Kwami o la felicidad que llegó de Togo para curarse


Carmen y Alfonso han acogido a un niño africano de 3 años desde abril para que pudiera ser operado en el Reina Sofía y animan a las familias a participar en este proyecto de Tierra de Hombres

Kwami
Kuami juega con el agua. / Foto: Chico-Tes
Kwami, arropado por sus padres de acogida en España. / Foto: Chico-Tes

El 20 de agosto cumplió 3 años y lo hizo lejos de su familia, de su hogar y de su país. Pero Kwami, que así se llama el protagonista de esta historia, cumplió los 3 años acompañado por una familia, en un hogar y en un país que también son ahora los suyos. Lo han sido desde que llegó a España, a Córdoba, y a Posadas más concretamente, a finales de abril de este año. Lo esperaban unos padres que lo han tratado y lo han querido como a su hijo.

Un hijo que este martes 1 de octubre regresa a su vida de siempre, en Togo, con su familia biológica, pero muy cambiado. Muy mejorado y restablecido porque en el Hospital Reina Sofía ha sido operado en estos más de cinco meses de una cardiopatía y de cataratas congénitas que le impedían ver. Cuando llegó a Córdoba, Kwami tenía problemas del corazón y era ciego y ahora vuelve a África muy recuperado de su problema cardíaco, con algo de visión que se espera que en el futuro incluso mejore y con tanto amor consigo como amor deja en quienes lo han conocido y convivido con él.

Ellos son fundamentalmente sus padres de acogida: Carmen Bocero y Alfonso Paredes. Este matrimonio de 45 y 46 años, respectivamente, tiene un hijo con 20 que ahora ya no vive con ellos, pero en el perfil de WhatsApp de la mujer hay fotos de tres hijos más pues tres son los menores que ha acogido en su casa mientras eran tratados en el hospital dentro del programa ‘Viaje hacia la Vida’ de la Fundación Tierra de Hombres y gracias al cual ya han pasado por Córdoba para curarse 43 niños desde 2010.

Volviendo al comienzo de este relato, este mes de agosto Kwami celebró su cumpleaños y lo hizo por dos veces. Una de ellas en la intimidad y otra a lo grande con treinta invitados, tarta, globos… y mucha alegría y felicidad, que es lo que este niño ha supuesto para la familia que lo ha tenido en su casa. Entre las palabras que ha aprendido en Córdoba está “Sopla” -las velas- aunque no haya logrado saber soplar, de tal manera que su familia española, durante el tercer aniversario del niño, le cantó una y otra vez, hasta casi veinte veces, el Cumpleaños Feliz mientras él decía “Sopla”, aplaudía y bailaba y saltaba. Ellos jaleaban y él disfrutaba. Y volvían a hacerlo, con entusiasmo. 

Porque la música y bailar es lo que más le gusta a Kwami, según cuenta su madre de acogida. En Andalucía, además, ha conocido el pequeño un género nuevo que le encanta: el flamenco. Y también ha aprendido palabras y expresiones pronunciadas de la forma en que se habla en Córdoba.

Los primeros días, eso sí, fueron complicados, recuerda Carmen. El idioma y la corta edad de los niños acogidos es un hándicap, y en el caso de Kwami otro era su falta de visión, lo que impedía comunicarse por gestos a su familia de acogida. Pero pronto todos los obstáculos fueron superados. “Nos ha enseñado que los límites muchas veces los tenemos nosotros, los adultos; él como niño invidente no tiene ninguno: corre, baila, salta, juega…”, explica Carmen.

Al pasar con ella y su esposo el verano, Kwami he tenido unas buenas vacaciones en la playa y ha jugado en el parque en Posadas. Y cuando ha tenido que estar ingresado, allí han estado sus padres de acogida dedicándole su tiempo en los momentos más difíciles. No obstante, Tierra de Hombres cuenta con una red de voluntarios que apoyan a las familias de acogida y hacen turnos cuando los pequeños están en el hospital.

Pero la mayor parte del tiempo “él se lo ha pasado ‘estupendísimamente'”, cuenta Carmen, para quien Kwami “es sinónimo de felicidad”, ya que es un niño muy activo que prefiere estar jugando a pararse a comer, aunque tanto como divertirse le gustan las patatas fritas.

Ahora sus padres españoles, cordobeses, sienten que vuelva a su país, pero lo entienden perfectamente. A la tristeza de verlo ir va aparejada la alegría de saber que vuelve con su familia que tanto esfuerzo ha hecho para que pudiera venir a Córdoba a ser operado. “En este caso no va a llegar el desamor pero sí el desapego. Es muy antinatural tener que separarte de tu padre y de tu madre para operarte cuando estás malito”, reflexiona Carmen, de manera que el sufrimiento por separarse ahora ella de él también es motivo de gozo porque todo vuelve a su cauce para el niño y su familia biológica. “Vuelve al lugar del que no tenía que haber salido y menos para esto”, para enfrentarse a dos operaciones, dice esta mujer.

El mismo sentimiento tuvo este matrimonio cuando tuvieron que despedirse de Mohamed y Gael, los otros dos niños, más pequeños que Kwami incluso, que han tenido en casa en 2017 y 2018, pero la pena por la marcha es superada por la experiencia, pues “por mucho que todo el mundo piense que tu estás dando, los que de verdad dan son los niños”. Así, “cuando te dice la gente que no podría acoger porque les cogería mucho cariño, yo creo que el cariño es infinito y tu corazón se rompe cuando se van pero a la vez se hace más grande”, asevera.

De esta forma lo viven Carmen y Alfonso, que decidieron acoger por primera vez al ver un anuncio en Facebook. Volvían de un viaje a Senegal y estaban especialmente sensibilizados y no dudaron en interesarse por hacerlo. Al principio pensaban que tardarían mucho en lograrlo, que habría muchas familias en lista de espera, pero lamentablemente no es esa la realidad. “Cosa que no entendemos”, señala Carmen, que cree que la experiencia del acogimiento es francamente un regalo que ella no duda en recomendar.

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