Las aventuras de un cordobés en su vuelta al mundo en moto


Rafael Campos y María del Carmen Gragera recorren casi 27.000 kilómetros a través de tres continentes a bordo de su moto BMW

No es nada fácil decidir un día coger la moto y hacer casi 27.000 kilómetros en una vuelta al mundo. Aparte del coste de la expedición hay que preparar el viaje casi al milímetro, para tener en cuenta la diversidad de países, culturas, climas y formas de vida que se atravesarán. Rafael Campos es un egabrense que un buen día, junto a su novia María del Carmen Grajera, decidieron ponerse a trabajar en un plan que en el transcurso de su elaboración fue modificado varias veces para alcanzar una planificación minuciosa que, como señala, “se cumplió bien”.
Dar la vuelta al mundo en moto es algo que no se plantearon hacer de una vez. Decidieron emprender la aventura en dos etapas. La primera de ellas fue cruzar Estados Unidos de Este a Oeste  a través de la histórica y legendaria Ruta 66, que tiene unos 4.000 kilómetros, aunque ellos la ampliaron hasta los 9.220 para ver Las Vegas, el Cañón del Colorado o Canadá. Todo el recorrido lo hicieron entre el 2 de junio y el 7 de julio de 2016. La otra etapa comprendía Asia y Europa, con salida en Japón y final en España entre el 26 de agosto y el 22 de noviembre de este año. El viaje no se pudo culminar, ya que un accidente ocurrido en Rumanía el 8 de noviembre hizo que el tramo final quedara pendiente hasta otra ocasión.
Rafael Campos y María del Carmen Gragera han realizado toda expedición a bordo de su BMW R1200 GS Adventure LC, una moto “en condiciones” a la que le hizo mínimos retoques, como proteger los faros o el depósito del líquido de frenos. El grueso del coste de la aventura ha salido de sus bolsillos, aunque han contado con la colaboración de distintas firmas comerciales que les han facilitado ayuda en especie, como Gas Biker, BMW, Continental o Ray Ban, entre otros.
A su llegada a Estados Unidos les llamó la atención las diferencias legislativas que hay en cada estado, como que “en todos es obligatorio el uso de gafas para los motoristas, pero el casco no” o encontrar supermercados en los que se venden rifles. En la peripecia de cruzar este extenso país les sucedieron dos anécdotas curiosas, como que estuvieron a punto de dormir en un cementerio de una reserva india. Menos mal que “una monja se dio cuenta y nos dio una habitación normal”. También, a punto de llegar a la costa Oeste, “se nos cayó una mochila de la moto en la que iban los pasaportes, por lo que hubo que denunciarlo en una comisaría y en la Embajada, pero no hubo grandes complicaciones, salvo la pérdida de tiempo”, señala Rafael.

En cambio, recorrer el continente asiático y europeo sí les proporcionó mayores contrastes. “Japón es muy meticulosa y tecnificada, no te decepcionan”, afirma Rafael, quien añade que, en cambio, en Rusia “son buenas personas, pero si no sabes ruso a ellos les da igual y siguen hablando en ruso. Son más toscos, pero de buen corazón”.
En Mongolia encontraron “gente muy noble y dada a ayudar, pero es una economía que poco a poco va creciendo y son más pícaros”. En las repúblicas bálticas descubrieron que “Estonia es muy europea, pero Lituania está poco acostumbrada al turismo”, mientras que en Hungría y Rumanía “son más de nuestra órbita”.
De la gastronomía que guardan mejor recuerdo es de la japonesa, frente al caso de Rusia, en donde “todo el mundo desayuna, come y cena lo mismo”, con un arroz al curry que está presente a todas las horas del día. Tanto en Rusia como en Mongolia hay un predominio claro tanto de la carne de ternera como de las sopas, aunque también “les encanta el té” y como curiosidad “en la mesa no te ponen cuchillo”.

Aparte de la sorpresa de estar casi a punto de dormir en un cementerio indio, en Japón tuvieron la experiencia de hacerlo en un hotel cápsula, que era “estrecho, pero había espacio para dormir”, así como en Estado Unidos de hacerlo alojados en casa de un doble campeón del mundo de snowboard.
Aunque hace un mes que regresaron desde Rumanía, tanto Rafael como María del Carmen esperan algún día culminar la etapa que les queda para terminar en España su vuelta al mundo. El ingente material gráfico que han recogido en estas rutas -buen aparte grabado con un dron- es la mejor prueba de que hay pocos retos que dobleguen a la voluntad humana.

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