La noche más gaditana de la Plaza del Potro


Noche
David Palomar./Foto: LVC

La sexta edición de la Noche Blanca del Flamenco, que se celebró en 2013, inundó las calles y plazas de la ciudad con más de diez conciertos y otras tantas actividades paralelas. Uno de los enclaves que brilló con luz propia fue la Plaza del Potro, que vivió su noche más gaditana con las bulerías, alegrías, siguiriyas y tanguillos del artista gaditano David Palomar. El polifacético cantaor y comparsista derrochó arte, anécdotas y trajo la esencia de la Tacita de Plata a Córdoba.
Como Gazparito, una colección de tanguillos de Antonio Rodríguez Martínez, más conocido como El tío de la tiza, convirtió por una noche el emblemático enclave cordobés, en un rincón gaditano. De hecho, Palomar sacó a bailar a una de las espectadoras de excepción del concierto, la prestigiosa bailaora -también gaditana-, Sara Baras. Arte e intensidad en una Noche Blanca que también tuvo espacio para la anécdota, cuando al cantaor no le abrochaba el chaleco de su boda.

Tres años más tarde, en 2016, Palomar regresó a la Noche Blanca del Flamenco cordobés. Y lo hizo en otro punto significado de la ciudad, la Plaza del Triunfo. En su regreso a este acontecimiento estuvo acompañado por un cuarteto de lujo, reconocido como uno de los grupos instrumentales de flamenco más importantes del panorama actual: ‘UHF’ Ultra High Flamenco.
Como señala el estudioso del flamenco, Javier Osuna, el cante de David Palomar es poroso como la piedra ostionera y en cada sedimento estratigráfico es posible reconocer desde los ecos de Juan Villar, haciendo tercios del Mellizo y de Paquirri en la soleá, a contemplar al Viejo de la Isla invocando al “hospitalito y la camita hecha” de los Melu. Hay un cierto dominio escénico del Beni, que convive con la poesía de Alfonso de Gaspar y “muere” con El Niño del Mentidero. Pero él es él: un poco de todos y un poco de nadie.

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