio de San Pedro, con Síndrome de Down y también un claro ejemplo de que los hombres y mujeres con esta discapacidad están capacitados para desempeñar cualquier trabajo y no son menos que nadie. Él lo demuestra desde hace más de tres años en Decathlon, la gran superficie especializada en la venta de material deportivo, pero antes ha dado la talla en otros muchos puestos de diversas empresas.

Carlos es el hijo más pequeño de Consuelo Rojas, con la que vive además de con un hermano y a la que ayuda en tareas como ir a comprar en sus días de descanso. Él tiene mucha autonomía y en Decathlon ha aprendido a desenvolverse solo en múltiples labores sin ningún inconveniente aunque con la ayuda de sus preparadores en un principio.

Su puesto en la empresa, donde es indefinido desde el pasado septiembre -“porque hago bien mi trabajo”, precisa-, está en la sección de deportes acuáticos. Allí repone productos, coloca, atiende a los clientes y también etiqueta, algo que le gusta mucho según cuenta, si bien hay otra tarea que le encanta y esa es cobrar a los compradores con tarjeta de crédito en la caja rápida.

A Carlos lo tratan sus compañeros y le piden sus jefes como a uno más pues en Down Córdoba, asociación a la que pertenece y por medio de la que consiguió el empleo, luchan contra la discriminación negativa pero también contra la positiva, según cuenta Gracia Marín, una de sus preparadoras laborales. Ella ayudó a Carlos a aprender en Decathlon junto a Patricia, también formadora, y a Sandra Pérez y Antonio Fernández, del proyecto Integrados y que se han convertido en los mejores amigos de Carlos en su trabajo, a los que él confía sus cosas personales.

Aunque en realidad “todos mis compañeros son mis amigos”, asegura este hombre que empezó poco a poco pero con el tiempo ha ido adquiriendo más responsabilidades porque su preparadoras le han ido retirando el apoyo de manera gradual y ya solo le hacen un seguimiento. Y por eso de evitar la discriminación positiva él trabaja en los turnos que le tocan como cualquiera de los que allí está. A veces va por las mañanas, otras veces por la tarde, incluso festivos y fines de semana cuando hace falta.

Carlos explica a La Voz que ha realizado cursos de “conserje, prelaboral y de nuevas tecnologías”, algo en lo que se maneja muy bien. De hecho él cuenta en Decathlon con un móvil personal desde el que hace pedidos online y atiende llamadas. “No me costó aprender, tengo buena memoria”, indica.

Anteriormente ha trabajado en un bar de la calle María la Judía cercano a Down Córdoba, lavando coches en ProntoWash, en McDonald o en Carrefour de panadero, y también de jardinero en el parque Juan Carlos I y en el Parador Nacional como camarero de piso. Pero parece que el de Decathlon es ya el trabajo definitivo para Carlos, que tiene entre sus objetivos “ser jefe” y también independizarse de nuevo después de la experiencia de vivir con amigos en un piso durante un periodo de formación de tres años.

El trato con los clientes es bueno, de él hacia ellos y viceversa, aunque Carlos cuenta que algunos lo miran y le preguntan si está de prácticas. Así, él aporta visibilidad a las personas con Síndrome de Down, rompe mitos sobre esta discapacidad y supera barreras a diario, según explica la preparadora laboral de la asociación, que ha ayudado a integrarse en el mercado laboral a más compañeros de Carlos que, según él enumera, trabajan en asistencia a domicilio, en supermercados, en colegios y reparando máquinas de café. O que son cantantes como su amigo Manolo de Santa Cruz.

Carlos, que en su tiempo libre practica kickboxing y fútbol, cree que lo que aporta a Decathlon es “que trabajo bien”, motivo por el que anima a otros empresarios a contratar a gente con Síndrome de Down porque “podemos hacer lo mismo que otras personas”. Y a la vista está.

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