Víctor Montoro, delegado de Administración Electrónica de la Diputación de Córdoba: “ En la diversidad está la riqueza y en la singularidad, la oportunidad”


"Suelo ser muy optimista. Creo que la fase de resiliencia casi la hemos pasado. Ahora estamos ya en la parrilla de la reactivación"

A Víctor Montoro Caba (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1972) se le conoce más por su actividad en la Diputación que como concejal del Ayuntamiento de Córdoba, donde mantiene un perfil discreto. Todo lo contrario a su labor provincial, que está implicada con Europa y con la tecnología, o sea, con lo de ahora, que no es solo la pandemia de marras, aunque también. Montoro pasa por ser vicepresidente 5ª de la entidad provincial con el PSOE y Delegado de Programas Europeos y Administración Electrónica, que son áreas imprescindibles para el desarrollo que debe situarnos en la modernización que ahora es digital, sostenible y resiliente. Montoro, licenciado en Derecho y tratando de doctorarse con una tesis sobre emprendimiento y cohesión social, ha sido cocinero antes que político o casi al mismo tiempo, porque ha pasado por el sector privado como empresario y sabe lo que es jugarse los cuartos antes que disponer públicamente de ellos para su reparto equitativo. Eso le aporta matices ciertamente liberales a su concepción socialdemócrata de la economía, lo cual redunda en una capacidad excelente para el diálogo y el consenso con otros discursos ideológicos. Y gran parte del avance tecnológico y por tanto económico de la provincia depende del trabajo que él dirige y que nos cuenta en la cita de esta semana.

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 ¿Los ordenadores de Eprinsa se quedan colgados?

A día de hoy tenemos que estar bastante satisfechos, porque de momento no nos han dejado tirados. Ni en la pandemia ni ahora.

Han apostado por la inteligencia artificial…

Estamos convencidos de ello. Ya teníamos un recorrido previo a las necesidades que se plantearon antes de la pandemia, y toda la información que conseguimos a través de algoritmos y que podemos cruzar nos ayuda a tomar decisiones. La inteligencia artificial, lejos de ser un elemento distorsionador, es un gran aliado y cada vez estamos más embarcados en ese proceso.

¿Es necesaria la inteligencia artificial en la administración pública más que la inteligencia humana?

Creo que es compatible. La una sin la otra no tienen sentido.  Lo que tiene que estar es la artificial al servicio de la humana y no al revés. Esa visión de servicio público con personas detrás no se debe de perder, pero la mejora del servicio a través de la tecnología sí es una aspiración legítima y yo diría que casi una obligación.

¿Es usted el verdadero ‘hombre de los números’ en la Diputación?

(Sonríe) Bueno, si nos referimos a los números que vienen de la parte informática y tecnológica, sí. Si tienen que venir de la parte contable, ahí tenemos a mi compañera Felisa (Cañete) en Hacienda. La verdad es que estamos bastante satisfechos y al mismo tiempo implicados con determinados proyectos que ya están en servicio y otros en fase de laboratorio que cuando estén a pleno rendimiento, sobre todo en los pueblos más pequeños, estamos convencidos de que van a suponer una mejora importante de la calidad de vida a través del servicio que se presta desde esta administración.

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¿Cómo se van a repartir los fondos ‘Next Generation’?

Pues no lo digo yo, sino los responsables tanto en nuestro país como los de Bruselas, que han establecido que aquí el concepto ha cambiado. Hemos estado acostumbrados a unas subvenciones con un carácter más finalista, más ‘de fondos de cohesión’, y  la pandemia nos ha situado en un escenario completamente distinto que requiere una respuesta distinta. Y por eso hay nuevos instrumentos. Con esos instrumentos de financiación, porque no dejan de ser otra cosa los fondos ‘Next Generation’, van a primar por encima de todas dos cuestiones: una es el proyecto, que no es una cuestión de reparto territorial de fondos ni vinculada a la población.  Hablamos de la calidad de los proyectos, la alineación con la doble transición (la digital y la ecológica), o cómo se complementan con los objetivos de desarrollo sostenible.

