Todo lo que no debe pasar estas cruces


La fuerte presencia de agentes de la Policía Local en determinados enclaves va encaminada a evitar altercados

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Montaje de la cruz de mayo del Ayuntamiento./Foto: BJ
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Montaje de la cruz de mayo del Ayuntamiento./Foto: BJ

La celebración de las cruces de mayo abre el mes de la fiesta, por excelencia, en la capital cordobesa. Un evento tan esperado como manchado -en demasiadas ocasiones- por cuestiones inherentes a este acontecimiento. Si bien, este año no se espera que, a diferencia de 2018, haya controversias entre el Ayuntamiento y la Policía Local, tras ir solucionándose los pagos del complemento de productividad de esta última.

Un aspecto que no es baladí, ya que los agentes mantendrán una especial vigilancia (como se ha establecido en el Plan municipal para las cruces) en aquellos enclaves donde la aglomeración de personas -especialmente, jóvenes- es muy alta. Un hecho que, como ha sucedido en los últimos años, suele derivar en altercados nada deseables de orden público, que mucho tienen que ver con la realización de botellones y el consiguiente consumo de grandes cantidades de alcohol.

Otro de los aspectos que los encargados de montar las cruces esperan que no se repitan, se halla en las sanciones por el volumen de la música que, en las últimas ediciones, ha quedado reflejado -por ejemplo- en la sanción que en 2018 sufrieron las de Sonrisa de Lunares y Buen Suceso. En ambos casos, las corporaciones se quedaron sin los 700 euros de los accésit que les habían sido otorgado.

Dentro de lo anecdótico, pero especialmente lastimoso, fue lo sucedido el pasado año con la hermandad de la Expiración, cuya cruz estuvo buena parte de la primera jornada sin suministro eléctrico, por un fallo ajeno a la cofradía. O hace dos, cuando al Resucitado le colocaron los servicios bajo el azulejo de su titular.

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