Un hogar para los enfermos sin techo


Una casa en Córdoba acoge a personas que no tienen lugar para vivir ni alguien que los cuide cuando les falta salud como Francisco y Mohamed, que cuentan lo que les ha supuesto la ayuda de Hogar Sí

Francisco y Mohamed en el piso de la Fundación Hogar Sí en Córdoba. / Foto: JPS
Francisco y Mohamed en el piso de la Fundación Hogar Sí en Córdoba. / Foto: JPS

“He pasado de estar en el infierno a estar en el cielo”. Así de contundente se expresa Francisco Ruzafa, almeriense de 63 años que vivía en la calle en Alicante en una silla de ruedas y ha sido acogido por la Fundación Hogar Sí (ver web) en la casa con la que cuenta esta organización en el Centro de Córdoba y que es una de las tres viviendas denominadas Espacio Salud que tiene en España -las otras dos están en Madrid y Murcia-.

En este lugar, junto a Francisco viven otras diez personas que estaban en situación de calle, donde recuperarse de una enfermedad y recibir tratamiento como la quimioterapia que precisan algunos es imposible. En la vivienda, los usuarios, que no tienen que aportar nada, están acompañados por un equipo multidisciplinar de profesionales entre los que hay una trabajadora social, enfermera, auxiliares que están las 24 horas del día y una psicóloga. Ella es Gloria Titos y su labor consiste en dar a los enfermos un acompañamiento emocional, trabajar con ellos dificultades a nivel personal, algo que les va a ayudar en la recuperación, y afrontar situaciones que tendrán en la calle como buscar empleo y vivienda una vez que salgan de Espacio Salud que es un recurso temporal hasta que se curen, aunque también hay enfermos en paliativos.

La vivienda de Córdoba abrió en julio de 2018 y Hogar Sí eligió la ciudad para situar su Espacio Salud Andalucía por su ubicación geoestratégica con buenas comunicaciones. Cuenta con once plazas, cuatro para Andalucía y siete a nivel estatal. Están ahora mismo todas cubiertas y hay una lista de espera para entrar de otras once personas más. Entre ellas hay españoles y extranjeros que sufren procesos de cáncer, convalecencias después de un accidente, diabetes y otras enfermedades. Todas deben tener cierta movilidad, aunque sea reducida, pero no pueden atender a personas totalmente dependientes porque “no tenemos recursos humanos para atenderlos como merecen”, explica Titos.

Hasta este piso, que cuenta con tres plantas y tiene ascensor y baños y habitaciones adaptados para personas con movilidad reducida, llegan los usuarios derivados por trabajadores sociales de hospitales o de centros que trabajan con personas sin hogar. Derivado por Cáritas desde Alcázar de San Juan llegó Francisco Ruzafa a Córdoba después de un largo periplo que lo llevó a terminar en la calle en su silla de ruedas.

Su vida cambió el 20 de julio de 2015 cuando lo ingresaron en el hospital por una sepsis que le causó un microorganismo desconocido y que hizo que tuviera un fracaso multiorgánico y por la infección los médicos tuvieron que amputarle la pierna derecha, el pie izquierdo y varios dedos de las manos.

Estuvo tres años en una cama y creía que no iba a salir de ella, motivo por el que entregó el piso que tenía en Adra (Almería) a sus hermanas, que cuenta que se han desentendido desde entonces de él, por lo que ahora no tiene a nadie que lo cuide ni tampoco vivienda, solo una pensión no contributiva que una vez que salió de la cama le ha permitido vivir durante un tiempo en un albergue de la Junta en Almería, durmiendo una noche allí y otra en la calle pues no le llegaba el dinero para todo el mes ya que también tenía que alimentarse. Por eso empeñaba el ordenador portátil para seguir subsistiendo pero finalmente terminó en la calle todo el tiempo en una silla de ruedas eléctrica que se le rompió y en la que tiene actualmente que se pliega para poder viajar con ella.

Cuando llegó a Espacio Salud Andalucía quedó sorprendido por la buena situación del piso, cerca de Las Tendillas, y pronto se dio cuenta de que “esto funciona”. Para él ha sido su salvación porque “aquí veo que voy a tener una solución más pronto o más tarde”, señala Francisco, cuya intención es encontrar trabajo.

Según cuenta a La Voz de Córdoba, él se ha dedicado a varios oficios durante toda su vida pero ha sido principalmente fotógrafo y le faltan tres meses de cotización para poder jubilarse cuando llegue el momento. Pero nadie lo contrata aunque ha entregado el curriculum en muchas empresas tanto presencialmente en Córdoba como por Internet a través de páginas de búsqueda de empleo.

Buscan trabajo

“Yo sé que nadie me va a dar trabajo porque cuando llega el curriculum a cualquier director de Recursos Humanos y ve que tengo 63 años y un 82 por ciento de minusvalía…”, se lamenta Francisco, que cree que su perfil encaja bien en puestos como atención telefónica y que cualquier empresa que lo contrate recibirá subvenciones por su discapacidad además de que “yo voy a hacer mucho por el trabajo”, asegura quien está dispuesto a darlo todo.

La convivencia con sus compañeros en el piso de Espacio Salud es buena. Francisco se llevaba especialmente bien con otro hombre con el que salía a pasear por Córdoba y al cine, pero está es un proceso de cáncer muy avanzado con metástasis y ya no sale de piso.

Aunque este lugar está atendido por profesionales, en ocasiones van voluntarios que hacen talleres como de cocina o uno de pintura hace poco tiempo. La comida la hace un auxiliar con ayuda de quienes viven en el piso, a los que se les da dietas equilibradas y saludables según lo que necesiten por su enfermedad. La mayoría dejará este recurso cuando se recupere, por eso Francisco está haciendo con ayuda de Hogar Sí un plan de ahorro y entrega cada mes parte importante de su pensión con vistas a tener dinero guardado para alquilar cuando salga de allí.

También dejará la vivienda cuando se recupere Mohamed, un marroquí de 54 años que lleva 18 en España, concretamente en Aguilar de la Frontera. Desde que llegó de su país ha trabajado en el campo y ha vivido de alquiler con compañeros. El 1 de mayo pasado fue atropellado por un coche y tuvieron que operarlo de la rodilla y la tibia.

Por ese motivo no pudo volver a trabajar, se quedó sin dinero para pagar alquiler y además no tenía a nadie que pudiera cuidarlo en su convalecencia, por lo que desde el hospital de Montilla lo derivaron al piso de Hogar Sí. Antes se movía con andador y ahora ya tiene muletas, va avanzando.

Su experiencia en esta vivienda es muy buena. “De verdad tengo que reconocerlo que son buena gente, me han apoyado muchísimo llevándome al médico, con la alimentación y las medicinas”, asegura. Ahora mismo no tiene ningún ingreso económico, por eso Mohamed cree que alguien tiene que ayudarle para empezar a pagar un alquiler cuando salga de Espacio Salud mientras vuelve a encontrar trabajo. Pero es optimista y se resigna a lo que le ocurre. Así, dice que “es mi destino, tengo que aceptarlo”. Y afortunadamente, en ese destino se cruzó la Fundación Hogar Sí, que procura una vida digna a quienes estaban en la calle enfermos viviendo una injusticia agravada por la falta de salud.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here