El segundo gran elemento es que el proyecto debe tener los suficientes visos de viabilidad, continuidad y sostenibilidad en todos los sentidos para que una vez que desaparezcan los efectos incentivadores del fondo europeo tenga, ese proyecto, la posibilidad de seguir funcionando a través de la colaboración privada.

La pandemia nos ha situado en un escenario completamente distinto que requiere una respuesta distinta. Y por eso hay nuevos instrumentos de financiación.

Ahora desde el Gobierno y Bruselas se habla de ‘resiliencia’. A los autónomos les puede dar la risa, claro, porque la conocen bien.

Yo suelo ser muy constructivo y optimista, y procuro empatizar con todos y con su situación. Creo que la fase de resiliencia casi la hemos pasado. Ahora estamos ya en la parrilla de la reactivación. Los autónomos, efectivamente, han sido un pilar fundamental para salir de ésta.  La mayoría de los gobiernos también. Hemos sido felicitados por la puesta en marcha de los ERTES, que ha posibilitado que siga circulando el dinero, la economía, y que nadie se quede atrás.

Pero es cierto que es un poco contradictorio ese término cuando ellos han estado luchando antes de la pandemia en el día a día, sin cerrar la persiana y soportando muchas crisis. Creo, no obstante, que el planteamiento ahora es el de las oportunidades que se nos presentan. Estas herramientas de financiación que vamos a tener nos van a permitir -y estoy convencido de ello- recuperar la economía en un corto espacio de tiempo.

Y creo que no es solo una cuestión de recuperación, sino de oportunidad en la que la tecnología va a tener un papel principal con la digitalización en el centro de todas las decisiones. Ello va a permitir a nuestras pequeñas y medianas empresas acceder a otros mercados que antes ni se planteaban.

También le digo que si no lo hacen vendrán otros de fuera a ocupar ese espacio, incluso los mercados propios.

Hablando de tecnología: en los pueblos de Córdoba se están quedando sin cajeros automáticos.

La exclusión financiera es un fenómeno que está vinculado, desgraciadamente, a la despoblación. La Diputación de Córdoba ha puesto en marcha una experiencia piloto que va a permitir en determinados pueblos, como por ejemplo Conquista, instalar cajeros, Lo que pretendemos es que las pequeñas poblaciones cuenten con ellos, ya que además se da la circunstancia de que poseen una población con una edad mayor, y por regla general, también con menores competencias digitales para acudir a otras vías y hacer operaciones o transacciones. Lo acabamos de aprobar en el Pleno de la Diputación, se va a poner en marcha y en función de los resultados contemplaremos la posibilidad de ampliarlo.

¿Lo mejor para el emprendimiento es que las administraciones molesten poco?

(Ríe) Eso sería lo ideal. Yo siempre digo que en cualquier intervención lo mejor que puede pasar es que esta no sea necesaria. Eso es señal de que lo has hecho bien. No soy amigo de las dependencias.

Me lo dice un socialista…

Sí, pero vengo del ámbito privado, he sido emprendedor, sé lo que se necesita ‘fuera’ y entiendo que lo que debemos ser (la administración) es facilitadores y aliados. Es cierto que se ha creado – y no voy a culpar a ningún gobierno- determinadas culturas con ciertas bonanzas presupuestarias en otros tiempos, donde había por parte de la empresa ese pensamiento de conseguir la subvención pero no se vinculaba ni a productividad, rendimiento ni retorno del dinero. Creo que esa etapa la debemos superar entre todos y creo que se puede acompañar a las empresas en su proceso de crecimiento. Pero acompañar, no crear esa dependencia, y entablar diálogos y espacios que no existen pero que hay que propiciar aún más para conocer mutuamente el funcionamiento y las necesidades de las empresas.

La administración es necesaria, pero cuanto más esfuerzo volquemos directamente en la ciudadanía, mejor.

