¿Buenismo o realismo ante el problema migratorio?


El profesor Javier Morillas afirma que “la atención a la gestión de los flujos migratorios cobra una importancia económica estratégica"

Asistentes a la ponencia sobre inmigración. salesianos
Asistentes a la ponencia sobre inmigración. /Foto: LVC

La Escuela de Formación Socio Política organizada por la Asociación de Asociación de Antiguos Alumnos Don Bosco de Córdoba, con la colaboración de la Casa Salesiana y la Asociación Católica de Propagandistas comenzó el pasado jueves su ciclo anual. Este segundo año, lleva por título Inmigrantes y Refugiados: El joven en riesgo de exclusión, siendo el primer ponente el economista Javier Morillas Gómez, que disertó bajo el título de Integración Social de los inmigrantes: logros y desafíos.

En la presentación de la ponencia se plantearon tanto la actitud buenista como la realista ante el problema migratorio. Y se propusieron una serie de interrogantes que a lo largo de la charla fueron contestados: realmente, ¿hemos admitido como iguales a los que vienen de fuera?, ¿y a las segundas generaciones?, ¿ayudan los inmigrantes a nuestro desarrollo social, económico y político?, ¿y al desarrollo moral, ético, religioso, como personas, como nación con su propia identidad?

El profesor Morillas hizo un interesante resumen sobre los logros conseguidos por España como gran país desde el siglo V al XVIII, cómo la Iglesia supo gestionar la evangelización del nuevo continente frente a otros países, cómo nos sirve la también la experiencia heredada de nuestros ilustrados del siglo XVIII cuando, para repoblar ciertas zonas de España, buscaron y trajeron inmigrantes de países europeos, de la mayor afinidad cultural, y cómo Europa está renunciando a su propia identidad.

Javier Morillas, durante su ponencia.  salesianos
Javier Morillas, durante su ponencia. /Foto: LVC

El ponente expuso que  “la atención a la gestión de los flujos migratorios cobra una importancia económica estratégica. Y es en dicha gestión dónde estimamos que España puede introducir ventajas competitivas tendentes a crear una dinámica de apalancamiento y mayor fortalecimiento económico futuro, beneficiando también al conjunto de la nueva UE”. Además, consideró que una sociedad puede aceptar un porcentaje de inmigrantes sin generar conflicto social ni romper su propia cohesión social interna en función de tres factores: su PIB per cápita, sus propios niveles de paro, y la mayor o menor afinidad cultural y tecnológica, de los recién llegados.