Rosa Mármol, una mujer con altura de miras


Aunque padece enanismo acondroplásico y se encuentra con dificultades a diario e incluso personas que no la miran bien, Rosa afronta la vida con optimismo y no se considera discapacitada

Rosa Mármol, en los Jardines de Colón. / Foto: JP
Rosa Mármol, en los Jardines de Colón. / Foto: JP

Mide 125 centímetros pero es tan capaz como cualquiera y más desenvuelta que otros que la superan en altura. Se llama Rosa Mármol y aunque su estatura sea pequeña, su visión de la vida y de los problemas que tener enanismo acondroplásico le provoca a diario es muy elevada. La acondroplasia es la forma más común de enanismo que se caracteriza por extremidades más cortas de lo habitual.

La acondroplasia está considerada una discapacidad, Rosa tiene reconocida un 36 por ciento, pero ella no cree que sea discapacitada, no se ve así, aunque “la realidad es palpable”, señala, y las dificultades sean muchas en su vida cotidiana porque la sociedad no piensa en las personas como ella de la misma forma en que sí se cuidan algunos aspectos para quienes padecen otras discapacidades.

Ser optimista es algo que ha ayudado mucho a esta mujer de 51 años, que está casada -con un hombre que “es alto”, precisa- y tiene dos hijas mayores de edad, una de las cuales ha heredado su acondroplasia, aunque Rosa le ha enseñado que todo el mundo es igual, que todo el mundo es “normal”, como indica a La Voz de Córdoba, porque “todo el mundo tiene alguna limitación” y no hay nadie que sea menos que nadie.

Las barreras que ella encuentra son “millones”, según relata. Desde tocar un portero automático a sacar dinero de un cajero. “Lo que tú ves lo más normal, para mí no lo es”, precisa, pero ella lo resuelve todo. “Si tengo que sacar dinero, le digo a alguien que haya cerca que me ayude o también si tengo que llamar a un portero”, cuenta. Por desgracia no todo el mundo le presta atención y “te encuentras gente borde que no se para ni a escucharte”.

Pero a ella eso no le afecta. Ni siquiera las casas en las que ha vivido las ha adaptado. “Me desenvuelvo con banquitos, sillas, gente al lado; y si no llego con una silla, llego con una escalera”, explica. Así, “yo me adapto a mi barrera”, detalla.

Cuenta que un punto problemático es el de la búsqueda de empleo. Ella ahora trabaja en la residencia Hogar Frater cuidando a discapacitados pero recuerda que en alguna ocasión anterior le han dicho que han sentido miedo de contratarla. Su actual empleo lo consiguió a través de Aspaym (asociación de personas con movilidad reducida en general y con lesión medular en particular) y cuenta que es duro porque tiene que atender a personas con poca movilidad pero ella es muy válida. “A mí hay que verme en acción porque si me ves de lejos, dices: no va a ser capaz”, asegura.

Aunque reconoce que la niñez es una etapa delicada para las personas con enanismo y ella era muy tímida, no tuvo especiales problemas. “No he sufrido bullying”, asegura, aunque hoy en día advierte que hay personas que la señalan “como si fuera un bicho raro” y es cuando mucha gente como ella necesita ayuda psicológica, que en su caso no ha sido necesaria.

En este sentido, lamenta que “aunque digan que la sociedad está abierta, la realidad es que se sigue rechazando a muchos discapacitados”. Y en este punto recuerda que un día llevó de fiesta junto a otra compañera a una persona de su residencia a un local de la Ribera “y una mujer preguntó que por qué estaba allí” aquella persona con movilidad reducida, algo que indignó a Rosa como también cuando en una ocasión distinta otra mujer junto a la que estaba sentada ella con su familia le decía a su hija señalando a la de Rosa: “Mírala, mírala”.

Pero ella tiene claro que “mi vida la tengo que disfrutar yo, no tú, para eso es mía”. Y es que, sea del tipo que sea, “todos tenemos alguna limitación y cuando aceptas tu limitación, a partir de ahí eres feliz y disfrutas, ¿o me quedo en mi casa por que a alguien no le guste verme?”, pregunta. Siguiendo esa premisa de que su vida es de ella nunca ha querido operarse para ser algo más alta. “Hay operaciones que te dan 20 centímetros más de altura pero yo nunca he querido”, comenta porque piensa que ella no tiene que pasar “un calvario” para ser aceptada. Lo necesario es que la gente acepte a Rosa y a cualquier otra persona tal como sean.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here