Siempre digo que en cualquier intervención lo mejor que puede pasar es que esta no sea necesaria. Eso es señal de que lo has hecho bien. No soy amigo de las dependencias.

En ese sentido, ¿hay buena sintonía con la administración autónoma andaluza?

Yo de lo que puedo hablar, que es la experiencia dentro de mis competencias, no tengo ninguna queja. Es más, cuando he tenido que acudir a ella normalmente me he encontrado la puerta abierta, buena predisposición y creo que con lo que viene ahora – poner en marcha el proyecto europeo- esa relación fluida debe ir a más. Y confío en que va a ser así.

Es usted técnico en riesgo laborales. Además de la pandemia ¿sigue siendo la precariedad el riesgo más importante?

Esta es una pregunta complicada, porque la precariedad ya estaba antes de la pandemia.

Por eso lo pregunto.

El Gobierno actual asumió el compromiso de derogar la reforma laboral, aunque lógicamente han cambiado todas las prioridades en la administración y es normal que eso se atienda un poco después. Es uno de los objetivos del mandato porque precisamente, igual que los trabajadores han hecho un esfuerzo importante y han contribuido a salir de la crisis anterior, también cuando la empresa crece debe ir acompañada de una mejora de las condiciones laborales de los trabajadores. Y eso se consigue a través de, entre otras cosas, la negociación colectiva que ahora mismo, con la reforma laboral, estaba totalmente fulminada.

A eso también obedece la aprobación de determinadas medidas puntuales, como la subida del salario mínimo interprofesional, que dignifica el sueldo que reciben los trabajadores. La batalla para combatir la precarización seguirá después de la pandemia. Sí es cierto que esa flexibilidad que se demanda en otros espacios ideológicos nunca va, por lo que veo en esos debates,  en el sentido que le acabo de plantear. Igual que se le pide flexibilidad a la contratación laboral ¿por qué no participan los trabajadores de los beneficios cuando contribuyen a ellos? 

Como no estamos en ese punto de madurez en el debate desde el punto de vista cultural, entiendo que hace falta volver a unos niveles de negociación colectiva como los que teníamos antes de la reforma laboral, que permitan garantizar unas condiciones mínimas.

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Sí, pero también España y Europa han cambiado…

Por supuesto. En muchísimas cosas. Y creo que en la diversidad está la riqueza y en la singularidad, la oportunidad. Esa situación permite también poner en valor otras cuestiones.  Igual me meto en un jardín que no debo, pero creo que desde el punto de vista de las relaciones laborales no entiendo que se quieran extrapolar medidas como, por ejemplo,  los minijobs (trabajos a tiempo muy parcial), que tan en boga están en países como Alemania o Dinamarca. Ellos culturalmente no tienen nada que ver con nuestro país. Aquí se trabaja para vivir. ¿De qué sirve que una persona aspire a ganar 1.500 euros echando 12 horas de trabajo en tres empresas distintas? Un español contratado en estas condiciones en Alemania me comentaba que salía de su casa para trabajar y regresaba de noche. Me gustaría a mí que alguien me explicara que eso es conseguir la plenitud o la satisfacción en la vida de una persona. Entonces, hay que ser muy pulcro y muy cuidadoso cuando se plantean medidas que a lo mejor vienen a chocar con la calidad de vida a la que aspiramos todos.

Es usted presidente de la Agencia Provincial de la Energía.

En efecto.

Desde la Junta de Andalucía se denuncia la escasez en la inversión que Red Eléctrica destina sobre todo en el norte de la provincia, como un gran problema para atraer inversiones y para el propio desarrollo económico de la comarca. ¿Qué puede decirnos al respecto?

