El Padre Patera: de Algeciras a Córdoba


El hermano Isidoro Macías adquirió el apodo de Padre Patera por el apoyo prestado a los inmigrantes que llegan a Algeciras

La casa de los Hermanos de la Cruz Blanca en Córdoba acoge desde hace unas semanas al hermano Isidoro Macías que, dicho así, no aporta tanto valor como si se dijera que es el religioso conocido como el Padre Patera. Durante 35 años ha estado destinado en Algeciras, localidad en la que cogió la delantera a las distintas administraciones cuando comenzó la llegada masiva de inmigrantes. Ahora, su horizonte ya no es la playa ni el mar abierto, sino la luz que entra de forma abundante en las amplias dependencias de los pabellones del Hospital Militar y en el jardín que ahora se abre a la primavera por el que pasean los muchachos que allí viven con los que habla y ríe.
Aunque llegó a Córdoba el pasado 14 de febrero –“No se me olvidará nunca que fue el día de los enamorados”- aún no ha tenido tiempo de pasear por la ciudad. En este tiempo sólo ha acudido a la Catedral, al entierro del canónigo Rogelio Benítez, que fue capellán de la institución. Su carácter inquieto le hace tener una actividad frenética y en este tiempo ya se han abierto un hueco en su corazón los integrantes de la asociación Amigos de la Cruz Blanca, los colaboradores, voluntarios, directores de programas, fisioterapeutas, ATS, y todos aquellos que frecuentan la casa. El mismo día de la entrevista se ha puesto en contacto con el Obispado. “Quiero que el obispo me dé su bendición y ponerme a su disposición”, explica.

Isidoro Macías, el Padre Patera.
Isidoro Macías, el Padre Patera. /Foto: LVC

El Padre Patera es un hombre inquieto que mira con curiosidad y habla de forma torrencial, cercana, como si conociera a uno de toda la vida. Viste el característico hábito gris de los Hermanos de la Cruz Blanca que luce las huellas de ser una herramienta de trabajo. Mueve las manos de forma expresiva y a veces le sirven para enfatizar lo que está contando y en otras se las sujeta, como si quisiera concentrarse en solo una de las ideas que en ese momento le vienen a la cabeza. Visto así, y conocida su obra, es comprensible que este onubense que acaba de estrenar la década de los septuagenarios sea el protagonista de varias monografías dedicadas a su vida y su obra, y que su figura haya sido frecuente no sólo en prácticamente todos los medios de comunicación españoles, sino también extranjeros, como la prestigiosa revista Time.
A sí mismo se define como “una persona de carne y hueso que intenta vivir el Evangelio y hacer obras de misericordia”, y el Padre Patera le resta importancia al hecho de que fue uno de los que fundaron la congregación de Hermanos de la Cruz Blanca y prefiere explayarse por lo que ha hecho en los distintos destinos que ha tenido hasta ahora. Recuerda con especial afecto sus inicios en Cáceres, en una cada de niños discapacitados, a los que revolucionó su vida con las más diversas actividades y ayudándoles a valerse por sí mismos.
En 1982 llega “jovencísimo” a Algeciras. Los hermanos de la Cruz Blanca se dedicaban en aquel momento a la atención de quienes vivían en la calle, sin hogar, a los que, además de comida y ropa, ofrecían una casa. Así transcurría su vida hasta que a finales de la década de los 90 todo cambio por completo. “Recuerdo un día que se acercaron 200 inmigrantes llegados en una patera y les hicimos de comida un arroz en blanco con tomate y mucho picante, y de postre unas naranjas que nos acababan de regalar”, recuerda.
El Padre Patera rememora que aquel día dieron lo que pudieron darles a “quienes llegaban a la tierra prometida, pero en cambio se encontraron con guardias civiles, la Cruz Roja y un fraile vestido de gris”. A partir de aquel entonces fue creciendo la llegada de inmigrantes que buscaban la ayuda que prestaba este religioso, que muchas veces se jugó la vida por defender a quien llegaba sin nada frente a una Ley que no entendía de caridad ni de ayuda al necesitado. En aquellos primeros tiempos, todo el mundo estaba desbordado y la Policía y la Guardia Civil -“Ellos son quienes nos protegen y tienen su corazón”, afirma- los llevaban al hermano Isidoro, quien con el tiempo sería conocido como el Padre Patera, ya que no sólo tenía siempre las puertas abiertas de su casa, sino que además era el intermediario ante cualquier tipo de gestión que necesitaran los inmigrantes, o pagaba los billetes de autobús para que pudieran ir a Madrid, Barcelona o Valencia o recibía a su nombre dinero a través de Western Union que enviaban las familias desde los más diversos paises africanos.
Isidoro Macías, el Padre Patera.
Isidoro Macías, el Padre Patera. /Foto: LVC

No tardó mucho en entender los mecanismos que hay tras estos flujos migratorios. “Son las malditas mafias que trafican con ellos y les quitan el poquito dinero que han podido ahorrar y si no se lo devuelven les persiguen hasta que pagan el último céntimo”. Estas “malditas mafias”, como a él le gusta decir, además, engañan a los inmigrantes hasta el punto de llegar “una mujer que no sabía donde estaba, decia que esto era Francia”.
Cuando se le pregunta qué es lo que ha aprendido de los inmigrantes no duda en responder que “solidaridad”. Y también agradecimiento, porque su teléfono móvil sigue sonando, a veces a altas horas de la madrugada, y es la llamada de alguna persona que pasó por la casa de la Cruz Blanca en Algeciras y lo hace para saber cómo se encuentra el Padre Patera, o para contarle que ya tiene trabajo o que la familia se ha ampliado. Pese a esto, insiste: “No hay que hacer las cosas para que te las agradezcan”.
Ahora, pasea por las dependencias cordobesas de la Cruz Blanca, en la Fuensantilla, junto a la avenida de los Almogávares, en lo que él califica como “un cambio, de la noche al día”. “Sí, estoy jubilado, pero para hacer el bien no se jubila uno”, confiesa, y a la vez detalla que echa una mano en el comedor y en todo aquello que le requieren. Otro de sus cometidos es el de dar conferencias -“Con coloquio”, apostilla- en colegios e institutos a los que va a ofrecer su testimonio y disfrutar en el diálogo final con los chavales. “Los alumnos hacen preguntas que tiembla uno, pero Dios siempre te da las respuestas”, explica.
 
 

1 Comentario

  1. Esa es toda la vedad sobre el.padre Patera ……soy de de ello….Soy de Algeciras funcionario del Ayuntamiento de era Ciudad y lo recuerdo con mucha alegría por su gran obra entre los más desfavorecidos…..siempre estaba pegando eno todas las puertas para pedir y que no le faltará alimentos y leche y dodotis para los bebé de los negritos que acogía en su casa por cierto muy precaria ….pero a través de los años ha dejado un gran patrimonio y un legado que sólo lo pueden hacer las personas honradas y por verdadero amor hacia los demás…..Vaya desde aquí un gran abrazo para ese gran Franciscano llamado por sus gentes te EL PADRE PATERA

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