"Los menores que llegan a Ayumen no se sienten escuchados por sus padres”


Rosa López, educadora social y responsable del proyecto 'No pierdas el hilo', de Ayumen, resalta que, en el 85 por ciento de los casos, "las terapias con menores han sido efectivas"

Rosa López, educadora social y responsable del proyecto No pierdas el hilo, de la Asociación de Ayuda al Menor (Ayumen), ha visitado recientemente la redacción de La Voz de Córdoba para explicar en qué consiste dicho proyecto. Este programa ofrece una aula educativa en la sede de Ayumen que acoge a dieciséis menores, de 13 a 16 años, de la barriada de Las Moreras, y que han sido expulsados de los institutos IES López Neyra, Trassierra, Tablero, Ángel Saavedra y Séneca. Y es que en el 85 por ciento de los casos, “las terapias con los menores han sido efectivas, consiguiendo el objetivo final de moldear sus conductas disruptivas”, señala la psicopedagoga.

Rosa López, educadora social y responsable del proyecto
Rosa López, educadora social y responsable del proyecto ‘No pierdas el hilo’, de Ayumen. Foto: Joana Pizarro.

-¿En qué consiste el programa ‘No pierdas el hilo’? 

-Este programa consiste en atender a menores, de la barriada de Las Moreras, y ofrecerles refuerzo educativo y orientación, tanto a ellos como a a sus familiares, en el momento en el que los adolescentes son expulsados de un centro educativo por problemas de convivencia. Desde Ayumen buscamos resolver cuál fue el motivo que causó la expulsión e intentamos que no se vuelva a producir. Para ello, el primer paso es entrevistarnos  con los padres, para conocer cuál es el contexto familiar, social y económico que les envuelve. Tras evaluarlo, nos derivan a los niños de manera voluntaria y comenzamos a impartirles refuerzo educativo, en realización a los contenidos que estuviesen viendo en su instituto. Además, trabajamos la empatía, la autoestima y la falta de comunicación de los menores con sus padres. Para ello, también realizamos talleres para que los padres sepan cómo gestionar las problemáticas del menor desde su dinámica familiar. 

Los niños expulsados estudian en el aula de Ayumen. Foto: LVC.
Los niños expulsados estudian en el aula de Ayumen. Foto: LVC.

-¿Cuál suele ser el perfil de los chicos que son acogidos por este programa?

-El perfil los chicos son menores, entre 13 y 16 años, que viven en el barrio de Las Moreras, que se encuentran en situaciones delicadas en su ámbito familiar. Suelen ser adolescentes con un desfase curricular, desmotivación, circunstancias familiares adversas o en crisis que se encuentran desmotivados por la formación dentro del sistema educativo, que no ven opciones favorables de futuro por la falta de empleo y con dificultad para acatar normas y límites. De hecho, la mitad de los casos que nos presentan suelen ser adolescentes con conductas predelincuentes, con antecedentes de medidas fiscales.

-¿Por qué expulsan a los menores en sus institutos?

-El motivo de la expulsión de los menores es tener una conducta disruptiva. Las causas principales son perturbar el desarrollo normal del grupo clase, faltas de respeto a las figuras de autoridad y no respetar las normas de convivencia. 

-¿Cómo intentáis moldear el comportamiento de los menores?

“Intentamos promover los valores humanos mediante terapias de conductas asertivas y roleplay

-Son adolescentes y se encuentran en una etapa caracterizada por la impulsividad. Por ello, en Ayumen prestamos atención personalizada y grupal a los menores. Intentamos promover los valores humanos mediante terapias de conductas asertivas, aquellas en las que ante una situación de conflicto debe prevalecer la resolución pacífica. Para ello, las educadoras sociales les explicamos que no hay lugar para la violencia ni para la agresividad, ya sea psíquica, física o emocional. Damos a entender a los chicos que no deben tener actitud pasiva ni consentir faltas de respeto. Este tipo de terapia previene el conflicto en los colegios y en los hogares. Además, también destacamos y diferenciamos los diferentes roles que existen en las relaciones humanas mediante terapias roleplay, ya que estos chicos suelen dejarse llevar por los amigos, aunque esto no siempre es bueno…
-¿Cuáles suelen ser las motivaciones e inquietudes que mueven a estos niños?

La principal inquitud que mueve a estos niños es la necesidad de sentirse comprendidos y apoyados por sus padres. Quieren ser buenas personas y tener un trabajo honrado, a pesar del foco de delicuencia en el que se encuentran

-La principal inquietud que mueve a estos niños es sentirse comprendidos. Desean sentirse apoyados y que no exista ningún tipo de presión en sus relaciones sociales. Quieren ser buenas personas y tener un trabajo honrado.  Su principal motivación es que alguien cercano les oriente a nivel educativo. Son conscientes del foco de delincuencia en el que se encuentran y no lo quieren para su futuro. No obstante, estos chicos están perdidos, no saben qué hacer después de salir del instituto. No tienen alicientes por estudiar por el contexto familiar y económico que les envuelve. Necesitan un impulso para que sean capaces de ver que son capaces de conseguir lo que se propongan. 

-Anteriormente ha afirmado que existe una falta de comunicación entre los menores y sus padres. ¿Esto podría significar que no se sienten escuchados?

Los menores no se sienten escuchados por sus padres. No existe diálogo entre los menores y sus familiares. Los menores se abren con nosotras en el momento que trabajamos con ellos sus habilidades sociales.

-Sí. Vemos que, de alguna manera, los menores no se sienten escuchados por sus padres. Hemos observado que no existe un diálogo entre los menores y sus familiares. Queremos enseñarles cómo deben expresar sus sentimientos y preocupaciones. Vemos que los padres no están en casa, o en alguna ocasión o sí lo están pero en cualquier caso, no atienden a sus hijos. Los menores comentan que en el instituto no tienen tiempo para compartir sus circunstancias familiares con los profesores. En Ayumen analizamos cuál es la raíz que trae consigo la llamada de atención de los menores. Los menores se abren con nosotras cuando trabajamos con ellos sus habilidades sociales, algo que hacen porque sienten que no van a tener un castigo por nuestra parte al contar sus problemas. En este momento, nos damos cuenta de que cuando hablamos sobre las cosas que han hecho mal, los chicos se arrepienten, sintiéndose responsables de sus actos. Después, les explicamos cuáles son las consecuencias que pueden tener sus actos y cómo gestionarlos.
-¿Podría contarme alguna anécdota que más le haya conmovido en su experiencia como educadora social del programa ‘No pierdas el hilo’?
-En una ocasión, estábamos trabajando las emociones con los menores en el aula. Le pedimos a un niño que, como ejercicio para mejorar la gestión de sus emociones, escribiese una carta a su madre. Las educadoras sociales vimos que esa carta reflejaba ausencia de afectividad. Este niño le pedía a su madre en la carta que quería que alguien le adoptase. Un día, este chico le entregó la carta a su madre. Sin embargo, tal fue la sorpresa que su madre se negó a leerla.
 

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