A mí me parecen dos cosas: que ese problema no existiría si no se hubiese privatizado Endesa en su momento. Nunca deberíamos haber perdido el control – por así llamarlo- de empresas que prestan servicios básicos y universales como puede ser la electricidad. Pero aparte de ello -y de aquellos barros estos lodos- también es cierto que nos encontramos en una situación que a mí particularmente me resulta un poco frustrante, porque recuerdo el momento en el que pudimos ser líderes energéticos cuando el Gobierno de Zapatero impulsó la apuesta por las energías renovables, carro al que ahora mismo se ha subido todo el mundo. En aquel momento parecíamos unos locos cuando lo planteamos. Tanto es así que incluso Obama quiso ver cómo funcionaba el modelo de renovables para implantarlo allí.

Y llegó un nuevo Gobierno que destruyó un sector que hubiera transformado a España y ésta habría dejado de ser  energéticamente dependiente, porque si algo nos sobra es sol.  Y bueno, con el ‘impuesto al sol’ se destruyó un sector emergente y los posibles miles de empleos que se hubieran creado. Esa situación ha propiciado que ahora volvamos a un sector del que deberíamos estar recogiendo las rentas y que haya países con muchas menos posibilidades de generar energía renovables, como Alemania, que estén por delante de nosotros. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que evidentemente es un déficit que habrá que atender pero quizá la solución, más que plantear soluciones de corto plazo con la vieja energía, creo que hay que apostar más por energías que vengan a suplir a esa vieja energía y a esos oligopolios donde las decisiones que afectan a todo un país las toman cuatro. Y no siempre están en el lado público.

Es un hándicap que hay que superar, pero hay que pensar en planes alternativos para terminar de romper esa dependencia de la energía eléctrica.

Con el ‘impuesto al sol’ se destruyó un sector emergente y los posibles miles de empleos que se hubieran creado.

¿ Se trabaja desde Diputación con las energías renovables?

Forma parte del objeto social dentro de la Agencia Provincial de la Energía, y dentro de los escasos recursos propios que tenemos vamos trabajando en la dinámica de intentar impulsar la apuesta por las energías renovables en distintos frentes, tanto en la parte empresarial privada como en la parte pública.

Sobre la parte pública puedo poner varios ejemplos, y uno del que me siento particularmente satisfecho es el desarrollo de la plataforma ‘Enlaza’. ‘Enlaza’ es una plataforma inteligente, diseñada con un sistema de software libre que está convalidado por la Unión Europea. Es la primera diputación de España que cuenta con ella y es compatible para aplicar determinadas verticales, hasta 40. Una de las que hemos puesto en carga es precisamente la que tiene que ver con la eficiencia energética. Por esa plataforma le estamos permitiendo, simplemente integrando los datos de las facturas a los ayuntamientos, el conocer su factura energética: dónde están sus puntos débiles, los fuertes, y qué es lo que tienen que corregir. De entrada estamos consiguiendo reducir la factura en 50.000 euros al año a un ayuntamiento medio. Pero eso no es actuar con las renovables, sino disponer de información para ver cómo se actúa. Del mismo modo, en paralelo, estamos sacando convocatorias para que puedan sustituir o mejor dicho, permitir la posibilidad de autoconsumo a través de la instalación de placas fotovoltaicas en inmuebles municipales.

También estamos implementando, a través de fondos europeos, proyectos de iluminación inteligente. Recientemente hemos conseguido una subvención de un millón y medio de euros, de la Junta de Andalucía – no como agencia provincial  sino desde mi delegación- para un proyecto que se llama ‘Córdoba, Distrito Smart’, a través del cual vamos a poner en valor determinadas verticales que tienen que ver con la energía, como por ejemplo, el riego inteligente, para un bien que sabemos que es muy escaso, como es el agua pero cuyo uso no está suficientemente bien optimizado.

Y luego, lo más reciente que hemos puesto en carga desde la agencia ha sido medio millón de euros a disposición de los ayuntamientos para conseguir que la provincia de Córdoba sea la primera de toda España en la cual todos los pueblos, todos los ayuntamientos, tengan al menos un punto de recarga de vehículos eléctricos para intentar que la movilidad en nuestra provincia sea sostenible al cien por cien.