Los últimos de la Velá


La celebración en la Fuensanta apura su día postrero mirando a la Virgen y tocando las campanitas, que se mantienen como icono de esta fiesta, que sigue añeja en detalles como los antiguos voladores

Velá, feria, barrio, patrona, Fuensanta
Los voladores siguen gustando a los niños. / Foto: Irene Lucena
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Campanitas con la imagen de la Virgen. / Foto: Irene Lucena

Todo llega, todo pasa. Y la fiesta en la Fuensanta apura sus últimas horas este lunes de final, ahora sí, de verano. Un verano que se alarga en la Velá pero que ya dice adiós después de haber saludado a la Virgen en el santuario junto al Pocito, plaza en la que continúa hoy la actividad en el escenario hasta primeras horas de la tarde. 

Todavía hay tiempo, aunque poco, para dar un paseo por lo que, más que una feria chica es ahora una verbena muy grande. Es el tiempo hoy de los últimos de la Velá, de las últimas degustaciones -de huevos más concretamente-, de las últimas músicas que hoy serán rocieras pero que otros días lo fueron de copla, flamenco o moderno. Es momento hasta esta noche de comerse esa última patata asada y después endulzar el paladar con un algodón de azúcar a modo de postre. O de probar el coco y los turrones.

O, si se prefiere, tomarse unos churros con chocolate en el puesto de El Caimán, nada más bajar por las escaleras que llevan a la plaza que ha sido el epicentro de la vida del barrio de la Fuensanta desde la noche del pasado jueves. Ya han terminado la Velá Joven y las rutas en piragua por el Guadalquivir también llegaron a su fin, pero los más pequeños están de enhorabuena. Se alargará el ocio para los niños. Pues las atracciones infantiles no cierran hasta las diez de la noche. Las mismas atracciones que el resto de días han costado 3 euros por viaje, hoy están de oferta, con un 50 por ciento de descuento anunciado por el Ayuntamiento en el programa de actos, así que también están de enhorabuena los padres.

Y si últimos son los que hoy acudan a la Velá, hay otros últimos que resisten al paso del tiempo y a la merma en algunos sentidos de la celebración. Los puestos de campanitas son un reducto del pasado que sigue triunfando en el presente, aunque un poco ‘tocado’. Lo dice Elisabeth, empleada del puesto de Pepe, un feriante que lleva toda la vida dedicado a estos menesteres y que llegado septiembre monta su tenderete y se pone a vender campanas de barro.

Elisabeth, que tiene 38 años, asegura que la fiesta no es lo que fue, que cada vez se ve menos gente, que “hace quince años, cuando yo empecé” había más movimiento. Si sigue esa tendencia o se revierte la situación dando aún más vida a la Velá, en 2020 y años sucesivos se verá. Será lo que tenga que ser, lo que se haya propiciado o lo que la Virgen de la Fuensanta quiera. No obstante, durante el fin de semana asistieron muchísimos cordobeses. 

En cuanto a los precios, los hay para todos los bolsillos. Oscilan aquí en función de lo elaborada que esté la campana. Quien quiera solo barro pagará 3 euros, quien quiera color pagará 4 y quien quiera llevarse a su casa la imagen de la Virgen estampada en la campanita deberá pagar 5.

Si el niño o la niña se encaprichan habrá que comprarle en algunos de los seis puestos de campanitas este recuerdo de la Velá para que vayan tocando -tilín tilín, tilín tilán- por todo el barrio y hasta su casa. Pero hay otras opciones. También se venden caimanes de cerámica y otras variantes animales del exvoto que cuelga en el patio del santuario. Por vender, que no quede. Y se vende hasta un pajarito ‘ecológico’ que “no come, ni bebe, ni hace caquita”, reza el cartel del puesto en el que se ha podido adquirir estos días. Cuesta 2,50 euros, es de barro pintado y llenándolo de agua y soplando por un orificio canta como un canario de verdad.

Volviendo a las atracciones, están en la avenida de la Fuensanta. Entre las colchonetas, tren de la bruja, coches de tope y carruseles destaca un ‘cacharrito’ antiguo que aunque parezca mentira sigue gustando a los nenes de la era digital, que sueltan el móvil para montarse en los voladores. Son los de Rafael Serrano y siempre han tenido éxito, según cuenta la mujer de este hombre desde dentro de una rudimentaria taquilla.

“Desde que éramos jóvenes íbamos fuera por las ferias y este aparato gustaba mucho, también trabajábamos mucho”, cuenta la buena mujer que, preguntada por el futuro de esta reliquia de atracción, expone que está en venta porque su marido y ella “ya somos muy mayores”. No obstante, este año tampoco han faltado a la Velá, el único sitio en el que participa esta familia cordobesa con sus voladores. Ellos también son en cierto modo, los últimos de una época que ya ha pasado y que mantiene algo de su esencia en esta fiesta de barrio a la que acude y asume como propia gran parte de la ciudad.

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