Toda la dimensión del artista para comenzar el Festival de la Guitarra


artista
Robe Iniesta./Foto: Curro Paniagua

Hay artistas que marcan una época y, en contadas ocasiones, sobreviven a su propio éxito y así transforman su arte. Superar la etiqueta de uno de los grupos de culto del rock español, Extremoduro, no es tarea sencilla, ni siquiera para su fundador y alma máter. De hecho, el grupo ha superado, a lo largo de décadas, su propia esencia para sublimarla. El primer reto de Robe estaba cumplido, pero han venido más y la dimensión de su objetivo se ha podido presenciar, sentir y percibir en las gradas de la Axerquía.
Concierto Robe
Público asistente al concierto Robe./Foto: Curro Paniagua

Compositor, guitarrista, solista y escritor, la figura del artista ha mostrado sus aristas desde que han sonado los primeros acordes. En personalidades como la de Iniesta (que guarda ciertas analogías con la de Enrique Búnbury), se aprecia rápidamente que hay algo distinto. Más allá de la atención del público y su lógica entrega, en cada mirada hay un gesto de entrega, una sonrisa cómplice. En definitiva, una forma de entender la música que viene de atrás, de otras décadas que parecen muy lejanas. La lírica se mezcla con el aroma de la cerveza de las actuaciones en pequeñas salas, donde las guitarras rasgaron el rock de trinchera. El mismo que ha evolucionado en piezas tan personales como Hoy al mundo renuncio, Querré lo prohibido, Nana cruel, Contra todos o Un suspiro acompasado.
Concierto Robe 2
Lerman./Foto: Curro Paniagua

Ninguno de los espectadores que han acudido al Teatro de la Axerquía este viernes esperaba escuchar a Extremoduro. Sabían a lo iban, a disfrutar de otra de las aristas de Robe. El hombre que prohíbe los móviles y regala una pincelada de personalidad. El cantante que se diluye en el escenario para pasar desapercibido, sabedor de que lo que ofrece es distinto, bueno y las canciones son las protagonistas. La roca que no erosiona el tiempo. La creatividad en estado puro.