“La primera vez que lo pillé borracho acababa de cumplir 15 años”


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Jóvenes bebiendo en la calle./Foto: LVC

La Policía Local de Córdoba ha remitido diligencias al juzgado por la existencia de una fiesta en un céntrico bar de copas de la capital, el pasado viernes 23 de febrero, a las 23:00 horas, en la que unos 40 menores consumían bebidas alcohólicas y una menor participante en la misma sufrió intoxicación etílica que requirió atención sanitaria. Un hecho que, sumado a otros que se producen asiduamente, son la punta del iceberg de un problema para numerosos padres.
Uno de ellos, Pedro, relata a La Voz de Córdoba el “calvario -que parece no tener fin-“, que ha vivido con su hijo. El joven tiene ahora 19 años y, durante los últimos cuatro, no ha dejado de provocar preocupaciones a sus padres. “Todo empezó cuando un miércoles de feria se fue con sus compañeros de clase. Me llamaron porque había sufrido un coma etílico y tuvimos que ir su madre y yo a recogerlo. Imagínate la escena. Él nunca había bebido y nosotros cuando salimos nos moderamos bastante delante de él. Su madre es que ni bebe. Así que la primera vez que lo pillé borracho acababa de cumplir 15 años”.
Además, Pedro reconoce que para ellos “fue un drama. Al principio, no. Nos enfadamos, lo castigamos, pero como se suponía que no bebía, que era la primera vez, lo achacamos a una chiquillería”. Nada más lejos de la realidad, porque semanas más tarde volvió a presentarse en casa borracho. “Así llevamos cuatro años”. Y lo peor de todo para sus padres es que el chico ha recibido varias denuncias. “La suerte es que no tiene carnet ni coche”, confiesa aliviado, “porque si no podría ocurrir un desgracia y no solo para él”.
Uno de los grandes interrogantes para este padre es saber de dónde obtiene su hijo el dinero para beber. “Deben ser los amigos, ya que no le damos dinero”. Y asegura que “hasta lo hemos llevado a una psicóloga, pero ni por esas. Ni escucha, ni se deja ayudar. Y no es que sea alcohólico, gracias a Dios, pero estar borracho cada vez que sales es el camino”.
Finalmente, Pedro no exige más mano dura por parte de las autoridades, pero sí estima conveniente que las sanciones sean más rigurosas: “yo lo puedo llevar a un centro de rehabilitación para intentar que se conciencie, pero ya empiezo a creer que los castigos por beber en la calle deberían ser ejemplares”. Y sentencia señalando que, “ahora, mi hijo tiene 19 años y ya poco podemos hacer, y su madre y yo nos sentimos muy frustrados. No dejamos de pensar en qué nos hemos equivocado y, lo peor, el ejemplo que está dando a sus hermanos”.

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