Feliz con su hija a la que iba a abortar


Una joven cuenta a La Voz como la Plataforma Córdoba por el Derecho a la Vida la convenció en la puerta de la clínica abortista para seguir el embarazo y la llevaron a Red Madre, que la ayudó en todo

Varias jóvenes asisten a una charla en Red Madre, que ayuda a mujeres con hijos. / Foto: LVC
Varias jóvenes asisten a una charla en Red Madre, que ayuda a mujeres con hijos. / Foto: LVC

En el camino a la muerte segura de su hija, a la que iba a matar abortando, Irina, una joven que vive en Córdoba pero que es inmigrante, se encontró con la Plataforma por el Derecho a la Vida y la oscuridad y la pena con la que acudía a la clínica abortista situada en la avenida de las Ollerías se transformaron en luz y alegría. La vida venció a la muerte.

Esa felicidad se le ve en la cara, iluminada, cada vez que mira a María, la niña que nació en octubre del año pasado y que se llama así “por la madre de Jesús”, explica Irina -así la llamaremos pues prefiere que no se conozca su identidad, de ahí que tampoco haya querido posar para la foto-. Mientras cuenta su experiencia a La Voz de Córdoba, esta joven de 34 años que tiene más hijos refleja en su rostro y en su forma de hablar los estados de ánimo por los que pasó cuando supo que estaba embarazada, cuando decidió junto a su marido que tenía que abortar porque no podían hacerse cargo de otro hijo y cuando cambió de opinión y finalmente vino al mundo su bebé.

Ella trabajaba como empleada de hogar cuidando niños y personas mayores, su sueldo era el único ingreso con el que contaba el matrimonio, pues él estaba parado, y cuando supieron que Irina había quedado embarazada se vieron abocados a interrumpir la gestación. “Pensamos que era mejor quitarme el bebé”, recuerda la chica agachando la cabeza. Ella explica con tristeza que si dejaba de trabajar no podrían seguir pagando el alquiler del piso, así que fue a un centro de salud para pedir abortar.

Estaba de seis semanas y allí se lo facilitaron todo, le pidieron cita en la clínica y le dieron un papel para que lo llevara el día previsto para abortar. Ella no iba a pagar nada. Así que llegado el día se encaminó al lugar donde le habían indicado que debía ir desde la Seguridad Social. “Me sentía muy mal cuando iba a la clínica porque me iba a quitar el bebé, estaba matando a mi propia hija”, relata apesadumbrada y avergonzada.

Pero, al llegar allí, en la puerta estaban Carmen y Beatriz, dos voluntarias de la Plataforma Córdoba por el Derecho a la Vida. Ellas “me dijeron que no abortara, que estaban de mi lado y siempre estarían de mi lado y me iban a ayudar en lo que hiciera falta”, señala la joven, que “en realidad sí quería el bebé pero con mi problema no podía”, continúa diciendo. Carmen y Beatriz “me dijeron que no me preocupara, que no me quitara el bebé y me emocioné”, así que volvió a su casa ya con otro ánimo.

Por el camino de regreso llamó por teléfono a su marido para comunicarle la feliz noticia, su cambio de opinión. “Le pregunté si cree en Dios y me dijo que sí y ya él supo que yo no iba a abortar. Mi marido estaba muy contento y me dijo: sea lo que sea vamos a tener un bebé. Estaba muy contento”, cuenta sonriendo esta joven mientras sostiene a su hija en brazos, la levanta y la mira diciéndole: “¿A que sí, María, mi vida?”

La Plataforma Córdoba por el Derecho a la Vida puso a la futura mamá en contacto con la asociación Red Madre, que le ha proporcionado todo lo que ha necesitado. “Red Madre ha hecho por mí muchas cosas, me trajo bañera, cuna, carritos, pañales y comida y estoy muy agradecida. Además, también me han dado ropa y comida para mis otras hijas”, detalla Irina.

Cuando María nació en el Hospital Reina Sofía recibió la visita de las dos mujeres que la rescataron y de María José, de Red Madre, que le llevaron “muchísimos regalos”, recuerda la joven que, no obstante, matiza mientras mira a la niña que “el mejor regalo era ella y yo me sentía muy feliz por tenerla”. Igualmente ahora, pasados unos meses, sigue estando “muy contenta de haber cambiado de opinión cada vez que miro a mi chica, aunque estamos en mala situación” económica.

Aun así ella es optimista. “Creo que Dios me ayuda y me va a mandar gente que viene como angelitos, personas como las que estaban en la puerta de la clínica”, indica. De manera que a las personas que tengan previsto abortar les dice que “no lo hagan porque un bebé es una felicidad en la vida de una madre”. La prueba es la tierna sonrisa de María y la exultante de Irina cuando se miran.

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