Los difuntos los ayudan a sobrevivir


Muchas personas han frecuentado el cementerio de San Rafael los días de Santos y Difuntos y las semanas previas para ganarse la vida limpiando lápidas, poniendo flores o pintando junto a los nichos

Un hombre se ofrece a arreglar las lápidas en el cementerio de San Rafael. / Foto: JPS
Un hombre se ofrece a arreglar las lápidas en el cementerio de San Rafael. / Foto: JPS

En las semanas previas a la celebración de Todos los Santos y Fieles Difuntos no ha sido raro, es más, ha sido incluso habitual, escuchar a voz en grito en el cementerio de San Rafael: “¡Escalera, pintura!”. Este 2 de noviembre aún se oía entre los nichos. “¿Quiere escalerita?”, ya hablándole más cercanamente, le han ofrecido a muchos de los que han ido a visitar a sus seres queridos fallecidos quienes van a trabajar al cementerio estos días de tanta afluencia.

Limpiar lápidas, pintar alrededor del mármol o hacer algún arreglo en el exterior de las tumbas son las formas que tienen de ganarse la vida en estas fechas muchas personas que no cuentan con un trabajo y que sacan así algún dinero para mantener a su familia e ir tirando como pueden.

Juan José Fernández tiene 41 años y cuenta que va todos los días al cementerio desde el 24 de octubre. Lleva más de un año desempleado, se ha dedicado a trabajos verticales, y tiene que mantener a sus tres hijos pero ni él ni su mujer reciben ninguna ayuda, según explica a La Voz de Córdoba en la zona de nichos de Santa Margarita y Santo Domingo Savio.

“Limpio lápidas, corto y pongo flores…” señala que hace para “ganarme honradamente la vida”. Él pone los materiales: el cristasol y la pintura, y luego recibe la voluntad por parte del cliente, que suelen ser mujeres mayores a menudo. A una señora “le acabo de pintar alrededor de la lápida que me ha dicho y luego no tenía para pagarme, pero bueno, ya me lo dará Dios por otro lado”, se conformaba este sábado a mediodía Juan José antes de seguir pregonando sus servicios.

Su jornada laboral comienza cuando abre el cementerio y termina cuando cierra. Unos días gana más y otros menos, pero la media ronda los 30 y 40 euros. A menudo lo que le suelen pedir es que sea él quien suba a las escaleras que proporciona el cementerio para arreglar las lápidas de las filas más altas.

Cecosam, la empresa municipal de cementerios no tiene un registro de cuántas personas se ganan así la vida temporalmente en octubre y primeros de noviembre pero Juan José calcula que como él ha habido en las últimas semanas, cada día, unas 50 personas repartidas por todo el camposanto.

Otro de ellos es José Moral, que tiene 45 años. Trabajaba para Gas Natural pero en 2008 se quedó parado y ahora echa mano a lo que va saliendo. Cuando toca la chatarra, la chatarra; cuando llega el momento de trabajar en el campo, pues al campo. Y desde primeros de octubre su ocupación ha estado en en camposanto de San Rafael diariamente también con largas jornadas parando solo para salir a comprar un bocadillo.

Aunque los días previos ha habido mucha afluencia de cordobeses a este lugar -Cecosam calcula que en torno a un 15 por ciento más de personas que el año pasado-, el día de los Difuntos quienes van suelen hacerlo solo de visita ya que los arreglos de lápidas se han realizado las semanas previas preferentemente. Por eso José dice que ya quedan buscando trabajo allí entre ocho y diez personas a las que como a él se puede ver por las distintas calles con el cubo y el trapo en la mano esperando a que alguien los requiera.

“En lo que va de mañana hoy he hecho solo tres arreglos”, expone, pero los días de más trabajo ha llegado a hacer hasta treinta. Al cementerio por estas fechas va José Moral desde muy joven para ganar un dinero que ahora más que nunca hace falta en su casa. Aunque dejó de necesitarlo cuando encontró trabajo, ahora ha vuelto a hacer estas labores.

Él también ofrece trabajos de albañilería. Para la semana que viene concretamente tiene que poner un poyo de mármol en una lápida que pega al suelo, pero no es habitual que le pidan estas cosas. Aunque José también solicita solo la voluntad por limpiar lápidas, si el trabajo es mayor ya llega a un acuerdo con la persona que se lo encarga. Así que gana para dar de comer a sus dos hijos. Cuenta que “hoy solo quedamos aquí los rezagados que tenemos mucha hambre”.

Y es que no todo el mundo sirve para esto pues, según precisa este hombre, hay amigos suyos que también están parados y aunque les hace falta el dinero no quieren trabajar en el cementerio, “les da respeto esto”. Pero a él le puede la necesidad porque, sentencia, “no es lo mismo que tu hijo te diga que quiere un yogur y no lo tengas que tener para dárselo”.

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