“Quise quitarme la vida por mi adicción al juego”


Robos de dinero y desatención a su familia, abandono de aficiones, malhumor, ansiedad y grandes deudas como resultado de frecuentar las salas de apuestas, según cuentan a La Voz dos exludópatas

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Salón de juegos. / Foto: LVC
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Salón de juegos. / Foto: LVC

Tuvieron la mala suerte de que les tocara el premio. Cuando estaban ganando dinero en la ruleta y en la ‘tragaperras’, en realidad, Federico y Antonio estaban perdiendo. Fue su primera vez todo un éxito y, al tiempo, un gran fracaso, pues creyeron que siempre tendrían esa excepcional y muy dudosa bonanza de la que ellos aseguran con recelo que suelen gozar los primerizos en una sala de juegos.

Lo cierto es que la suerte que corrieron no fue la mejor ni para ellos ni para quienes los rodeaban. Casi sin pensarlo, sin darse cuenta, pasaron de echar unas pocas monedas en la máquina con luces de colores a gastarse miles de euros en ella y desear quitarse la vida en alguna que otra ocasión cuando se vieron presos del juego. Pero afortunadamente no lo hicieron y han encontrado salida. 

La Voz de Córdoba habla con dos exludópatas cuando en la ciudad las asociaciones de vecinos del Distrito Sur se movilizan contra las salas de juego y contra la apertura en la avenida de Cádiz de un nuevo local de estas características, de los que hay 55 en la capital. 

Federico -así lo llamaremos para preservar su identidad- comenzó a entrar en salas de apuestas con 16 años. Ahora tiene 20 y está en proceso de rehabilitación. Falsificaba el carné del colegio, cambiaba la edad, o decía haberse olvidado el DNI en su moto y los responsables del local al que iba no le ponían muchos obstáculos para entrar. Bueno, no le ponían ninguno. Al contrario, todo eran facilidades, comodidades para él. No le faltaba de nada, incluso le servían sin él moverse del sitio bebida y comida gratis para que estuviera a gusto y solo tuviera que preocuparse de echar dinero a la máquina sin despegarse del asiento, al que en realidad estaba encadenado.

“A alguien que yo creía mi amigo le tocaron 100 euros en una máquina y yo probé. El primer día me tocó mucho dinero. Mi madre me dijo que no volviera a ese sitio pero yo, muy tonto, fui al mismo lugar y me volvió a tocar”, relata este joven como comienzo de su calvario en una ciudad que ha abandonado para internarse en un centro en Córdoba y asistir a la terapia grupal en Ludópatas Asociados Rehabilitados (LAR).

Mientras era adicto al juego, Federico llegó a quitarle dinero y joyas a sus padres para poder seguir jugando. Algunas jornadas en el salón de juegos duraban para él seis u ocho horas que se pasaban volando y llegó a gastar 1.400 euros en un solo día en la ruleta y apuestas deportivas.

Más tiempo incluso ha llegado a estar Antonio -en este caso sí es su nombre verdadero-, que tiene ahora 54 años y da charlas en LAR para ayudar a salir del pozo del juego a quienes se encuentran en la situación en la que él estuvo antes durante parte de su vida. Antonio comenzó con 24 años a jugar. Era una persona competitiva y creía que iba a ganarle a la máquina, pero “a la máquina no le ganas nunca y es un error pensar que jugando de nuevo vas a recuperar lo perdido”, advierte. En su caso, aunque a veces ha conseguido alejarse de la adicción, ha recaído tres veces. Y la caída era cada vez más dura. Este hombre cuenta que podía estar delante de la ‘tragaperras’ cuatro o cinco horas y que en sus peores momentos un día pasó en la sala de juegos desde las doce del mediodía hasta las doce de la medianoche.

Le llevó a coquetear con la droga

La adicción al juego les cambió el carácter tanto a Antonio como a Federico, los hizo irritables e irascibles. Al primero le llevó incluso a tontear con el alcohol y con la cocaína para desinhibirse y evadir la presión y el estrés que le provocaban las mentiras que sostenía ante su familia y la condena de no poder salir de la situación en la que estaba. Pero el juego por sí solo ya era una adicción lo bastante fuerte, tanto como la droga, como para tenerlo ocupado e incluso alejarlo de su familia. “El placer que sentía jugando era como si me metiera una raya de coca pero luego viene el bajón y tienes ganas de quitarte la vida”, relata Antonio.

