Duro testimonio de un Guardia Civil cordobés en Cataluña


Miguel relata los constantes episodios de "presión", que sufren tanto él como su familia y que están cambiando su vida

civil
Cartel de la CUP.

“Imagino que debe ser como lo que se vivía en el País Vasco en los años ’80, pero sin atentados”. Así define Miguel, un Guardia Civil nacido en Córdoba, cuyo destino está en Cataluña. El agente de la Benemérita ofrece un relato esclarecedor de una situación en la que, cada vez, hay más “tensión”. Prefiere identificarse solo con su nombre porque, como han contado otros compañeros “aquí ya no se puede opinar y, cuando estás de servicio, lo único que parece que te miran es la bandera de españa que hay en el brazo del uniforme”.
“Nadie te dice nada abiertamente, pero sí en conversaciones con tu familia”. Y explica cómo su hijo “que habla perfectamente el catalán y que ya es más de aquí que de Córdoba”, no puede decir el trabajo que realiza su padre. “Somos una especie de demonio”, subraya Miguel. “El gran enemigo, enviado desde Madrid para oprimirlos”, suspira mientras recuerda que, hace pocos años que “ahora, parecen una eternidad”, los conocidos entre bromas “nos llamaban ponemultas. Y cualquier mañana de estas últimas semanas o agachan la cabeza, o gritan de lejos vete a cobrar el PER“.
Miguel no esconde su preocupación y el estrés al que viven sometidos. “Yo hago mi trabajo y, hasta hace poco, si te digo la verdad no sentía que defendía a mi país, sino a las personas. Ahora, para muchos somos como un ejército invasor y eso no es así”, enfatiza el agente. Éste es pesimista sobre el futuro inmediato y es de la opinión de que “todo irá a peor. Porque se les llena la boca de democracia, libertades y derecho a decidir y mi hijo no puede hablar en el colegio, ni mi mujer en su trabajo y hay quien se planta delante tuya, como se ha visto en televisión, buscando provocarte para que saltes”. Sobre esto último Miguel es claro: “quieren un mártir para su causa y ya no saben qué hacer para buscarlo”.
Pese a la lógica preocupación, Miguel se siente orgulloso del trabajo que realiza en su puesto, aunque reconoce que echa de menos Córdoba. “Ahora más que antes, claro”. Y se muestra cauteloso, a la hora de vaticinar lo que ocurrirá a partir del 1 de octubre.

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