La reconquista de Córdoba por Alfonso VII y la dedicación de la Catedral


El rey sólo permanece en la ciudad poco más de una semana y decide volver a sus tierras

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Ceremonia en el Patio de los Naranjos. /Foto: LVC

Uno de los episodios menos conocidos de la historia de Córdoba es la reconquista que Alfonso VII el Emperador hizo de la ciudad en 1146. Casi un siglo antes de la entrada de Fernando III el Santo ya lo había hecho otro rey, pero aquel episodio ha quedado relegado a la mera categoría de anécdota histórica, ya que a los pocos días Córdoba volvió a ser musulmana.

Este hecho, casi olvidado para muchos, no pasa desapercibido en la vida interna de la Catedral cordobesa. Cada año celebra el 18 de mayo la dedicación de su templo principal con rango litúrgico de solemnidad y no el 29 de junio, que fue cuando el obispo Fitero restituyó el culto cristiano tras la llegada del Rey Santo.

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Alfonso VII el Emperador. /Foto: LVC

La historia nos cuenta que Alfonso VII pudo llegar a Córdoba gracias a las disputas internas que tenían las diversas facciones almorávides. Muy lejos quedaba el esplendor de la llamada ciudad califal, que en estos años centrales del siglo XII no era más que el escenario de una acentuada decadencia en todos los órdenes.

Esta situación hacía que en el plano político se sucedieran de forma constante las guerras para hacerse con el poder. Una facción se levantaba contra la que acababa de coger el mando y así sucesivamente entre almorávides y antialmorávides. No había gobierno que cuajara más de unos meses o unas semanas, incluso.

En enero de 1146 es expulsado del trono el rey Ibn Hamdin. Se refugia en tierras extremeñas, donde sus hermanos de religión no se lo ponen nada fácil, y decide volver a las que fueron sus tierras. Cerca de Andújar entra en batalla con Ibn Ganiya y se le complica el tener una salida airosa. Por ello decide pedir ayuda a Alfonso VII, quien no duda en acudir en su socorro convencido de que este escenario le facilitará su llegada hasta Córdoba.

Llegada de Alfonso VII a Córdoba

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El arzobispo don Raymundo. /Foto: LVC

Y así fue. Los partidarios de Ibn Hamdin comprendieron el viejo adagio de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos” e hicieron que la entrada del rey leonés fuera cuestión de coser y cantar y el 18 de mayo, aunque hay quien sostiene que fue una semana más tarde, se cruzaban las murallas. Como señalan las crónicas de la época, Alfonso VII comprobó que era “la cipdat de Cordoua de pan et de seso et de armas la mayor que en ell Andaluzía auvíe”. 

De golpe y porrazo se encontró con que, sin esperarlo hacía sólo unos días, había reconquistado Córdoba para devolverla a la cultura occidental. Ibn Ganiya ni siquiera planteó batalla y decidió poner tierra de por medio ante la llegada del rey cristiano, ya que sabía que no tenía fuerzas suficientes para hacer frente tanto a las tropas leonesas como a los partidarios de Ibn Hamdin que vivían en Córdoba y que, lógicamente, se iba a poner de parte de Alfonso VII.

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Ceremonia de consagración de un templo. /Foto: LVC

Las crónicas cuenta que el Rey, acompañado del arzobispo de Toledo, Don Raimundo, se dirigieron hacia la Mezquita mayor. Allí, como señalan las crónicas, “dixo i don Remont la missa et las otras oras onradamientre a la costumbre de la sancta eglesia”, como recoge Manuel Nieto Cumplido en su libro sobre la Mezquita-Catedral.

En estos textos de la época no se hace referencia explícita alguna a que don Raimundo hiciera la ceremonia de consagración del templo a través de signos como el agua, el óleo, el incienso, las reliquias de los mártires o las antorchas, aunque se entiende que esa “costumbre de la sancta eglesia” sí comprende todo el ritual.

Abandono de la ciudad por Alfonso VII

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Antigua postal de la Catedral. /Foto: LVC

Pese a toda esta pompa, la alegría fue fugaz. Poco más de una semana duró Córdoba en manos cristianas. Alfonso VII decidió abandonar la ciudad ante la imposibilidad de mantenerla bajo su mando. Había llegado a ella gracias a una serie de afortunadas carambolas, pero Córdoba estaba muy lejos de la frontera, lo que imposibilitaba tener un rápido abastecimiento logístico.

Así pues, la ciudad volvió a quedar en manos de los almorávides y de los antialmorávides, hundiéndose progresivamente en la decadencia, hasta que casi un siglo más tarde llegase Fernando III. El hecho protagonizado por Alfonso VII no caería en el olvido, al menos para el Cabildo Catedral. Ya en el siglo XV aparece en el calendario litúrgico de la Diócesis la celebración de la dedicación de la Catedral cada mes de mayo. Y así hasta hoy.

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