Él, como el joven al que ahora ayuda en LAR, también robó dinero a sus seres queridos. En su caso fue a su hijo, con el que compartía cuenta en el banco como autorizado. “Y desvalijé la casa”, recuerda. Vendió todo el oro que tenía, hasta su alianza de matrimonio. Y comenzó a endeudarse. “Sacaba tarjetas, pedía microcréditos y al tener una nómina me los daban”, explica este funcionario al que el sueldo se le quedaba corto y que aún hoy debe dinero y que tuvo que ampliar su hipoteca para afrontar las primeras deudas. En una ocasión sacó una tarjeta del banco con 1.500 euros como límite de gasto y se los fundió en un rato en la sala de juegos, según explica a La Voz.

Este hombre vivía en una mentira, pendiente de que su mujer no viera las cartas del banco, en el que abrió cuentas que ella desconocía, y descentrado en el trabajo pensando solo en terminar para ir a saciar su deseo de jugar. Pero, de todo lo que ha hecho por esta adicción, lo que más le duele a Antonio es no haberle prestado atención a su esposa embarazada y haberse perdido los primeros años de vida de sus hijos, de los que no recuerda “ni cuando empezaron a andar”, se lamenta ahora.

Y es que el juego “traiciona, te manipula, estás como en una nube mientras lo haces, relajado”, describe Federico, que insiste en que “a todos los adictos al juego se nos ha pasado por la cabeza alguna vez quitarnos de en medio”. Y es que este nocivo hábito se convirtió para él, siendo menor de edad, en el más importante del día llegando incluso a preferir jugar a gastar el dinero que tenía en comer. También antepuso el juego a estudiar y a su afición al deporte. Era futbolista y lo dejó. Y también dejaba “tirada” a su novia por ir a a la sala recreativa. Al final la relación se rompió.

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Antonio, ya rehabilitado del juego, y Pilar, presidenta de LAR, en la sede de la asociación. / Foto: JPS

Falta control de acceso

Los dos exludópatas denuncian la proliferación de las salas de juego y que en ellas no se cumple con lo que establece la normativa, que se permite entrar a menores sin controlarlo como es debido y que tampoco se pide el DNI para evitar que entren quienes tienen prohibido acceder a estos lugares por estar enfermos. El propio Federico ha estado entrando hace seis meses a salas de apuestas cuando no podía hacerlo, según detalla, y la asociación LAR ha denunciado cinco casos similares en los últimos tiempos en Córdoba y ha logrado que se sancione por ello a un local.

Federico y Antonio saben cuál es el calado de este problema porque lo han sufrido hasta hace tres meses en el primer caso y hasta hace año y medio en el segundo. Por eso creen que la prevención es fundamental. Ambos piensan que deberían implantarse charlas en los centros educativos desde los once años en adelante, con especial hincapié en la Educación Secundaria. También, según Antonio, es fundamental concienciar a los padres de que no se les puede dejar a los niños jugar con tabletas o móviles porque tienen a su alcance juegos online en los que ya se maneja dinero ficticio y se acostumbran. Además, ambos lamentan la publicidad que existe por parte de famosos en las televisiones, los anuncios en el ámbito deportivo sobre casas de apuestas online así como la cercanía de las salas físicas a colegios.

Ahora, los dos miran al futuro con optimismo gracias a LAR, la asociación a la que pertenecen, que fundaron hace 25 años Pilar Isidro y su esposo, ya que él también estuvo enfermo de ludopatía cuando ni siquiera se consideraba una enfermedad y no había medios para ayudar a quienes tenían este problema. En la asociación hay una psicóloga y una trabajadora social además de exludópatas que son los monitores que hacen la terapia de grupo una vez por semana y en algunos casos extremos también individualizada, tanto para adictos como para sus familiares.

Las dos personas con las que ha hablado La Voz de Córdoba forman parte de esta gran familia que es LAR. Antonio está rehabilitado y es uno de los monitores, y Federico está en proceso de recuperarse, consiguiéndolo, muy avanzado ya. Este joven espera volver a ser la persona que era, interesado por el deporte, por estudiar y estar con sus amigos. Quiere formar una familia y llevar una vida normal. En Ludópatas Asociados Rehabilitados le están ayudando mucho y la meta está ya muy cerca. Por fin, después de años oscuros, en su vida se ha instalado la esperanza.